Cuba: 60 años de una revolución que lucha por mantener su legado

Cuba: 60 años de una revolución que lucha por mantener su legado

El movimiento hoy se divide entre lo que dice el Estado y la realidad de lo que se ve en la calle.

Revolución cubana

Fidel castro (c) celebrando la victoria del movimiento revolucionario sobre el régimen de Fulgencio Batista en enero de 1959. A la izquierda, su hermano Raúl Castro.

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Archivo / EFE

Por: MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO
29 de diciembre 2018 , 08:53 p.m.

Cuando a las 12 de la noche del día 31 las naciones de nuestro paralelo celebren la llegada de otro nuevo año, en Cuba el jolgorio popular auspiciado por el Gobierno celebrará los 60 años del triunfo de la Revolución que lideró Fidel Castro con cohetes, cena de cerdo asado con yuca, bailes y ferias diurnas de venta de demandados productos agropecuarios e industriales.

Otros, generalmente más jóvenes, harán suya la tradición ajena de dar la vuelta a la manzana con una maleta para que se cumpla el deseo de viajar al extranjero.

Este aniversario cerrado es el primero de un presidente, Miguel Díaz-Canel, que a sus 58 años no conoció la dictadura de Fulgencio Batista ni luchó en la Sierra Maestra y no ha conocido otro gobierno en Cuba que el castrismo.

No faltará la gala político cultural en la tarima bajo el balcón central del antiguo Ayuntamiento de Santiago de Cuba donde Fidel Castro proclamó la victoria al entrar el primero de enero de 1959. No faltará la ‘Fiesta de la bandera’, instaurada por el alcalde Emilio Bacardí Moreau en 1900, y que según el imaginario popular la forma en que ondee la enseña nacional indica si el año nuevo será mejor o peor.

Once administraciones estadounidenses y cubanos exiliados anticastristas han intentado acabar con la revolución. Primero fue por las malas: el embargo unilateral aún vigente y recrudecido, la invasión de Bahía de Cochinos –Playa Girón dicen aquí–, campaña de atentados y bombas, transmisiones radiales y de TV.

Ante la evidencia de que nada de eso funcionaba, Barack Obama acordó con Raúl Castro –promotor de la tímida apertura económica– normalizar relaciones. De todas formas, el mandatario afroamericano dijo claramente que el objetivo era el mismo, democratizar la isla, es decir terminar con el sistema de partido único y hegemónico.

Los cubanos con familia al otro lado del estrecho de la Florida respiraron felices y esperanzados. Pero si en el 59 “llegó el comandante y mandó parar”, desde 2017 el parón lo dio Donald Trump.

Revolución cubana

La Habana se prepara para celebrar la revolución cubana, que hace 60 años llevó a Fidel Castro al poder.

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Eliana Aponte

Diplomáticos y corresponsales extranjeros ven un cambio destacable. Señalan que donde más se nota es en la forma de comunicación. Hasta su retiro por motivos de salud, Fidel Castro acostumbraba a participar en actos en los que pronunciaba discursos de varias horas.

Los discursos de sus dos sucesores, su hermano, el general Castro y desde abril pasado Díaz-Canel, son los justos e inevitables. Ambos siguen la tónica de los tiempos abriendo cuentas de Twitter. El actual gobernante es muy activo. Con 140 o 240 caracteres se pronuncia sobre diversas materias y responde a comentarios de sus compatriotas, algunos bastante duros.

“Llevan 60 años diciendo lo mismo”, escribió Maikel. También desde esa y otras redes sociales opositores piden: “Síguenos, porque hay 60 años de razones para no permitir #Ni1MasCuba”.

Contrarrestando las descalificaciones vía internet, la presidencia, la Asamblea Nacional, y la mayoría de sus ministros han salido al nuevo campo de batalla. Han abierto cuentas dejando atrás –más por obligación que por devoción– los tiempos de incomunicación y secretismo. La consigna es que todos los dirigentes deben tener informado a un pueblo que se parece muy poco al de entonces.

La Revolución Cubana es invencible, crece, perdura. El 2018 ha sido un año de arduo trabajo para nuestro pueblo: Miguel Díaz-Canel

El legado de Fidel

Mientras, Raúl Castro, a sus 87 años, vela desde la Secretaría General del Partido Comunista de Cuba (PCC) por mantener el legado de su fallecido hermano. Es consciente de que a la gente no le basta saber que la salud y la educación son logros de este país que insiste en ser “comunista” en lugar de “socialista”, como pidieron planteamientos más ortodoxos en la propuesta de la nueva constitución que aprobó la semana pasada el parlamento y será votada en referendo el 24 de febrero.

En ella, y ante el rechazo de una sociedad conservadora en materia de género, quedó fuera y para ser sometido a referendo en dos años, la legitimación de las parejas del mismo sexo.

También se ve una dicotomía entre lo que declara el Estado y lo que siente la calle. Viendo los medios de comunicación contando lo bien que le va al país, que el crecimiento “no llegó a lo previsto” pero es de 1,2 %, y que la inversión extranjera –esencial para mantener que los números vayan en ascenso– tampoco ha captado los 2.500 millones de dólares anuales.

Revolución cubana

El 2018 se va con cerca de 5 millones de visitantes a Cuba. De ellos, 600.000 llegan en cruceros desde Estados Unidos.

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Eliana Aponte

Las empresas extranjeras, mixtas o en solitario, negocian con contrapartes estatales y, aun cuando la mayoría aguanta a pulmón un plazo medio de pago de seis meses, mantienen y aumentan su presencia en Cuba y muestra un plano macroeconómico positivo. Venden maquinaria, material de construcción, alimentos, o gestionan compañías hoteleras.

Este sector es uno de los puntales de la economía. El 2018 se va con cerca de 5 millones de visitantes. De ellos, 600.000 llegan en cruceros desde Estados Unidos, y casi otro tanto corresponde a emigrantes, que con cerca de dos millones representan más del 10 por ciento de los 11 millones de cubanos. A ellos se suman los que salen y trabajan en otros países y regresan antes de los dos años la isla.

Que en los últimos 10 años los cubanos puedan entrar en hoteles, comprar viviendas –una en la ciudad y otra en el campo o playa– y autos, ser titulares de líneas de teléfono, disponer de internet en las casas –aún incipiente– o en los móviles, son cambios innegables. Indican que el derecho está, pero la diferencia de clases es innegable.El ‘cuentapropismo’ continúa siendo el “complemento” de las empresas estatales. Es necesario, hacen trabajos que el Estado no puede, pero hasta Díaz-Canel salió a defenderlos porque “no son enemigos”.

Revolución cubana

Aunque es considerado un lujo inalcanzable para muchos, los cubanos ahora pueden ser titulares de líneas de teléfono, disponer de internet en las casas o en los móviles.

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Eliana Aponte

Todo eso está muy bien, pero los servicios de Etecsa (telefonía móvil e internet), los hoteles o comer en paladares son prohibitivos para trabajadores que no tengan divisas. No todos los podemos pagar. Y aún somos muchos que no tenemos ni telefonía fija”, dice a EL TIEMPO Laura Sánchez, quien dejó de trabajar como directiva de tiendas estatales para irse al sector privado.

Temas tan importantes para la vida, como la alimentación, el transporte y la vivienda son críticos

La bibliotecaria Eugenia Valdés, de 60 años, comenta a este diario que “la revolución me ha educado y he tenido servicios de salud que, aunque tienen dificultades, son gratuitos. Son las banderas de nuestro proceso, pero los temas tan importantes para la vida, como la alimentación, el transporte y la vivienda son críticos. Y conforme pasan los años, en vez de mejorar, empeoran y se encarecen considerablemente. En resumen, no hemos logrado un aparato político y económico fuerte que permita desarrollar el país y elevar el nivel de vida de la población”.

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO
Corresponsal de EL TIEMPO
La Habana

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