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La crisis política que se vive al interior del gobierno de Bolsonaro
Bolsonaro cambia a las Fuerzas Militares

Bolsonaro junto al excomandante del Ejército Eduardo Pujol, quien fue relevado esta semana tras varios cambios en las FF. AA.

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Sergio Lima / AFP

La crisis política que se vive al interior del gobierno de Bolsonaro

El presidente agitó el tablero político tras cambiar a 6 ministros y sustituir a la cúpula militar.

A la grave crisis sanitaria que vive Brasil se le sumó esta semana un terremoto político en el interior del gabinete del presidente ultraderechista Jair Bolsonaro. El mandatario cambió a seis ministros y relevó a los tres jefes de las Fuerzas Armadas del país (Ejército, Marina y Aviación).

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Estos cambios en el tablero nadie los esperaba y quedaron abiertas preguntas sobre la estabilidad al interior del Ejecutivo en momentos que la pandemia azota con dureza al gigante de América Latina.

El revolcón ministerial dejó fuera del Gobierno a dos escuderos de Bolsonaro. Uno de ellos fue el canciller Ernesto Araújo, uno de los representantes ideológicos del bolsonarismo a nivel mundial. El otro fue Fernando Azevedo e Silva, quien estuvo al mando del Ministerio de Defensa, y cuya sustitución provocó, según los rumores que han circulado en Brasil, un gesto de solidaridad que desembocó en la salida de los tres jefes de las Fuerzas Armadas brasileras, un hecho sin precedentes en este país.
Y aunque aún no hay una explicación oficial sobre estos cambios en el ‘corazón’ bolsonarista, analistas estiman que este giro obedece a una estrategia de Bolsonaro para encauzar la popularidad de su gobierno y ganar simpatía y réditos dentro de algunos sectores.

‘Ministros alineados’

Básicamente, Bolsonaro quiere con esta reforma ministros más alineados con su forma de visión ideologizada del mundo (sobre todo en la administración de la pandemia) y porque su base política y parlamentaria (el llamado centrão) quiere tener más presencia en el Gobierno a través de ministerios”, le explicó a este diario Rafael Duarte Villa, internacionalista del departamento de Ciencia Política de la Universidad de São Paulo.

Bolsonaro no tiene la fuerza política ni social para un autogolpe. Él está en su peor momento. Está aislado políticamente, con poco diálogo. Además, está perdiendo el apoyo de la jerarquía militar

En los cambios anunciados este martes en su gabinete (que también incluyó la cartera de Justicia, la Secretaría de Gobierno, la jefatura de la Casa Civil y la Procuraduría), el mandatario parece haber buscado un cierto equilibrio entre las fuerzas más extremas que constituyen su base y los conservadores más moderados, que lo apoyan con algunas resistencias.

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Es, por ejemplo, el caso del excanciller Araújo, quien desde el principio se alineó con las posturas del expresidente de Estados Unidos Donald Trump.

Durante la pandemia le llovieron muchas críticas debido a su deficiente gestión para conseguirle vacunas a Brasil. Agencias internacionales aseguran que diversos sectores en el país pidieron la salida de Araújo. Al canciller lo reemplazará Alberto Franco, un diplomático con poca experiencia, pero considerado más moderado y de talante negociador.

“Esto tiene que ver con un intento por equilibrar las posiciones del Gobierno, porque muchos tienen vergüenza de apoyar el lado autoritario del gobierno Bolsonaro. A veces estas decisiones se toman para agradarles a los poderes del país, otras veces para agradarles a sus bases militantes”, le dijo a EL TIEMPO Acácio Augusto, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Federal de São Paulo.

¿Es, entonces, una estrategia pensada o una política mal gestionada? “Hay las dos cosas. De un lado, mala gestión y falta de visión estratégica porque solo a Bolsonaro se le puede ocurrir pelearse en este momento con la jerarquía militar y despedir al ministro de Defensa. De otro lado, hay un mínimo de estrategia política porque él cree que sacrificando el apoyo militar asegurará el apoyo en el Congreso para sus reformas. Al mismo tiempo que refuerza el equipo con ‘ministros ideológicos’ para intentar reactivar el apoyo de sectores sociales ultraconservadores en los cuales ha perdido respaldo, sobre todo entre las llamadas ‘milicias digitales’ ”, agregó Duarte.

Esto tiene que ver con un intento por equilibrar las posiciones del Gobierno, porque muchos tienen vergüenza de apoyar el lado autoritario del gobierno Bolsonaro

En cuanto al episodio de la cúpula militar y el ministro de Defensa, Bolsonaro, un excapitán del Ejército admirador de la dictadura militar (1964-85), colocó desde su llegada al poder en enero de 2019 a militares en puestos claves del gabinete y de escalones inferiores del Gobierno. En las manifestaciones de sus partidarios suelen aparecer pancartas que reclaman un golpe militar bajo su liderazgo, para zanjar sus conflictos con el Congreso y con la Corte Suprema.

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Por eso el cambio en la cúpula militar fue un episodio inesperado, ya que Bolsonaro ha mantenido cerca a los altos mandos castrenses del país. Sin embargo, los analistas estiman que el relevo está relacionado con el descontento de los tres jefes de las Fuerzas Armadas, quienes se opusieron a los intentos de politizar a esos tres cuerpos militares.

Ante el inesperado relevo quedó en el aire la pregunta sobre un posible autogolpe. De hecho, el expresidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) dijo a través de Twitter que, ante los cambios, esperaba que las Fuerzas Armadas se mantengan fieles a la Constitución.

El propio vicepresidente de Bolsonaro, Hamilton Mourão, un general del Ejército, le salió al paso a las declaraciones y dijo que “las Fuerzas Armadas se mantendrían siempre en la legalidad”. Según la prensa brasileña, Bolsonaro respetó en su elección de los nuevos comandantes el criterio de antigüedad, valorado en el sector castrense, y buscó una solución de consenso para rebajar sus críticas que le achacan la voluntad de politizar los cuarteles.

“Bolsonaro no tiene la fuerza política ni social para un autogolpe. Él está en su peor momento. Está aislado políticamente, con poco diálogo. Además, está perdiendo el apoyo de la jerarquía militar (…). Los deseos de golpe de Estado por parte de Bolsonaro pueden existir; las Fuerzas Armadas, al menos por los momentos, no comparten esa idea, por lo tanto, creo que a pesar de muchas especulaciones sobre tal posibilidad, esta es mínima”, acotó el analista Duarte Villa.

Sin embargo, el bolsonarismo sigue apelando a la nostalgia del golpe militar. El pasado miércoles se cumplieron 57 años del golpe de Estado de 1964. Como es costumbre desde que el ultraderechista subió al poder, su administración recordó un nuevo aniversario de esta fecha.

No obstante, Mourão dijo que nada cambiará en el país tras referirse al relevo de los tres máximos comandantes de las Fuerzas Armadas brasileñas.

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Protestas en Brasil

Una mujer sostiene un cartel que dice "las vacunas salvan vidas" durante una protesta contra la dictadura militar y el gobierno del presidente de Brasil Jair Bolsonaro.

Foto:

EFE/ Joedson Alves

¿Hacia dónde va el país?

Desde que el Supremo de Brasil anuló todas las condenas que pesaban sobre el expresidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva y su regreso a la arena política, Bolsonaro ha tenido un giro en su discurso y en algunas de sus políticas. Analistas atribuyen ese cambio al interés del actual presidente para empezar a labrar el camino para una reelección.

Sin embargo, los analistas no creen que la purga en los ministerios y el relevo en las Fuerzas Armadas sean la vía correcta. “(Bolsonaro) está jugando al caos político para, en un estilo populista de derecha, poder movilizar sectores sociales y conservadores. Esto es una estrategia casi irracional porque causa temor social tal posibilidad, al mismo tiempo que pierde apoyo de sectores, como militares, que lo apoyan desde la campaña que lo llevó al poder”, opinó Duarte.

Por su parte, Augusto cree que posiciones más moderadas no podrán alinearse con el bolsonarismo. “(Bolsonaro) va a dejar un legado bastante preocupante. Desde hace un año, las fuerzas más moderadas están intentando controlarlo, para establecer un gobierno que sea menos inestable, pero no se está consiguiendo. Y si lo consiguieran, deshacer los estragos de Brasil se demorarían mucho”, dijo este académico de la Universidad Federal de São Paulo.

CARLOS JOSÉ REYES
REDACCIÓN INTERNACIONAL
EL TIEMPO

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