‘El gobierno de Bukele debería rectificar su rumbo’: HRW

‘El gobierno de Bukele debería rectificar su rumbo’: HRW

El director para las Américas de la ONG advierte que el líder salvadoñero ejerce un poder despótico.

jose miguel

José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch (HRW) (Foto archivo).

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EFE

Por: Internacional
16 de junio 2020 , 12:26 a.m.

La ONG Human Rights Watch (HRW), a través de su director para las Américas, José Miguel Vivanco, ha advertido sobre el quiebre del orden constitucional en El Salvador por los desacatos del presidente Nayib Bukele al Supremo de ese país y sus constantes desafíos al Legislativo.

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En entrevista con la agencia Efe, Vivanco dijo que El Salvador “está a poca distancia de convertirse en una dictadura”. En diálogo con EL TIEMPO, Vivanco pidió a Bukele que rectifique su rumbo.

¿Por qué El Salvador está próximo a convertirse en una dictadura?

El Salvador está siendo gobernado por un presidente que ejerce su poder de manera despótica. En su primer año, Bukele ha chequeado todos los casilleros de un autócrata. Ha atacado y desafiado a todas las instituciones democráticas que funcionan como contrapeso a su poder, particularmente a la Asamblea Legislativa y la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema.

Desde el comienzo de la pandemia en el país, desobedeció públicamente varias sentencias de la Corte, entre ellas las que le prohibían confinar personas en centros de contención solo por violar la cuarentena. Además, usurpó las competencias de la Asamblea Legislativa, declarando el estado de emergencia vía decreto ejecutivo.

Sus medidas han promovido la militarización de la sociedad para intimidar a sus críticos y lograr sus designios políticos. Luego de un aumento de los homicidios en el país, alentó a las fuerzas de seguridad a usar la fuerza letal contra las maras, sin aclarar que esa opción debe entenderse no como la primera, sino como la última.

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Bukele entra en la categoría de los presidentes populistas, como López Obrador en México y Bolsonaro en Brasil. Gobiernan como si estuvieran siempre en campaña, arengando a sus bases en una confrontación permanente entre quienes son sus incondicionales y los enemigos de la patria.

Nayib Bukele

Nayib Bukele, presidente de El Salvador.

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AFP

¿De qué manera estos enfrentamientos con el Legislativo y el Supremo están quebrando el orden institucional en El Salvador?

Bukele concibe la política como un juego de suma cero: su éxito depende de su capacidad de someter a los otros, es un juego de ganadores y perdedores. Al tener una minoría en la Asamblea Legislativa, Bukele no tiene más remedio que negociar con los legisladores.

Como la construcción de consensos no es los suyo, prefiere gobernar mediante decretos presidenciales o directamente vetando cualquier proyecto que provenga de la Asamblea. Además, ha amenazado reiteradamente con dejar de pagarles los sueldos a legisladores y a magistrados de la Corte.

(Vea aquí: El impactante giro del presidente Nayib Bukele)

Por supuesto, una democracia no funciona así, como se lo recordó varias veces la Corte Suprema. El 9 de junio, y luego de varios meses dictando fallos para evitar las arbitrariedades de Bukele, la Corte declaró inconstitucional la mayoría de sus decretos. La respuesta del mandatario, irresponsable e inmadura, es siempre la misma: tilda de “asesinos” a quienes frenan sus políticas draconianas.

¿Cuáles son los momentos claves con los cuales Bukele quebró el orden constitucional en El Salvador?

Probablemente, el hecho más grave ocurrió el 9 de febrero pasado, cuando Bukele ingresó con militares armados con fusiles al Congreso. El objetivo era amedrentar a los legisladores y obligarlos a que lo autorizaran a contraer un préstamo.

Luego de “dialogar con Dios”, abandonó el recinto de la Asamblea y decidió otorgarles una semana más a los legisladores para aprobar el préstamo. Como la historia lo demuestra desde los tiempos de las Cruzadas hasta la fecha, mezclar la política con la religión no es la mejor fórmula. Por algo existe el Estado laico.

Otra evidencia de lo poco que le importa gobernar de acuerdo a la ley se ve claramente en su respuesta a la Covid-19. Entre sus ideas arbitrarias y caprichosas, inventó un confinamiento de 30 días en centros de contención a todos aquellos que violaban la cuarentena domiciliar.

Ningún país del mundo, con una política sanitaria seria, ha impuesto un confinamiento por más de 15 días sin signos de contagio. Aún peor, en muchos casos, estas personas están hasta 45 días internados forzosamente, en instalaciones hacinadas e insalubres. Al momento, más de 14.000 personas han pasado por centros de contención.

Estas medidas fueron declaradas arbitrarias e inconstitucionales por la Corte Suprema, pero Bukele ha continuado con su política de detención en claro desacato al tribunal.

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Tensión en el Salvador

Militares hicieron presencia en una sesión del Congreso este domingo en San Salvador (El Salvador).

Foto:

Efe

¿Bukele se está escudando en la pandemia del coronavirus para acaparar el poder en El Salvador?

Absolutamente. Bukele usó deliberadamente la pandemia como excusa para tomar medidas de emergencia que le permitieran concentrar poder. Su respuesta fue punitiva, instrumentalizando a las policías y a los militares a cumplir una cuarentena a través del miedo y la intimidación. Bukele y sus acólitos amenazaron a la población con que, de violar la cuarentena, serían llevados a los centros de contención, donde podrían contagiarse de coronavirus.

Asimismo, quiso prorrogar el estado de emergencia por decreto ejecutivo o presionó, mediante el amedrentamiento, a la Asamblea para que aprobaran la ley de emergencia. Esta ley, le confiere amplios poderes para realizar contratos sin licitación, lo que por supuesto abre la puerta a la discrecionalidad y a la corrupción.

Además, lo habilita, en la práctica, a suspender la ley de acceso a la información pública lo cual limita la transparencia y la rendición de cuentas. También perjudica a quienes están en centros de contención, que no tienen información sobre su estado de salud, incluidos los resultados de sus pruebas de covid-19 y no tiene mecanismos para solicitarlos.

(En imágenes: Las impactantes fotos del operativo contra pandillas en El Salvador)

En un principio el país vio al joven Bukele como una opción diferente para sacar el país adelante, ¿qué balance hace del primer año de gobierno de Bukele y a qué le atribuye usted a este giro inesperado del mandatario?

No estoy de acuerdo con que el giro sea inesperado. Creo que Bukele mostró cuál era su manera de gobernar mucho antes de ser presidente. De hecho, creo que fue muy revelador de su poco conocimiento de las reglas democráticas de Bukele, el incidente que protagonizó en 2016 cuando organizó una protesta frente a la Fiscalía que intentaba investigarlo. Evidentemente se trató de un acto de matonería para amedrentar al fiscal.

Durante su primer año, Bukele podría haber utilizado su popularidad para consolidar la democracia en El Salvador y liderar un cambio que impulsara al país adelante. En su lugar, optó por darle vuelo a sus tendencias autoritarias y gobernar mediante la confrontación buscando la concentración de poder.

¿Qué opinión tiene del manejo que Bukele les dio a los recientes brotes de violencia en el país que resultaron en imágenes de presos hacinados y donde se denunciaron malos tratos?

La violencia que ejercen las maras es de una brutalidad grave y muy preocupante y el Estado tiene que hacer todo lo posible para desmantelar, investigar, procesar y condenar a los integrantes de las pandillas.

No obstante, Bukele implementó una “política de mano dura”, mezclando a los miembros de distintas pandillas en la misma celda pese a que lo usual en la política criminal en América Latina es separarlos. Es fácil deducir que el objetivo fue promover la violencia entre ellos. Felizmente, esta situación no se ha dado hasta ahora.

Las imágenes que circularon en las cuentas oficiales del Gobierno sobre las condiciones a las que han sido sometidos los reclusos son deplorables y parte del show mediático que impulsa Bukele: miles de detenidos casi desnudos, sin ninguna medida de distanciamiento social, amontonados, trasladados de una celda a otra sin utilizar mascarillas. En un contexto de pandemia, estas medidas incrementan el riesgo de contagio de los reclusos y, por lo tanto, del resto de la sociedad.

(En otras noticias: Jacinda Ardern y el liderazgo ejemplar en la pandemia en Nueva Zelanda)

Maras en El Salvador

Tras un alza de la violencia en las cárceles de El Salvador, el Ejecutivo tomó represalias contra los líderes de las pandillas salvadoreñas que están presos.

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AFP

¿Cuál es la situación actual que HRW ha podido identificar para la sociedad civil, periodistas y la ciudadanía en general en materia de derechos y libertades?

Afortunadamente, la sociedad civil salvadoreña monitorea muy de cerca lo que ocurre en el país, y se han mostrado muy comprometidos en denunciar los abusos del gobierno, incluso bajo amenazas o campañas de difamación.

Cuestionado sobre sus políticas para contener la pandemia, especialmente por la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y otras organizaciones de la sociedad civil, Bukele constantemente trina con mensajes como que estas organizaciones “solo trabajan para lograr que mueran más humanos”.

Lógicamente, con un Ejecutivo que utiliza todo el poder del estado para presionar e intimidar, esta tarea no es fácil. El rol de los medios de comunicación independiente es fundamental para denunciar y visibilizar lo que ocurre en el país. Es la obligación de la comunidad internacional apoyar estos esfuerzos y potenciarlos.

(En otras noticias: Las estatuas de esclavistas derribadas durante protestas antirracistas)

¿Cuál es el llamado de HRW en esta situación por la que atraviesa El Salvador en este momento?

A nivel doméstico, insistimos en que se respete el orden democrático y se protejan los derechos humanos fundamentales de todos los salvadoreños. El Gobierno debería rectificar su rumbo, empezando por acatar de buena fe y sin rabietas los fallos del máximo tribunal del país. Eso ya creo que sería muy tranquilizador.

Y, además, el Ejecutivo debería mostrar una actitud más abierta al diálogo con los legisladores. A la comunidad internacional, especialmente a la OEA, le hemos pedido reiteradamente que se pronuncie con claridad frente a los graves retrocesos democráticos y los preocupantes atentados al Estado de derecho por parte del señor Bukele. Sin embargo, la OEA y su secretario, Luis Almagro, han mantenido un lamentable silencio.

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