La defensa del colombiano al que acusan de ser un falso sacerdote

La defensa del colombiano al que acusan de ser un falso sacerdote

Miguel Ángel Ibarra Marín presentó todos los papeles al Vaticano, que resolverá su caso.

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Ibarra, el colombiano acusado de no ser sacerdote.

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EFE

Por: Redacción APP*
13 de febrero 2019 , 12:44 a.m.

Miguel Ángel Ibarra Marín ejercía como sacerdote de la localidad de Medina Sidonia, en el centro de Cádiz (España), hasta que una investigación realizada por sus pares colombianos habría dejado al descubierto que nunca fue ordenado como sacerdote.

Durante muchos años, Ibarra dio misas, casó, bautizó, y hasta ayudó a construir templos en Colombia, para después trasladarse a España a continuar ejerciendo el sacerdocio.

Su llegada a Cádiz se efectuó en octubre de 2017 gracias a un convenio firmado entre  la Diócesis de Ceuta y Cádiz con la Arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia (Antioquia), de la que Ibarra hacia parte.

En diciembre del 2018, tras poco más de un año trabajando en España, la vida de este hombre cambió. Un comunicado que se envió desde Colombia aseveraba que Ibarra “no había sido nunca ordenado sacerdote”.

Los cargos

A Ibarra Marín le notificaron el 13 de diciembre de 2018 que debía responder en Antioquia por los hechos. 

Según, la Agencia Católica de Prensa (ACP), el hombre presentó “documentos adulterados” en Santa Fe de Antioquia, con los que logró su vinculación a la diócesis de ese municipio.

"Hace varios meses surgieron dudas sobre la ordenación y monseñor Orlando Antonio Corrales García, de la Arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia, pidió una investigación profunda. En un comunicado, el prelado explicó que lo había acogido e incardinado con base en documentos que él presentó y que fueron analizados por un experto canonista”, menciona ACP en su portal web.

Sin embargo, señala el texto, "con base en documentos originales y además, comunicaciones con sacerdotes de Tunja, se concluyó que Miguel Ángel no fue ordenado sacerdote. Por ello, se emitió el Decreto No. 531, del 12 de diciembre de 2018, que afirma lo siguiente: el señor Miguel Ángel Ibarra Marín no es sacerdote”.

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Ibarra mostrando algunos documentos con los que quiere demostrar que sí es sacerdote.

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Su defensa

El pasado sábado 9 de febrero, Ibarra regresó a la comunidad de Medina Sidonia para demostrar que sí es un sacerdote.

"Yo estoy haciendo lo que me corresponde, defendiéndome, no puedo esconderme, yo soy sacerdote y tengo todos mis documentos", dijo a la agencia Efe, al tiempo que añadió que envió toda la documentación a Roma y que será el Vaticano la instancia que deberá resolver su caso.

Según contó Ibarra, no entiende cómo después de siete años de ejercer como sacerdote se decidió repasar su documentación. Además, explicó algunas particularidades de su caso.  

En su relato, y según consta en los papeles que llevó a Medina Sidonia, fue ordenado sacerdote el 4 de enero de 1998 por Augusto Trujillo Arango, arzobispo de Tunja, quien pretendía que se integrara en una fraternidad que iba a fundar, Sacerdotes de la Pasión, y que finalmente no llegó a crearse.

El arzobispo, siempre según la versión de Ibarra, firmó el acta de la ordenación ese día, pero no la registró, y un mes después cumplió 75 años y se retiró. Desde 1998 a 2007, año en el que falleció el arzobispo que le ordenó, Ibarra no ejerció como sacerdote.

"Me dediqué en Colombia a trabajar como psicólogo y como cantante, con el nombre de Ángel Serrati", afirmó.

Cuando decidió ejercer el sacerdocio, según manifestó, se presentó ante el arzobispo de la Archidiócesis de Santa Fe de Antioquia, Orlando Antonio Corrales García.

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Ibarra asegura que se dedicó a cantar durante varios años.

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"Él pidió a un juez eclesiástico colombiano que hiciera un proceso de esclarecimiento sobre mi ordenación y el juez, después de un estudio muy largo, concluyó que no existía 'duda prudente' y que mi ordenación había sido válida", complementó.

Y en esta parte, su versión concuerda con lo afirmado por la ACP.

Después llegó su viaje a España, que, continuando con su relato, se dio como parte de una misión de cooperación entre la Diócesis de Cádiz y Ceuta (España) y la Archidiócesis de Santa Fe de Antioquia.

Por ahora, Ibarra espera que el Vaticano tome una decisión, pero eso puede tardar unos tres años.

No sabe cómo será su futuro: si regresará a Colombia a retomar su carrera artística o si encontrará cualquier oficio en su país o en España. Lo que es seguro es que de momento, no podrá vivir como un cura ni aquí ni allá.

Redacción APP
*Con información de EFE

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