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Latinoamérica

Lula decreta intervención federal y frena el asalto de bolsonaristas en Brasil

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Durante más de cuatro horas, seguidores del expresidente se tomaron las sedes de los tres poderes.

REDACCIÓN INTERNACIONAL (*)
Cientos de simpatizantes del expresidente brasileño Jair Bolsonaro invadieron este domingo las sedes del Congreso, el Tribunal Supremo y el palacio presidencial de Planalto en Brasilia, en rechazo a la investidura del presidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva, que se llevó a cabo el pasado 1.º de enero.
Una marea humana de manifestantes vestidos con los colores amarillo y verde de la bandera nacional invadió las sedes del Poder Ejecutivo, el Legislativo y Judicial en la capital brasileña.
Pese a que las autoridades acordonaron el área alrededor del edificio legislativo, cientos de partidarios del expresidente Bolsonaro se abrieron paso, superaron las vallas, subieron por las rampas y se congregaron en el techo del edificio.
Los hechos, condenados de forma unánime por la comunidad internacional, ocurrieron exactamente una semana después de que Luiz Inácio Lula da Silva asumiera la Presidencia de Brasil. Se trata, además, de la mayor agresión a los poderes republicanos vista desde el golpe de Estado de 1964.
Fueron alrededor de cuatro horas y media durante las cuales los manifestantes se movieron con libertad por esas instalaciones, generando destrozos en el interior, mientras otras decenas rodeaban los edificios, algunos de ellos equipados con palos.
Obras de arte en el suelo, ventanales rotos y equipos y muebles destruidos fue el rastro del caos. El segundo piso del Palacio del Planalto fue totalmente destruido y los manifestantes radicales llegaron hasta el pasillo que conduce al despacho del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en el tercero.
Fuentes de la Presidencia, sin embargo, indicaron que la sala del gobernante no fue invadida por los simpatizantes del expresidente. No obstante, la sala de la primera dama, Rosângela "Janja" da Silva, fue destruida, como registraron fotografías exhibidas por medios locales.
Los manifestantes se subieron a los techos de las 3 instituciones del poder en Brasilia.

Los manifestantes se subieron a los techos de las 3 instituciones del poder en Brasilia.

Foto:EFE

Pese a que los extremistas corearon consignas pidiendo la intervención de las Fuerzas Armadas, los militares no acudieron al llamado y sus comandantes mantuvieron estricto silencio.
Las fuerzas de seguridad recuperaron el control pasadas las 7 de la noche (hora local). Agentes antidisturbios cargaron contra los manifestantes con gases lacrimógenos y establecieron un perímetro alrededor de la plaza de los Tres Poderes.
Sin embargo, en la noche todavía estaban en marcha operaciones para evacuar a los manifestantes de las sedes del poder.
Según informaciones preliminares de la Policía, citada por medios locales, en la noche del domingo había por lo menos 200 personas detenidas por la invasión.

Intervención federal

Ante los graves altercados, Lula, quien se encontraba de viaje en el interior de São Paulo para conocer los daños de las fuertes lluvias de los últimos días, decretó la intervención federal en el área de seguridad del Distrito Federal de Brasilia.
La medida, que estará vigente hasta el próximo 31 de enero, implica que las fuerzas de seguridad de Brasilia estarán bajo control directo del Gobierno federal.
El dirigente también prometió en un pronunciamiento encontrar y castigar a los “vándalos fascistas” que “destrozaron todo lo que encontraron a su paso” en Brasilia y aseguró que identificarán los posibles “financiadores” de esos actos antidemocráticos.
Poco antes del anuncio de Lula, el secretario de Seguridad de Brasilia, Anderson Torres, quien fue ministro de Justicia en el gobierno de Bolsonaro, fue destituido de su cargo al no ser capaz de controlar la situación. El gobierno de Lula solicitó, de hecho, la captura de Torres.
La cúpula de los poderes Legislativo y Judicial también se unieron de forma enérgica y prometieron que los responsables serán “debidamente juzgados y ejemplarmente castigados".
La policía antidisturbios logró controlar la situación pasadas las 7 de la noche.

La policía antidisturbios logró controlar la situación pasadas las 7 de la noche.

Foto:EFE

El episodio vivido este domingo en Brasilia recordó la invasión del Capitolio de Estados Unidos ocurrida el 6 de enero de 2021 por parte de simpatizantes del expresidente Donald Trump que trataron de impedir la certificación del presidente Joe Biden.
Leandro Lima, experto en Brasil de la firma Control Risks, le dijo a EL TIEMPO que los hechos de ayer constituyen una situación inédita. “Las elecciones en Brasil suelen ser respetadas y suelen ser muy pacíficas, por lo que esta reacción violenta en contra de los resultados electorales y de un nuevo presidente son novedosos en el país”, dijo.

Esta reacción violenta en contra de los resultados electorales y de un nuevo presidente son novedosos en el país

La situación, no obstante, no fue del todo sorpresiva, pues centenares de bolsonaristas radicales acampan frente al Cuartel General del Ejército, en Brasilia, desde el día siguiente a las elecciones del 30 de octubre.
Desde entonces, los grupos más extremos reclaman una intervención del Ejército con el objetivo de impedir la vuelta al poder de Lula. “Tenemos que restablecer el orden, tras esta elección fraudulenta”, dijo este domingo Sarah Lima, simpatizante de Bolsonaro y presente durante los disturbios.
Bolsonaro, quien salió de Brasil a finales del año pasado y viajó a EE. UU., reprobó de forma tibia el ataque. “Las manifestaciones pacíficas, dentro de la ley, son parte de la democracia. Sin embargo, el vandalismo y las invasiones de edificios públicos como las ocurridas, así como las practicadas por la izquierda en 2013 y 2017, escapan a la regla”, dijo.
Ahora, el suceso supondrá un reto especial para el nuevo presidente de Brasil, que deberá cuidar el país de nuevos movimientos que intenten un golpe contra su gobierno recién posesionado.
“El gobierno de Lula da Silva tiene que dar una señal de que esta acción antidemocrática y violenta no será tolerada para que esto no se difunda por el país. Pero al mismo tiempo, si hay una reacción policial muy fuerte, esto podría empeorar la violencia que se ve en Brasilia y la reacción de otros grupos bolsonaristas que podrían volver a movilizarse”, le dijo Lima a este diario.

Fuerte condena internacional

Varios Gobiernos de América y Europa, así como organismos como la Unión Europea, la Celac y la Alba, rechazaron este domingo el ataque de seguidores del expresidente brasileño Jair Bolsonaro a la sede del Ejecutivo, la Corte Suprema y el Congreso de Brasil, al tiempo que manifestaron su respaldo a Luiz Inácio Lula da Silva.
El presidente argentino, Alberto Fernández, expreso a través de Twiter su "repudio" a los ataques de los bolsonaristas radicales y manifestó su "incondicional apoyo y el del pueblo argentino" a Lula ante el “intento de golpe de Estado”.
En esa misma línea, el presidente de Chile, Gabriel Boric, salió a respaldar a Lula, y no dudó en calificar el intento de golpe de los ultraconservadores como un "cobarde y vil ataque a la democracia". "Impresentable ataque a los tres poderes del Estado Brasilero por parte de bolsonaristas", añadió a través de redes sociales. 
El presidente estadounidense, Joe Biden, afirmó por su parte que la voluntad del pueblo de Brasil no debe ser socavada y dijo que desea "seguir trabajando" con Lula. "Condeno el asalto a la democracia y la transferencia de poder pacífica en
Brasil", indicó en su cuenta de Twitter el mandatario de EE.UU., quien viajó hoy a El Paso (Texas, EE.UU.), en la frontera con México.
Por su parte, su homólogo colombiano, Gustavo Petro, cercano ideológicamente a Lula, pidió una reunión urgente de la Organización de Estados Americanos (OEA) para atender el intento de "golpe" en Brasil.
"Toda mi solidaridad a Lula y al pueblo del Brasil. El fascismo decide dar un golpe. Las derechas no han podido mantener el pacto de la no violencia. Es hora urgente de una reunión de la OEA, si quiere seguir viva como institución y aplicar la Carta Democrática", dijo Petro en un mensaje publicado en Twitter.

El ataque rememora el asalto al Capitolio de EE. UU.

La invasión este domingo por parte de simpatizantes del expresidente brasileño Jair Bolsonaro de la sede del Ejecutivo de su país, la Corte Suprema y el Congreso Nacional evoca al asalto al Capitolio de EE. UU., cuyo segundo aniversario se cumplió justamente hace tres días y donde cinco personas fallecieron.
Aunque han pasado dos años, las heridas de ese ataque en EE.UU. siguen abiertas, y prueba de ello fue el hecho de que el republicano Kevin McCarthy tardó esta semana hasta quince votaciones en ser elegido por su partido como presidente de la Cámara Baja estadounidense por culpa de un grupo de conservadores trumpistas.
Los simpatizantes de Trump asaltaron el Capitolio después de que el entonces presidente republicano pronunciara un discurso incendiario en el que les instó a marchar hacia el Congreso, cuando las dos cámaras estaban reunidas para refrendar el triunfo electoral de Biden, y en medio de las denuncias infundadas del republicano de que los demócratas habían cometido un fraude en los comicios.
A diferencia de Bolsonaro, cuando se produjo el ataque Trump todavía ocupaba la Presidencia y, de hecho, pronunció su discurso desde la Casa Blanca, en EE. UU.
En el caso de Brasil, el asalto de los bolsonaristas se produce una semana después de la investidura de Lula, quien derrotó a Bolsonaro en la segunda vuelta de las elecciones en octubre.
De una manera similar a Trump, Bolsonaro alimentó el descontento de su base desde su derrota y abandonó la Presidencia sin haber reconocido que perdió en las elecciones, como el estadounidense hizo en su día.
Tanto Bolsonaro como Trump se rehúsan a reconocer la victoria de sus contendientes presidenciales, Lula y el presidente Joe Biden, respectivamente. Trump tampoco acudió a la ceremonia de investidura del demócrata Biden en enero de 2021 y prefirió refugiarse en Florida, en su club costero de Mar-a-Lago.
Ambos fueron aliados políticos durante sus mandatos y sostuvieron en marzo de 2020 reuniones en el club Mar-a-Lago, demostrando así su afinidad no solo en sus políticas y su nacionalismo a ultranza, sino en el estilo y la manera de comportarse.
REDACCIÓN INTERNACIONAL 
*Con información de agencias

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