Los 30 pesos que desnudaron la otra cara del milagro chileno

Los 30 pesos que desnudaron la otra cara del milagro chileno

Tras la histórica protesta del viernes, el presidente Piñera les pidió la renuncia a sus ministros.

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El presidente Piñera anuncia cambio de gabinete en Chile.Millones de chilenos han exigido cambios en el modelo económico y el sistema político del país.
Chile

Piñera les pide la renuncia a todos sus ministros tras protestas.

Por: Víctor Manuel Vargas Silva
27 de octubre 2019 , 01:26 a.m.

Chile, el país modelo de América Latina, al que dentro y fuera de la región siempre se presentó como un ejemplo a seguir para acercarse al desarrollo, al que todos sus vecinos envidian por su PIB per cápita de más de 20.000 dólares, su moderna infraestructura y sus bajos indicadores de pobreza, inflación y percepción de corrupción, entre otros logros, se ha convertido en los últimos 10 días –y para sorpresa de medio mundo– en un mar de indignadas protestas sociales, vandalismo, saqueos, golpizas, toques de queda en varias ciudades, 19 muertos, cientos de heridos y detenidos, y hasta denuncias de torturas. 

Durante años se habló de ‘la otra cara del milagro chileno’, pero esa realidad siempre quedó en segundo plano ante las cifras macroeconómicas y avances del país austral. Pero había una olla a presión a punto de explotar, y el detonante fue un alza de solo cuatro centavos de dólar en el pasaje del metro de Santiago. Más de 70 estaciones de uno de los metros más modernos de América Latina fueron destruidas parcial o totalmente a partir de un viernes de furia sin control (18 de octubre) y al que han seguido días y días de nutridas manifestaciones callejeras exigiendo soluciones a múltiples problemas sociales.

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Y si bien en los primeros momentos de este tsunami de indignación hubo múltiples saqueos, situación que obligó al Gobierno a decretar el estado de emergencia y a sacar a los militares a la calle (algo que no se veía –salvo en el terremoto del 2010– desde 1987, con Pinochet), con el paso de los días la protesta es cada vez más pacífica y multitudinaria: el viernes, 1,2 millones de chilenos se manifestaron pidiendo la salida del presidente Sebastián Piñera y una sociedad más justa en una jornada que eclipsó los festejos del día en que Chile le dijo ‘no’ a la dictadura, hace tres décadas.

A la hora de pensionarse, buena parte la población recibe una quinta parte de lo que ganaba cuando hacía parte de la población económicamente activa

EL TIEMPO consultó a varios analistas chilenos para abordar las claves de estos convulsionados días, que ya dejan 1.400 millones de dólares en pérdidas solo en Santiago, mientras que continúan las marchas y la indignación se extiende por el país.

Una de las palabras claves para entender este estallido es la desigualdad. Óscar Landerretche, profesor de economía en la Universidad de Chile, explica: “Hoy, el país tiene prácticamente los mismos niveles de desigualdad que tenía a finales de los años 60. Durante la dictadura hubo un shock de desigualdad, al punto de que en un momento fuimos el país más desigual del mundo, y si bien la democracia ha venido reduciendo las distancias, aún falta mucho. Entonces, es fácil entender que la gente se sienta descontenta cuando el resultado de 30 años de democracia es haber vuelto a la situación social, en términos de desigualdad, de finales de los años 60”.

El modelo pensional

Otro factor crítico es el modelo pensional. Gloría de la Fuente, presidenta y analista de la Fundación Chile 21, subraya que este tema es “sumamente dramático desde el punto de vista humano”, pues “hoy el 80 % de los jubilados reciben menos que un sueldo mínimo de pensión”.

A lo que Claudio Salinas, académico del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile, añade: “A la hora de pensionarse, buena parte la población recibe una quinta parte de lo que ganaba cuando hacía parte de la población económicamente activa”.

Juan Pablo Toro, de AthenaLab, un centro de estudios en relaciones internacionales, seguridad y defensa, añade que más de la mitad de la gente gana en torno a los 400.000 pesos (1’850.000 pesos colombianos). Aunque pueda parecer no tan malo, no hay que olvidar que Chile es un país caro, donde “el costo de la vida ha subido, y no solo las tarifas de servicios básicos, sino también en el costo de la propiedad, que se ha vuelto muy cara”, anota Toro.

Huelgas en Chile

Continúan las huelgas y manifestaciones en Chile por quinto día consecutivo.

Foto:

Javier Torres / AFP

También está el tema del precio de los medicamentos, “que en algunos casos pueden ser cinco o 10 veces más caros que en otros países”, porque se opera sin control, bajo la ley de libre oferta y demanda, dice Salinas.

La lista de reclamos es enorme. Mala atención en el sistema de salud, altos costos de la educación, del transporte, de la energía eléctrica, etc. Pero De la Fuente suma un elemento muy interesante al análisis: “Hay una fuerte sensación de abuso del poder contra la gente”. Y subraya: “Todas las instituciones que administran poder están hoy en cuestionamiento”. La analista dice que si todo lo que está pasando pudiera resumirse en una frase, esa frase sería: “Estamos hartos de que nos sigan viendo la cara (de tontos), queremos otro país”. “Aquí –continúa– hay un reclamo muy profundo sobre cómo se administra el poder y en beneficio de quién (...), un enojo –transversal– de la sociedad por los abusos de poder, por los privilegios y por la falta de respuestas a las necesidades de la gente”.

En palabras de Salinas: “Estamos ante una protesta inorgánica, pero unificada en un unánime sentimiento de ‘basta ya con los abusos’ ”.

¿Qué alimentó esta sensación? “Casos de colusión entre empresas (para cuadrar precios, desde los pollos hasta los medicamentos), o cuando las empresas de servicios te cambian unilateralmente las tarifas, que son cosas muy irritantes para la gente y dan la sensación de que hay gente que está por encima de las reglas del juego y abusa”, dice Toro.

Pero a esto se suman, dicen otros analistas, temas como la privatización de recursos naturales como el agua, casos de corrupción hasta en las FF. AA., una clase política que parece no querer oír las preocupaciones de la calle, etc. De hecho, De la Fuente dice que si “algún sector político cree que puede sacar ventaja de lo que está pasando, están muy equivocados, porque el enojo de la sociedad también es con el mundo político”.

En esta misma línea, tampoco ayudaron las salidas en falso de varios altos funcionarios del Gobierno en temas sensibles para la población. De la Fuente cita varios ejemplos. Ante las quejas por las largas filas en los servicios de salud pública, un subsecretario de Salud terminó diciendo que mucha gente iba a esos servicios a hacer vida social; luego el ministro de Hacienda, ante el alza del IPC, sugirió que los románticos aprovecharan para comprar flores, porque era lo único que había bajado de precio; y ante las quejas por el alza en el metro, el ministro de Economía dijo que la gente podía madrugar más y así beneficiarse de las tarifas más baratas antes de las ‘horas punta’.

De la guerra al perdón

Y tras el estallido, que tomó por sorpresa a toda la clase política chilena, hubo una salida en falso del presidente Piñera muy criticada, pues en menos de 48 horas el mandatario pasó de decir que Chile estaba “en guerra” contra “un enemigo muy poderoso”, a pedir perdón y adoptar un paquete de medidas sociales de 1.200 millones de dólares (alza del mínimo, de las pensiones básicas, etc.) para tratar de calmar la situación.

Landerretche explica que “en un primer momento el Gobierno se entregó a sus peores demonios”, porque “predominó la visión más militarista, más ortodoxa, muy encarnada por el ministro del Interior, Andrés Chadwick”.

Pero con el paso de las horas, “voces más mesuradas, como la de la Intendenta de la Región Metropolitana, Karla Rubilar, han ido predominando y ayudando a cambiar el discurso”, lo cual es importante, destaca este analista. De hecho, el propio general Javier Iturriaga, jefe de Defensa Nacional y al frente de la crisis, dijo al día siguiente de las cuestionadas palabras de Piñera que él no estaba en guerra con nadie.

Las medidas paliativas del Gobierno no parecen haber tenido ningún efecto sobre la ola de indignación popular. Y por eso ayer, un día después de la histórica jornada de protesta del viernes, Piñera volvió a enviar mensajes para tratar de apaciguar la situación: les pidió la renuncia a todos sus ministros, anunció el fin del toque de queda en Santiago y dijo que estudia levantar el estado de emergencia.

No obstante, la pregunta gruesa es cómo encontrar una salida real, de fondo, a esta crisis.

Para los analistas consultados es claro que hay que atender los problemas sociales no resueltos por años, pero que esto no se va a solucionar de la noche a la mañana. “Hay que ser muy ingenuo para pensar que con una lista de supermercado de 10 medidas Chile va a resolver sus problemas históricos de desigualdad”, dice Sergio Urzúa, economista chileno y profesor de la U. de Maryland. O en palabras de Landerretche: “En esta problemática no hay balas de plata”.

Chile protestas

Un manifestante se sienta este sábado frente a tanquetas policiales durante una protesta contra el Gobierno del presidente chileno Sebastián Piñera frente al Palacio de La Moneda, en Santiago (Chile).

Foto:

Efe

Landerretche considera que “hace ya bastante tiempo que el modelo muestra signos de envejecimiento”. Y explica: “El crecimiento viene cayendo hace más de 10 años de forma sistemática. Ha habido fluctuaciones que nos han permitido autoengañarnos, por el precio del cobre u otras situaciones coyunturales o cíclicas, pero la tendencia ha sido sistemáticamente a la baja. Y también en la productividad. El modelo está claramente superado, y para mí es claro que debemos tener una nueva estrategia de desarrollo, porque cualquiera que estudie modelos de desarrollo sabe que ningún país lo logra haciendo siempre lo mismo, y eso vale también para Colombia”.

Para este analista, “la clase política y la clase empresarial se durmieron en los laureles, y ahora estamos cosechando los resultados de eso”.

Salinas opina que hay que hacerle “transformaciones de fondo al modelo, no simples enmiendas”. Y agrega: “Tenemos que instalar el concepto de la solidaridad como pilar esencial y centro de una nueva racionalidad política y económica, frenar los abusos y distribuir mejor la riqueza”. “Hay –continúa– un antes y un después, y me parece positivo, porque nos obliga a repensarnos como país y como sociedad”.

Urzúa también subraya el problema de “un crecimiento mediocre”, pero “pide cabeza fría”, ver las cosas “con perspectiva de largo plazo” y “no tomar medidas efectistas, de corto plazo y extremadamente caras, que puedan poner en peligro la estabilidad macroeconómica”. Añadiendo: “El sistema chileno de progreso ha significado el caso más exitoso de creación de riqueza y bienestar en A. Latina, y eso no se nos puede olvidar. El punto es cómo aceleramos ese proceso, cómo aseguramos mejor educación, un mercado laboral más inclusivo, etc. Yo no creo que este sea un sistema que haya que desmantelar, que haya que pasar la retroexcavadora, creo que es un sistema que tiene que continuar su avance, que se debe mejorar, pero hay que saber que tomará tiempo”. Y subraya: “En situaciones como esta, una mala toma de decisiones puede descarrilar a una sociedad”.

Protestas en ChileProtestas en Chile
Marcha en Chile

El pasado viernes se registró una marcha en las principales calles de Santiago.

Hora de un nuevo pacto

Para Landerretche, simplemente ha llegado la hora de enfrentar “lo que otros países con una ruta de desarrollo parecida a la nuestra también enfrentaron en su momento. Países como Irlanda, Finlandia, Nueva Zelanda y Corea, entre otros, entendieron que para dar el siguiente paso en materia de desarrollo económico, igualdad y justicia se requerían de enormes pactos políticos. Pactos sociales grandes que probablemente involucran reformas constitucionales, reformas tributarias y acuerdos en los cuales se le dice al sector empresarial: ‘miren, ustedes van a pagar más impuestos, pero, a cambio, les vamos a dar estos apoyos para que ustedes puedan seguir creciendo e invirtiendo’. Y llegó la hora de ese tipo de pactos en Chile. La gran pregunta es si vamos a ser capaces de hacer esos pactos, o nos vamos a convertir en uno más de los casos de desarrollo frustrado que ha tenido América Latina en distintos momentos de su historia. Ese es el momento en el cual estamos”.

Víctor Manuel Vargas Silva
Editor de la Edición Domingo
EL TIEMPO

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