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Lula da Silva: el 'ave fénix' que asume la presidencia de Brasil por tercera vez
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¿Qué viene para Brasil tras la segunda vuelta presidencial?Análisis de los resultados de las elecciones que enfrentaron a Jair Bolsonaro y Lula da Silva.
Luis Inácio Lula da Silva

Fernando Bizerra / EFE

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Lula da Silva: el 'ave fénix' que asume la presidencia de Brasil por tercera vez

El líder de izquierda se impuso este domingo en segunda vuelta ante Jair Bolsonaro.

Luiz Inácio Lula da Silva parecía un cadáver político cuando fue condenado a prisión. Pero dos años y medio después de recuperar la libertad, por la anulación de sus condenas, vuelve a la presidencia de Brasil por tercera ocasión.

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Lula, de 76 años, en su campaña, no hizo más que recordar la época en la que llegó por primera vez a la Presidencia, comparando la crisis actual con la delicada situación económica y social en la que se encontraba el país en aquel entonces y edulcorando el recuerdo de la época de bonanza que se vivió en sus ocho años de Gobierno.

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La nostalgia impregna todos los anuncios de la campaña de Lula, que sigue usando el mismo lema ("sin miedo de ser feliz") que popularizó desde su primer intento por llegar a la Presidencia, en 1989, cuando era un combativo líder sindical temido por los empresarios y por las clases pudientes.

Esta es la historia del hombre que liderará a Brasil por tercera vez.

La carrera de Lula da Silva

Si resulta electo, Lula, nacido en Caetés, ciudad del estado de Pernambuco (noreste), asumirá con 77 años.

Su historia comenzó en una casa de barro y palos a las afueras del pueblo de Caetés, donde Lula, el séptimo de ocho hermanos, nació en el seno de una familia de agricultores analfabetos.

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Entonces "ni siquiera teníamos hospitales" en la zona, cuenta Eraldo Dos Santos, de 68 años, primo del expresidente y quien al igual que su famoso pariente, abandonó muy joven la semiárida región para trabajar en Sao Paulo.

Lula dejó la presidencia en 2010 con la popularidad más alta.

Foto:

Bloomberg

Limpiabotas durante una infancia pobre, Lula construyó su carrera política a partir de su activismo en el sindicato de metalúrgicos de Sao Paulo.

En 1968, según recuerda el centro de pensamiento de Barcelona CIDOB, Lula se unió al Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema. Para 1972, fue elegido director del Departamento de Protección Social del sindicato y en 1975 fue ascendido a la presidencia del mismo.

En 1980, luego de que el sindicato saliera debilitado tras una lucha con el gobierno por las exigencias sindicales y los puestos de trabajo, Lula y otros activistas fundaron el Partido de los Trabajadores (PT), que debutó en el mundo político en las elecciones legislativas de noviembre de 1982.

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Su ascenso político

El primer cargo político de elección popular al que aspiró Lula fue para gobernador de São Paulo. Según el CIDOB, no obstante recibió más de un millón de votos, fue superado por André Franco Montoro, quien resultó electo, y por otros dos candidatos. Por lo que siguió con su carrera sindical en ascenso.

"Cuanto más se distanciaba Lula de las élites de los demás partidos, más incrementaba su popularidad entre las clases trabajadoras golpeadas por la crisis y cimentaba su liderazgo obrero en las ciudades satélite de São Paulo", recuerda el CIDOB.

Luego, fue candidato presidencial en 1989, 1994 y en 1998. Su cuarta candidatura fue en el 2001 y fue elegido en las elecciones de octubre de 2002. Así, Lula ascendió de la pobreza profunda hasta llegar a ser el presidente más popular en la historia de Brasil (2003-2010), pues dejó el poder con una popularidad de casi 90 %.

Pero el político sufrió una espectacular caída en desgracia cuando fue encarcelado bajo acusaciones de corrupción (2018-2019), antes de que la justicia anulara sus condenas, aunque sin absolverlo.

Las encuestas sitúan a Lula como el favorito, con el 47 por ciento de la intención de voto.

Foto:

EFE

Su retorno a la vida política

Tres décadas después, Lula se apoya hoy en una decena de partidos progresistas de tendencia diversa y, para hacer frente al presidente Jair Bolsonaro, incluso se ha abrazado a antiguos adversarios, como el conservador Geraldo Alckmin, su candidato a vicepresidente.

Con estos apoyos y el recuerdo de la experiencia de sus ocho años de Gobierno, ahora Lula ya no da miedo. Por el contrario, es visto con agrado por el sector privado, al que recuerda los beneficios que obtuvieron las empresas privadas en su gestión, una época de fuerte crecimiento económico.

Con estos apoyos y el recuerdo de la experiencia de sus ocho años de Gobierno, ahora Lula ya no da miedo

Pero el mensaje de Lula, con su voz ronca y la forma de expresión llana y directa propia de alguien que nunca pasó por la universidad, en donde más cala es entre los más pobres.

Para identificarse con ellos, su campaña ha recurrido a otra foto en blanco y negro: el recuerdo de que el propio Lula, siendo un niño, huyó del hambre con su familia del empobrecido noreste de Brasil, para buscar empleo en Sao Paulo.

Esos orígenes humildes y obreros lo convirtieron desde siempre en todo un fenómeno de masas; pero ahora, a pesar de que lidera con holgura las encuestas de intención de voto, ya no arrastra a multitudes a la calle.

Las condenas en su contra

El motivo de ello es el desgaste que le causaron a su imagen los sucesivos escándalos de corrupción que se destaparon en su gestión y en la de su sucesora, Dilma Rousseff.

Lula llegó a ser condenado dos veces por esos escándalos y pasó un año y medio en prisión (580 días), lo que le impidió ser candidato en las elecciones de 2018.

En el primer caso, Lula fue acusado de recibir sobornos de la constructora OAS y fue condenado a nueve años y siete meses de prisión por corrupción pasiva y lavado de dinero, según recuerda BBC.

Según la cadena británica, la justicia acusó a Lula de aceptar la remodelación de un apartamento de lujo en Guarujá, a cambio de favorecer a OAS en sus negocios con la estatal Petrobras.

El exmandatario Luis Inácio Lula da Silva.

Foto:

EFE/Carlos Meneses

En el segundo caso, fue acusado de recibir sobornos de Odebrecht y OAS a través de remodelaciones en una finca en Atibaia, São Paulo.

Los casos salieron a la luz en el marco de la operación Lava Jato, que descubrió la red de sobornos que se pagaban en Petrobras.

En 2021, el Tribunal Supremo anuló esas dos causas por errores e irregularidades procesales, devolviendo a Lula su libertad y sus derechos políticos.

Desde entonces, ha tratado de limpiar su nombre y de defender que el motivo de sus condenas fue puramente político, para permitir el triunfo electoral de Bolsonaro.

A pesar de esos esfuerzos, la corrupción sigue siendo el punto débil al que apuntan la mayoría de los ataques de sus detractores y es la razón que subyace por detrás de las altas tasas de rechazo a Lula, que llegan al 38 %.

Una relación que salió de la cárcel

Sobre su vida personal, Lula dice estar enamorado de su tercera esposa "como si tuviera 20 años". El expresidente se casó en 1969 con Maria de Lourdes da Silva, que murió dos años después por una hepatitis, y en 1974 lo hizo con Marisa Leticia, fallecida en 2017 de un ACV, con quien tuvo cuatro hijos.

"Cuando pierdes a tu mujer y piensas que la vida no tiene más sentido, que todo acabó, aparece una persona que empieza a darle sentido nuevamente", dijo Lula este año a la revista Time.

Ahora está casado con Rosangela da Silva, socióloga de formación y militante del Partido de los Trabajadores (PT) desde la década de los 80, que no se perdió un solo evento de campaña de su esposo.

Janja -como le dicen-, de 55 años, inició su romance con Lula cuando el expresidente todavía se encontraba encarcelado en la sede de la Policía Federal de Curitiba por una condena de corrupción.

Y lo primero que Lula hizo cuando dejó la prisión, en noviembre de 2019, fue presentar su novia a la militancia: "Conseguí la proeza de, preso, tener una novia, estar enamorado y que aceptara casarse conmigo".

Ambos contrajeron matrimonio el pasado mayo, en las vísperas de las elecciones. Desde entonces, Janja ha ganado cada vez más espacio en la campaña del expresidente.

La esposa del candidato Luiz Inácio Lula da Silva, Janja, mientras lo besa en un acto en Río de Janeiro (Brasil).

Foto:

EFE

La socióloga es uno de los rostros más visibles de los actos de Lula, donde frecuentemente agarra el micrófono y entona ante los militantes la canción "Lula lá", un clásico de 1989 y que reeditó junto a artistas como regalo de boda para el líder progresista.

Proactiva y espontánea, acostumbra a participar en la reuniones de la cúpula del PT y ha asumido la articulación de Lula con artistas e influenciadores digitales, llegando a organizar multitudinarios actos como el celebrado el lunes en Sao Paulo.

Janja ya ha adelantado que si Lula vence las elecciones, como pronostican todos los sondeos, dará un nuevo significado al concepto de primera dama.

"Tengo un secretito: vamos a intentar dar un nuevo significado a ese concepto de primera dama, más adelante hablaremos sobre eso", afirmó a sus más de 200.000 seguidores en Instagram.

Las propuestas de Lula

Sobre su programa de gobierno, Lula promete lanzar un Bolsa Familia "renovado y ampliado", agregando a los 600 reales mensuales otros 150 (USD 28) por cada hijo menor de seis años.

Esto teniendo en cuenta que, actualmente, más de 33 millones de brasileños pasan hambre y 9,9 millones están desempleados en este país de 213 millones de habitantes.

Su propuesta económica tiene como pilares la inversión pública y la mejora del salario mínimo (1.212 reales, USD 236) para restaurar el poder adquisitivo de los brasileños frente a la elevada inflación.

El líder histórico del Partido de los Trabajadores (P) también se plantea implementar una reforma tributaria "para que los pobres paguen menos y los ricos paguen más".

Lula ha dicho que trazará un plan para reducir el endeudamiento que afecta a casi el 70% de las familias brasileñas.

Y propone una nueva legislación laboral "para ampliar la protección social", revirtiendo los "retrocesos" de una reforma de 2017.

Campaña a favor de Lula y Bolsonaro en las calles de Brasil.

Foto:

AFP

En materia ambiental, Lula promete combatir frontalmente la minería ilegal, los incendios y la deforestación en la selva amazónica, fortaleciendo los órganos de preservación y control, debilitados durante la gestión de Jair Bolsonaro.

Pretende, asimismo, destrabar los recursos millonarios del Fondo Amazonía, financiado por Noruega y Alemania y paralizado desde 2019.

Lula promete además cumplir las metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero asumidas en el Acuerdo de París y asegurar la "transición energética" del país.

Lula apunta a recuperar el protagonismo global de Brasil

Y en materia internacional, Lula apunta a "recuperar" el protagonismo global de Brasil con una política externa "activa y altiva", ampliando acuerdos comerciales internacionales y retomando la cooperación "sur-sur" con América Latina y África, así como el fortalecimiento del Mercosur, la Unasur, la Celac y y el Brics.

"Viajaré para restablecer la relación que Brasil tenía con todos los países de Europa, de Sudamérica, con Sudáfrica, con China, con los países árabes, con Estados Unidos", dijo Lula durante la campaña.

Respecto a la seguridad, Lula dice que es necesaria una "nueva política sobre drogas" que sustituya el actual modelo "bélico" de combate al narcotráfico con estrategias que privilegien la "investigación" y la "inteligencia" para desarticular las organizaciones criminales.

Lula promete defender "los derechos y territorios de los pueblos indígenas" y quilombolas (descendientes de esclavos) y se comprometió públicamente a crear un "Ministerio de los pueblos originarios", encabezado por un/a indígena.

También prevé políticas de salud, educación, empleo y seguridad para la comunidad LGTB+, y la ampliación de cupos sociales y raciales en universidades.

REDACCIÓN INTERNACIONAL Y AGENCIAS

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