La inmortalidad del peronismo en Argentina

La inmortalidad del peronismo en Argentina

A casi 80 años de su nacimiento y a 45 de la muerte de su fundador, el movimiento mantiene vigencia.

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El óleo ‘Retrato del presidente Juan Domingo Perón y su señora esposa María Eva Duarte de Perón’, de Numa Ayrinhac, se exhibe en el Museo del Bicentenario, en la Casa Rosada.

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EFE

Por: Leopoldo Villar Borda
04 de septiembre 2019 , 10:38 a.m.

Juan Domingo Perón dijo una vez que todos los argentinos eran peronistas. No hay que ir muy lejos para verificarlo. En la campaña electoral que se libra por la presidencia argentina, los dos bandos rivales están enarbolando las banderas que hicieron indestructible el poder del Partido Justicialista, construido por Perón hace casi ochenta años.

El presidente Mauricio Macri, en un intento desesperado por ser reelegido, escogió como compañero de fórmula al senador Miguel Ángel Pichetto, reconocido dirigente peronista. Frente a ellos están Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, quienes reivindican con títulos más claros sus credenciales justicialistas y gracias a ellas se perfilan como los favoritos para ganar el 27 de octubre.

Detrás de la victoria anunciada de la fórmula opositora hay mucho más que el regreso al poder de Cristina Kirchner, la verdadera vencedora en las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (Paso) del 11 de agosto, creadas como antesala de la elección presidencial en 2009, cuando ella era presidenta.

Lo que Argentina vive es la demostración de la durabilidad del movimiento desarrollado por Perón desde su aparición en la vida pública el 17 de octubre de 1945. Ese día se concentró en la plaza de Mayo una gigantesca manifestación popular para exigir la liberación del entonces coronel, arrestado por militares celosos de su popularidad.

Ante el reclamo de los manifestantes, que permanecieron todo el día frente a la Casa Rosada, Perón fue liberado e invitado a la sede presidencial por el general y dictador Edelmiro Farrell, quien ejercía el poder desde 1944. Salió entonces al balcón principal de la mansión y pronunció ante la muchedumbre el discurso considerado como la pieza fundacional de su movimiento.

Apelando a los sentimientos de los trabajadores, cuyo respaldo cultivó como secretario de Trabajo y Previsión, Perón se convirtió ese 17 de octubre en el gran protagonista de la historia argentina en el siglo XX.

En su paso por la secretaría ganó la simpatía de los sectores sindicales con medidas como el impulso a los convenios colectivos, los tribunales de trabajo y la extensión de las jubilaciones a empleados que no estaban cubiertos por este beneficio. Esto le permitió forjar alianzas con los sindicatos, que se convirtieron en el principal soporte de su movimiento y le ayudaron a ganar la presidencia tres veces. En la primera, en febrero de 1946, derrotó por diez puntos porcentuales a José Tamborini, de la Unión Cívica Radical, uno de los partidos históricos argentinos.

Precisamente porque ganó el poder en elecciones, Perón no puede ser comparado con otros caudillos latinoamericanos del siglo XX que ascendieron por fraude o golpe de Estado, como el mexicano Porfirio Díaz, el dominicano Rafael Leónidas Trujillo, el nicaragüense Anastasio Somoza, el paraguayo Alfredo Stroessner o el chileno Augusto Pinochet. Tampoco con los que llegaron al poder tras una revolución, como Fidel Castro, o los que fueron elegidos varias veces, pero no mantuvieron por tanto tiempo como él su predominio político, como el brasileño Getulio Vargas.

Perón eclipsó a los políticos argentinos y a otras figuras de América Latina durante buena parte del siglo pasado y logró otra hazaña que no tiene paralelo en la región: haber prolongado su vigencia por más de 45 años después de su muerte.

El papel de Evita

Para entender la gravitación del peronismo hasta 2019 hay que remontarse a sus inicios, cuando en Argentina no se hablaba de conquistas sociales. En los años 40, el país empezaba a industrializarse, desplazando trabajadores del campo a las ciudades para incorporarse a las fábricas. Perón supo identificar este fenómeno y la consiguiente aparición de necesidades sociales. Por tanto, desde su primera posición en el gobierno de la época buscó atender ese frente.

Su tarea en la Secretaría de Trabajo y Previsión, y luego en la presidencia tras su primera elección en 1946, se orientó a crear el estado de bienestar mediante la redistribución de la riqueza en favor de los más desprotegidos. Su matrimonio con Eva María Duarte (Evita) el 22 de octubre de 1945, cuatro meses antes de ganar la presidencia, resultó providencial en su empeño de obtener el apoyo de las masas, porque ella asumió con energía y pasión la protección de los ‘descamisados’.

Evita, nacida en un hogar humilde de la provincia argentina, se había trasladado a los 15 años a Buenos Aires, donde se convirtió en actriz. En 1944 conoció a Perón, a quien ya admiraba por sus discursos. Después, como primera dama, se transformó en el rostro del poder y emprendió una intensa actividad de ayuda a los humildes, los ancianos, los niños y las mujeres, que le ganó la admiración de millones de argentinos hasta el punto de convertirla en un ídolo. Al mismo tiempo realizó un activo trabajo político para impulsar reformas como la aprobación del voto femenino, en 1946.

La obra de Perón, con el apoyo de Evita, caló muy hondo en las masas, lo cual garantizó su reelección en 1951, con una mayoría abrumadora (61 % de los votos). Pero dos circunstancias negativas oscurecieron su segundo mandato: la muerte de Evita el 26 de julio de 1952 y la crisis económica, que lo obligó a adoptar un plan de austeridad y otras medidas como el control de precios y salarios, que causaron malestar.

Caída y exilio

Estas circunstancias fueron aprovechadas por los militares el 16 de septiembre de 1955 para protagonizar un alzamiento, desalojarlo del poder y obligarlo al exilio. Luego de un periplo por Paraguay, Panamá, Venezuela y República Dominicana, se radicó en España, de donde regresó en 1972 para apoyar la candidatura de Héctor José Cámpora y luego postularse en 1973.

Como en las dos ocasiones anteriores, el 23 de septiembre, Perón aplastó al candidato rival, el radical Ricardo Balbín, con el 62 por ciento de los votos, pero su tercer mandato no alcanzó a durar un año debido al deterioro de su salud. Murió el primero de julio de 1974 y fue sucedido por María Estela Martínez, su segunda esposa, derrocada por los militares dos años después.

Entre 1976 y 1983, Argentina vivió tiempos de censura y represión. Desaparecido Perón, y con su movimiento dividido, las Fuerzas Militares vieron la oportunidad de cambiar el curso del país y lo hicieron a la fuerza. Torturas y desapariciones se pusieron a la orden del día. Cuando la guerra de las islas Malvinas decretó en 1982 el fin de la dictadura, se contabilizaban más de 30.000 desaparecidos.

Aun antes de la muerte de Perón, su movimiento se dividió varias veces en sectores casi irreconciliables (de izquierda y de derecha, populistas, neoliberales y hasta neoperonistas), pero nunca perdió vigencia. Las dictaduras lo persiguieron, pero no pudieron desaparecerlo. Aunque el candidato radical Raúl Alfonsín derrotó al peronista Ítalo Luder, cuando se restauró la democracia en 1983, en 1989 el peronismo regresó al poder con Carlos Saúl Menem.

En la elección siguiente triunfó el radical Fernando de la Rúa gracias a la división del peronismo, pero este volvió después al poder con Eduardo Duhalde hasta 2003, Néstor Kirchner hasta 2007 y Cristina Kirchner hasta 2015. Este último año, Mauricio Macri, expresidente de Boca Juniors, apoyado por varios partidos, derrotó al peronista Daniel Scioli. Ahora su empeño por buscar la reelección contra los peronistas se le está haciendo cuesta arriba.


Movimiento sin paralelo

El fenómeno peronista ha sido objeto de muchos libros y materia interminable de análisis para los politólogos, sin que hasta ahora se haya producido un veredicto definitivo sobre las razones de su éxito. Siempre se ha señalado entre ellas el carisma de Evita y la capacidad histriónica de Perón, que hechizaba a las multitudes con un discurso emocional y nacionalista. Esto último llevó a muchos, sobre todo en los comienzos del movimiento, a encontrar similitudes entre peronismo y fascismo.

No es de extrañar porque Perón surgió de las entrañas del régimen de Farrell, uno de los tres dictadores nacionalistas y anticomunistas que se sucedieron en el poder entre 1943 y 1946. Por otra parte, no es un secreto que Perón admiraba a Mussolini y a Franco.

Pero lo cierto es que la llegada de Perón al poder en 1946 transformó las estructuras económicas y sociales de Argentina. Quienes se han declarado sus seguidores han usufructuado su popularidad y la de Evita. El capital político que Perón empezó a acumular en la Secretaría de Trabajo y Previsión en 1944 y que Evita acrecentó con su obra en favor de los necesitados no solo sirvió para sus tres resonantes victorias presidenciales, sino para que en el doble de ocasiones los peronistas ganaran la Casa Rosada.

En la actual contienda electoral sobresalen las banderas peronistas en manos de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, a quien ella escogió para encabezar la fórmula que compite con Macri. Con el espectro de Perón y Evita como telón de fondo, todo indica que aquellas banderas se llevarán la victoria.

LEOPOLDO VILLAR BORDA
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