‘El tiempo del caudillismo en Nicaragua está llegando a su fin’

‘El tiempo del caudillismo en Nicaragua está llegando a su fin’

Para el escritor Sergio Ramírez, el sandinismo atraviesa una crisis que exige la salida de Ortega.

Manifestaciones en Nicaragua

Quince personas murieron en las manifestaciones del miércoles pasado contra Daniel Ortega. Las protestas no cesan en Nicaragua.

Foto:

Oswaldo Rivas / Reuters

02 de junio 2018 , 10:00 p.m.

El rostro más brutal de Daniel Ortega se dio a conocer en mes y medio de protestas en Nicaragua. Ni siquiera en el día de la Marcha de las Madres, que se efectuó el jueves pasado, el mandatario y su gobierno respetaron el dolor o escucharon los clamores de las mujeres que salieron a las calles a protestar por las muertes de sus hijos durante pasadas manifestaciones. Esa jornada se saldó con 16 muertos, que se suman al centenar que ya había caído en medio de la represión.

Así la crisis, que empezó el 18 de abril, ha venido destapando la forma como los nicaragüenses ven desprestigiado y corrompido el modelo sandinista, que viene rigiendo el país centroamericano, con interrupciones, desde 1979.

Y la bola de nieve ha venido creciendo. Cada vez más ciudadanos se vuelcan a las calles de manera pacífica para manifestar su descontento, que en principio giraba en torno a un incendio forestal, después saltó a una reforma pensional y ahora claramente está dirigido hacia el mal manejo que Ortega ha dado a la crisis.

Así, ha enfrentado a la población civil con la fuerza pública y permitido el despliegue del paramilitarismo. También se ha camuflado en su antigua victoria con el sandinismo para justificar su permanencia en el poder, que suma 11 años consecutivos.

El laureado escritor Sergio Ramírez, oriundo de Masatepe, Nicaragua, y exvicepresidente del primer gobierno de Daniel Ortega, analizó para EL TIEMPO la situación que atraviesa su país, que, incluso, considera está siendo un espejo –en lo que al actuar del Gobierno se refiere– de la barbarie desatada por el dictador Anastasio Somoza García, que fue derrocado por la Revolución sandinista en 1979.

¿Usted se considera un sandinista arrepentido o moderado?

Ni lo uno ni lo otro. Antes que nada yo soy un escritor. Un escritor demócrata que cree en la paz con justicia social.

¿Por qué se llegó hasta este punto crítico?

Porque el Gobierno comenzó reprimiendo de manera indiscriminada para atemorizar a la población, pero logró el efecto contrario; el descontento se multiplicó en las calles. Nunca se han visto en Nicaragua manifestaciones de la magnitud de las de hoy en día. Ya la gente abandonó la etapa de miedo, y eso es un factor muy importante para lo que ocurre.

¿Existen similitudes entre la crisis actual con la de la época de la revolución?

Más bien diferencias. En esa época, lo que había era una revolución armada, mientras que la de ahora es una revolución cívica. La guerrilla sandinista era una guerrilla compuesta por todos los jóvenes del país, estudiantes, no estudiantes, obreros, campesinos y clase media. Ese fue un alzamiento armado.

Esta vez, el ejército no ha intervenido, se ha quedado al margen; es un enfrentamiento entre estudiantes y la población contra la policía y las fuerzas paramilitares, que son las que andan matando a la gente impunemente en los barrios. Ahora estamos viendo desapariciones de jóvenes que son capturados por estas fuerzas para posteriormente asesinarlos.

¿Cómo analiza el papel de los estudiantes en las protestas?

Sin duda, ellos son el actor más importante. Son los que salieron a las calles en abril, los que encendieron esta rebelión cívica y tienen el peso, la autoridad moral y la confianza de la población porque no tienen experiencia política. Además, son parte del diálogo, pero no he visto que sostengan posiciones extremistas, solo buscan una salida democrática para el país, y ello representa necesariamente la salida del Gobierno. La sociedad civil, la empresa privada, la Iglesia católica y los estudiantes, todos están de acuerdo en que Daniel Ortega tiene que salir y dar paso a unas elecciones adelantadas.

La sociedad civil, la empresa privada, la Iglesia católica y los estudiantes, todos están de acuerdo en que Daniel Ortega tiene que salir y dar paso a unas elecciones adelantadas

¿Por qué el Gobierno está tan preocupado por la toma de vías?

El Gobierno está muy preocupado por los llamados ‘tranques’ –toma de vías–, pues son una forma de presión de la sociedad civil y de los campesinos. Hay que sumar el movimiento campesino anticanal, que aunque el canal (interoceánico) no tiene hoy una posibilidad de realizarse, sí logró aglutinar miles de campesinos que temen la expropiación de su tierra, mientras el tratado del canal esté vigente. Ellos también son una fuerza importante.

Hay que tener en cuenta que este país está alzado contra el Gobierno, alzado cívicamente. Cada día hay manifestaciones. En todas las poblaciones de Nicaragua, cada fin de semana, hay 15, 20 marchas, y parte de esas movilizaciones se dan a través de los ‘tranques’.

¿Cuáles eran las condiciones electorales de Nicaragua antes de la crisis?

Las últimas elecciones que ganó Ortega fueron hace dos años y no tuvieron ningún crédito, además de que hubo una abstención altísima. De manera que se han vuelto un ritual burocrático, no una participación de la ciudadanía, porque la gente no va a votar porque no hay por quién votar.

Los partidos opositores están prohibidos o han sido ilegalizados, y los partidos que fueron a las elecciones son consentidos por el régimen. Las elecciones no significan nada, y precisamente uno de los motores de la crisis es este, la ausencia de democracia.

¿Dado el caso, Ortega sí llamaría a elecciones anticipadas?

Es que el país no tiene otro camino. Si Daniel Ortega no cede a la convocatoria de elecciones adelantadas o si no encontramos una salida democrática, vendrá lo que no queremos para el país: una guerra civil.

La guerra civil vino porque Somoza cerró todos los caminos para una sustitución de su régimen. Yo no quisiera que se repitiera la misma historia porque la cuota de sangre y de destrucción del país es muy alta.

Además, eso dependerá de muchos factores. El primero es la economía del país, que es pequeña, muy frágil, y ya han comenzado las corridas bancarias, el retiro de capitales, el receso de la actividad económica y del turismo. Incluso, ya se calcula que la economía caerá entre tres y cuatro puntos solo con los eventos recientes.

Por otro lado, Nicaragua se alimentó por muchos años de las donaciones de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Por lo que, frente a un deterioro tan rápido como el que se está teniendo, con mayor presión el gobierno de Ortega será empujado a buscar una solución.

Si Daniel Ortega no cede a la convocatoria de elecciones adelantadas o si no encontramos una salida democrática, vendrá lo que no queremos para el país: una guerra civil

¿Cómo ve la iniciativa de democratización propuesta por el comité cívico?

Es una hoja de ruta que incluye el adelanto de las elecciones, su verificación internacional, el cambio de las autoridades electorales, el cambio de las autoridades de la Corte Suprema de Justicia, de los demás poderes del Estado. Es una manera de instar a Daniel Ortega a dejar el poder a corto plazo.

¿Ve usted algún aspecto positivo que haya salido a relucir en medio del caos?

Uno de los factores positivos en este momento es que no se habla de candidatos ni de sucesiones, sino de establecer las reglas para que haya unas elecciones justas y legítimas, que se hagan lo más pronto posible. Se puede reformar la Constitución para que se adelanten las elecciones.

Cuando se logre establecer un tribunal electoral confiable, con unas reglas de juego claras, pues se organizarán partidos políticos, y cada quien irá a buscar su propia preferencia. En este momento, lo único que se busca es que existan condiciones democráticas para realizar esas elecciones.

¿Se podría decir que el sandinismo está en crisis?

El viejo sandinismo está en crisis, está muy dividido, y la gente, a la hora de pedir la democratización del país, pide la salida tanto de Ortega como de su esposa, Rosario Murillo.

Esto no quiere decir que el Frente Sandinista vaya a desaparecer como partido; es una fuerza histórica importante en el país, pero tendrá que recomponerse desde adentro y llevar un candidato que sea confiable para los sectores que lo componen y, después, que sea atractivo para la población.

¿Cuál sería un paso acertado para el gobierno de Ortega ahora?

Lo mejor sería que Daniel Ortega se diera cuenta de que su tiempo pasó, que el tiempo del caudillismo en Nicaragua está llegando a su fin y de que él será el último caudillo de este país. Esto para que entremos en una democracia funcional, orgánica, con instituciones fuertes y en donde las elecciones se conviertan en el instrumento para resolver los conflictos políticos y sociales y quede establecida la alternabilidad en el poder.

Uno de los males históricos de este país ha sido la reelección continua de los gobernantes, por lo que con una modificación de la norma, e incluso una constituyente, se podría sacar a personas que quieren quedarse por siempre en el poder.

Si Daniel fuera una persona sensata, pensaría que su contribución a la historia de Nicaragua sería ponerle un alto a su permanencia en el poder y dar la oportunidad a que el país entre por otro camino.

SEBASTIÁN CORREA RODRÍGUEZ
Escuela de Periodismo Multimedia de EL TIEMPO
En Twitter: @scorrea9412

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