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Seis presidentes en 6 años: razones detrás del peligroso récord que impuso Perú
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Fiscalía de Perú pide retener a Castillo durante siete díasEl destituido expresidente es acusado de rebelión y conspiración tras su fallido golpe de estado.
Perú

EFE

Seis presidentes en 6 años: razones detrás del peligroso récord que impuso Perú

Tras fallido intento golpista de Pedro Castillo, el país tiene a la primera mujer en la presidencia.

Esta semana, Perú selló una cifra que pasará a la historia en su crisis política: tener seis presidentes en seis años. Desde 2016 han desfilado por la sede presidencial Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Manuel Merino, Francisco Sagasti, Pedro Castillo y, ahora, Dina Boluarte.

(Lea aquí: Perú revierte el intento de golpe de Estado de Pedro Castillo, ¿qué viene ahora?)

Esta inestabilidad en el Ejecutivo –que se ha vuelto rutinaria para los peruanos– profundiza las dificultades para gobernar un país donde la pobreza afecta al 26 % de la población, las denuncias por corrupción contra los gobernantes se multiplican y el Congreso tiene una desaprobación que ronda el 86 por ciento.

(Vea también: ¿Qué pasó en Perú? Los caminos que tendrá que tomar el país vecino)

El colofón de esta crisis se dio este miércoles cuando Boluarte se convirtió en la primera presidenta en gobernar Perú luego de que el Congreso destituyó a Castillo cuando intentó un “autogolpe” de Estado para disolver el Parlamento.

El expresidente se quedó solo en su intentona golpista en la que quiso cerrar la sede legislativa horas antes de que los congresistas votaran una tercera moción de censura que buscaba dejarlo por fuera del cargo.

Es cierto que el pueblo peruano está cansado de la situación política, pero hoy no hay un liderazgo claro ni en la izquierda y la derecha. Unas elecciones profundizarían la crisis

Castillo llevaba casi un año y medio en el poder, pero las seis investigaciones que tiene la justicia en su contra, una desaprobación que asciende al 70 % y una rotación de 80 ministros en 16 meses se tradujeron en un ambiente que terminó sofocándolo.

Este maestro rural quedó aislado cuando su partido político, las fuerzas militares, sus principales ministros, la rama Judicial y su misma vicepresidenta (Dina Boluarte) le quitaron el respaldo y el Parlamento decidió sacarlo del cargo.

Totalmente desacreditado, Castillo buscó asilarse en la embajada de México, pero quedó atrapado en el tráfico de Lima y fue posteriormente detenido por su escolta que lo llevó ante las autoridades.

Eso le dio paso a que Boluarte asumiera la jefatura del Estado abriendo más interrogantes sobre hacia dónde va el país. Perú hoy transita por el filo del abismo y depende de la nueva mandataria traer algo de estabilidad al país o profundizar aún más esa crisis.

“La situación política en Perú es muy endeble. Si bien hubo una sucesión (del poder), lo cierto es que hay mucha desconfianza en la política y desapego ciudadano hacia los principales actores políticos del país.

Tenemos un Congreso desprestigiado y eso tampoco mejora hacia la nueva presidenta que no es muy conocida en el imaginario popular. Ya estamos viendo protestas porque existe descontento sobre cuál es el rumbo que va a tomar la nueva mandataria”, le dijo a este diario el analista político peruano Andrés Calderón.

(Vea también: Video: así fue la detención de Pedro Castillo tras ser destituido)

La nueva presidenta de Perú, Dina Boluarte, ofrece declaraciones en el Palacio de Gobierno en Lima (Perú).

Foto:

EFE

Hoy, Perú se debate entre dos caminos. El primero, y por el que, apuesta la nueva presidenta, es diseñar un Gobierno de unidad que logre una tregua en el Congreso y nombrar un gabinete ministerial que dé estabilidad hasta 2026 (algo que estaba previsto para ayer, al cierre de esta edición), fecha constitucional en la que termina el periodo presidencial vigente.

Para los analistas consultados por EL TIEMPO este sería la opción que más saludable para la política peruana. Sin embargo, como ellos mismos reconocen, Boluarte no cuenta con una bancada en el Congreso que la respalde un eventual programa de Gobierno y el partido que la llevó a ella y a Castillo al poder, Perú Libre, no quieren ir por esa senda.

El líder natural de Perú Libre, el cuestionado Vladimir Cerrón, ha convocado a las calles marchas para exigir la liberación de Castillo. En Lima, una protesta de cerca de un millar de personas marchó el jueves hacia el Parlamento, donde fue dispersada por la policía con gases lacrimógenos y donde se produjo la detención de al menos tres manifestantes, constató AFP.

Luego, manifestantes bloquearon la carretera Panamericana Sur utilizando piedras, troncos y quemando neumáticos en demanda de elecciones generales y el cierre del Congreso.

“El problema de Boluarte es que carece de bancada. Cerrón ha dicho que no va a recurrir a los diálogos y no la va a apoyar. Ella debe lograr alianzas con la oposición y movilizar una base popular que la respalde. Es una tarea difícil y de mucho va a depender cómo es el nuevo Gabinete ministerial que nombre, que debe tener tecnócratas que sepan manejar el Estado”, le explica a este diario el analista y columnista peruano César Campos.

El problema de Boluarte es que carece de bancada. Cerrón ha dicho que no va a recurrir a los diálogos y no la va a apoyar.

Por su parte, Sebastián Fernández de Soto, analista para Perú de Control Risks, dice que “este gabinete tiene que ser aceptable para la bancada oficialista y de oposición (en el Congreso) para evitar que busquen su destitución y el llamado a nuevas elecciones. Finalmente, (Boluarte) tendrá la responsabilidad de mostrar una verdadera y seria dedicación a eliminar la corrupción que ha bajado la confianza de la gente en el gobierno”.

Precisamente, el segundo camino que tiene Perú a la vista es ese: nuevas elecciones. La nueva mandataria, según la Constitución, podría citar a unos nuevos comicios parlamentarios y presidenciales en donde se renovarían completamente ambas ramas del poder.

Sin embargo, para el analista Campos esta opción profundizaría aún más la crisis. “No creo que haya que corresponder la ambición de unos nuevos comicios. Es cierto que el pueblo peruano está cansado de la situación política, pero hoy no hay un liderazgo claro ni en la izquierda y la derecha. Si estos comicios se convocan de inmediato se afectaría aún más la economía y la estabilidad del país”, acota.

Manifestantes peruanos protestan en contra del congreso y del gobierno de Dina Boluarte

Foto:

AFP

Difícil gobernabilidad

Pero como ha demostrado estos últimos años de crisis, gobernar en Perú no es nada sencillo y la misma Boluarte no descartó del todo la posibilidad de llamar a elecciones generales en medio de este clima de incertidumbre.

De hecho, esta abogada, de 60 años, enfrentó hace algunas semanas un escándalo político por cuenta de la financiación opaca a su campaña presidencial.

De no tejer alianzas, los parlamentarios podrían citar una moción de censura por cuenta de este escándalo y dejarla por fuera del cargo, presionando para convocar nuevamente a comicios.

La nueva presidenta podría correr entonces la misma suerte que varios de sus antecesores. Y es que en Perú es difícil gobernar por varias razones.

Por un lado, un factor importante de inestabilidad es la corrupción. “Los escándalos han afectados a las distintas administraciones que envuelven a toda la clase política”, le dijo a la AFP María Lusia Puig, directo de América Latina del centro de Análisis de riesgo Eurasia Group.

La destitución de Castillo fue aprobada por 101 votos de un total de 130.

Foto:

AFP

Cinco recientes expresidentes peruanos son blanco de procesos judiciales por corrupción: Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra y ahora Castillo. Un sexto, Alan García, se suicidó en 2019 antes de ser detenido por la policía bajo sospechas de corrupción.

El segundo es la constante batalla que libran el Legislativo y el Ejecutivo. “Perú los últimos años ha estado marcado por una crisis política permanente, con altos niveles de confrontación entre Ejecutivo y Congreso”, explica Puig. La conflictividad es latente desde 2018, cuando el expresidente Pedro Pablo Kuczynski fue destituido por el Congreso dominado por el fujimorismo.

Su reemplazo, Martín Vizcarra, también fue destituido por el Congreso en 2020, bajo sospechas de corrupción. El enfrentamiento entre Castillo y el Congreso peruano, dominado por la oposición de derecha, inició prácticamente con su gobierno en julio de 2021.

El Congreso fracasó en sus dos primeros intentos por sacarlo del poder, pero el tercero fue exitoso. De hecho, para la moción del miércoles se especulaba que no se tenían los votos suficientes, pero el intento de autogolpe terminó precipitándolo al vacío. La oposición le acusaba además de falta de rumbo.

El Parlamento puede destituir al presidente con 87 votos de los 130 parlamentarios. Pero también es legal que el presidente disuelva el Congreso si éste le niega dos veces un voto de confianza al gabinete ministerial. Para el Eurasia Group, estas normas y procedimientos son otro factor “probable” de inestabilidad.

Precisamente, el país no halló tampoco en Castillo estabilidad. Durante el año y medio que estuvo en el cargo los dedicó a sortear las constantes investigaciones en su contra, al igual que sus ministros y miembros de gabinete.

El diario peruano El Comercio recuenta que el exmandatario tuvo aproximadamente 200 escándalos mientras estuvo en el poder

El diario peruano El Comercio recuenta que el exmandatario tuvo aproximadamente 200 escándalos mientras estuvo en el poder. Esto afectó profundamente la reactivación económica del país después de la pandemia. Hoy, el 26 % de los peruanos viven en la pobreza, una cifra que asciende al 40 % cuando solo se tiene en cuenta a la ciudadanía rural.

Fuentes consultadas por este diario para este artículo coinciden en que el mandatario estuvo mal asesorado durante su presidencia y que detrás de ella había intereses ocultos. “Quizás Castillo tomó esta decisión (el ‘autogolpe’) porque probablemente se sentía sofocado (por las investigaciones) y acorralado por la tercera moción de vacancia”, dice Calderón.

Incluso, su exjefe de gabinete y congresista Guido Bellido le dijo a la prensa que Castillo estaba dopado durante el mensaje en el que anunció su fallida intentona golpista. “Yo le digo ‘¿por qué ha hecho la lectura?’ (del decreto que disolvía el Congreso) y me dice que no se recuerda”.

Hoy, Castillo permanece detenido –por lo menos hasta el 13 de diciembre– y, tras ratificar su pedido de asilo a México, enfrenta señalamiento de la justicia de rebelión.

De ser hallado culpable, podría enfrentar una pena de entre 10 y 20 años de prisión. Mientras tanto, Boluarte se debate entre la encrucijada conformar un Gobierno que sea aprobado por el Congreso o citar a elecciones como piden algunos sectores de izquierda.

CARLOS JOSÉ REYES
SUBEDITOR INTERNACIONAL
EL TIEMPO

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