La inédita Semana Santa que trajo la pandemia del coronavirus

La inédita Semana Santa que trajo la pandemia del coronavirus

En Latinoamérica, iniciativas para acercarse a los fieles han incluido transmisiones por televisión.

Luis Carlos Estrada

Como el padre Luis Carlos Estrada, sacerdotes recorrieron los barrios de su ciudad con el Santísimo para bendecir a sus fieles.

Foto:

Juan Pablo Rueda /CEET

Por: Darío Menor Torres*
16 de abril 2020 , 11:55 a.m.

(Esta historia se publicó originalmente el pasado 11 de abril)

Esta Semana Santa fue la más gris y atípica para millones de católicos en todo el mundo, debido a la pandemia de la covid-19, la cual impidió celebrar procesiones en las calles y obligó a los fieles a seguir las misas a través de internet y televisión ante el confinamiento.

Las restricciones han imperado también en el Vaticano, donde el papa Francisco presidió el jueves la primera de las celebraciones del Triduo Pascual, la misa de la cena del señor del Jueves Santo, que rememora la última cena.

Papa Francisco

El Papa Francisco, durante la celebración de la misa de Domingo de Ramos.

Foto:

AFP

La eucaristía no fue en una cárcel ni en un centro de acogida para inmigrantes, como había venido sucediendo cada año desde que el argentino Jorge Bergoglio inició su pontificado y como solía hacer cuando era arzobispo de Buenos Aires, sino en la basílica de San Pedro. Fue una ceremonia sobria y esencial, con apenas un puñado de fieles y prescindiendo del tradicional rito del lavatorio de pies.

El vía crucis del Viernes Santo se celebró en la vacía plaza de San Pedro y no frente al Coliseo, como ocurría desde hace más de 50 años. Solo cinco reos de Padua, ciudad muy golpeada por el coronavirus, y cinco médicos y enfermeras acompañaron al sumo pontífice.

La pandemia también obligó a posponer la misa crismal que el papa solía celebrar en la mañana del Jueves Santo en la basílica de San Pedro, dedicada a los presbíteros. Fue a ellos a quienes dedicó la homilía durante la eucaristía de la cena del señor.

El Sábado Santo, el papa se sumó recientemente al llamado realizado por Naciones Unidas a favor de un alto el fuego inmediato y mundial para preservar, frente al coronavirus, a los civiles más vulnerables en los países en guerra. “Acallemos los gritos de muerte, que terminen las guerras. Que se acabe la producción y el comercio de armas, porque necesitamos pan y no fusiles”, dijo el sábado en su homilía pronunciada en la basílica de San Pedro, en presencia solo de una decena de fieles.

Que se acabe la producción y el comercio de armas, porque necesitamos pan y no fusiles.

Templos vacíos

El impacto de la pandemia en Semana Santa también se sintió en España, el segundo país europeo más golpeado por el virus después de Italia, donde la población renunció a las famosas procesiones de las cofradías, una tradición popular que data del siglo XVI en ese país.

En Portugal, un país en el que alrededor del 80 por ciento de la población se declara católica, los sacerdotes acudieron a diferentes plataformas y redes sociales para trasmitir la eucaristía, una tarea que se ha hecho esencial durante esta Semana Santa de reclusión. Sin embargo, pese a la virtualidad, según el padre Nuno, de una parroquia de Portugal, “las personas sintieron que la iglesia no estaba cerrada, y que la Iglesia no les ha dejado”, afirmó

Las personas sintieron que la iglesia no estaba cerrada, y que la Iglesia no les ha dejado

Y en América Latina, donde miles de personas acostumbran a salir a las calles, los templos estuvieron vacíos. En São Paulo, por ejemplo, el santuario de Nuestra Señora de Aparecida, mayor templo mariano de la región y construido en honor a la Patrona de Brasil, tuvo que reemplazar por misas virtuales la escenificación del vía crusis, que en 2019 reunió a unos 200.000 fieles.

En Ciudad de México la situación no fue distinta. La histórica y multitudinaria procesión de Iztapalapa tuvo que celebrarse a puerta cerrada por primera vez desde 1843 y retransmitirse a los feligreses.

Sin embargo, hubo algunos fieles, como Mauricio Luna, de 19 años, que ignoraron las medidas tomadas por su país para evitar el contagio del nuevo coronavirus. Él, como cada año, protagonizó la pasión del Cristo por las calles Iztapalapa disfrazado de Jesús.

En Guayaquil, foco de la covid-19 en Ecuador, un cura bendijo desde un helicóptero a los fieles el Viernes Santo, mientras las 27 cuadras por las que debía pasar la procesión del Cristo del Consuelo, que desde hace 60 años aglomera a medio millón personas, estuvieron inermes. Asimismo, en Perú, un país con 85 por ciento de población católica, se canceló la emblemática procesión de Ayacucho, algo que no logró durante 20 años la guerrilla Sendero Luminoso.

Y en Cuba, por primera vez en 60 años de revolución, el Partido Comunista permitió transmitir los principales ritos religiosos de Semana Santa en la radio y televisión estatal.

En Chile, pese a la crisis por el coronavirus, cientos de ciudadanos se saltaron las prohibiciones y viajaron, lo que generó el reclamo de la OMS, que calificó la actitud como una demostración de que aún “no hay conciencia plena” en el país sobre la gravedad de la pandemia.

Mientras que en Bolivia, dos camionetas de la Policía salieron cargando las imágenes del santo sepulcro y de Cristo crucificado en medio de las calles desiertas. El obispo castrense de Bolivia, Fernando Bascopé, bendijo a las personas que esperaban en sus ventanas y balcones ondeando la bandera boliviana.

Papa francisco

El papa Francisco no ha dejado de enviar mensajes en medio de la pandemia.

Foto:

EFE

Finalmente, en este Domingo de Resurrección, el papa Francisco hará la misa en el Vaticano, que concluirá con la habitual bendición urbi et orbi, sin fieles. Un ejemplo que se seguirá en varios países, entre ellos Argentina, donde el arzobispo Mario Poli transmitirá la misa por televisión y streaming.

En Tierra Santa, todo está cerrado

En Tierra Santa, todos los lugares de culto están cerrados al público, incluida la iglesia del Santo Sepulcro, el lugar donde, según cuentan los evangelios, murió y fue sepultado Cristo. Normalmente Jerusalén es el corazón de las celebraciones de Pascua.

En el barrio cristiano de la Ciudad Vieja las calles permanecen desiertas. Es “deprimente”, dijo una mujer de 60 años que lamentó no poder celebrar la Pascua en la iglesia. En 2019, Jerusalén acogió a más de 25.000 personas de todo el mundo para celebrar la Semana Santa. Sin embargo, el domingo pasado, tras las grandes puertas de madera de la iglesia, que puede congregar hasta a 1.500 personas, solo habían unas 15 y todas ellas hacían parte del clero.

DARÍO MENOR TORRES*
Para EL TIEMPO
ROMA
*Con AFP y Efe

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