Víctimas, irritadas tras cumbre antipederastia

Víctimas, irritadas tras cumbre antipederastia

La campaña de ‘tolerancia cero’ del Vaticano se convirtió en una de ‘credibilidad cero’, dicen.

Papa Francisco

El papa Francisco en la última jornada de la cumbre antipederastia.

Foto:

Reuters

Por: Darío Menor Torres 
25 de febrero 2019 , 01:09 a.m.

La conferencia sobre pederastia eclesial celebrada en el Vaticano en los últimos cuatro días, una cita inédita en la Iglesia católica que había generado enormes expectativas, concluyó este domingo con una declaración descafeinada del papa Francisco que provocó indignación en las asociaciones de víctimas de sacerdotes y religiosos abusadores.

Esperaban una retahíla de medidas concretas, pero se encontraron con una declaración de intenciones que recuerda que la mayor parte de los abusos se dan en las familias y enmarca este problema en un contexto social más amplio.

Francisco les presentó a las Iglesias locales ocho directrices a seguir partiendo de pautas “ya en vigor a nivel internacional y a nivel eclesial”. Entre ellas destaca el compromiso de llevar ante la Justicia “a cualquiera que haya cometido tales crímenes”. No es algo nuevo, pues ya lo planteó el pasado diciembre durante su discurso a los miembros de la Curia romana.Queda ahora en manos de los presidentes de los episcopados, patriarcas de las Iglesias orientales y superiores de las congregaciones religiosas que esas normas se cumplan y la comunidad católica ponga fin a décadas de encubrimiento y negación del problema.

En su mensaje al final de la misa celebrada en la Sala Regia del Palacio Apostólico con la que se clausuró la cumbre, Francisco echó mano de las estadísticas para recordar que el ejemplo más habitual de esta lacra tiene como protagonista a una niña que sufre abusos por parte de un varón que es familiar suyo directo. Luego centró el foco en la pederastia eclesial.

“La inhumanidad del fenómeno a escala mundial es todavía más grave y más escandalosa en la Iglesia, porque contrasta con su autoridad moral y su credibilidad ética”, reconoció.

El Pontífice pidió a los 190 presidentes de episcopados y miembros de la alta jerarquía eclesiástica que participaron en el simposio que afronten con “mayor seriedad” el problema, recordándoles el “deber de escuchar atentamente el sofocado grito” de las víctimas.

Insistió Bergoglio en que la “misión” de la Iglesia es proteger a los niños de los “lobos voraces”. Su objetivo debe ser “escuchar, tutelar, proteger y cuidar a los menores abusados, explotados y olvidados, allí donde se encuentren” por encima de cualquier “polémica ideológica o periodística”, insistió.

Las asociaciones de supervivientes de sacerdotes y religiosos pederastas, que plantearon una suerte de 'cumbre paralela' estos días en Roma con continuas protestas, se tomaron como un insulto la alocución de Bergoglio. “El Papa ha dado un guantazo a las víctimas”, lamentó el español Miguel Hurtado, fundador de la asociación Infancia Robada.

Hurtado consideró “muy genéricos” los ocho puntos detallados por el Pontífice para atajar esta cuestión y criticó algunas ausencias del discurso, como la expulsión de los obispos encubridores, la necesaria indemnización económica a las víctimas o la obligación de entregar los archivos sobre abusos a las autoridades.

Francesco Zanardi, fundador de la asociación de supervivientes italiana Rete L'Abuso, se mostró igual de desilusionado por el resultado de la cumbre. “Esperábamos mucho más”, dijo, lamentando la falta de procedimientos concretos. Consideró que “la campaña de 'tolerancia cero' frente a los abusos presentada por el Vaticano ha acabado convirtiéndose con este encuentro en una campaña de 'credibilidad cero'” para la institución.

Tras el fin del simposio en el Vaticano el trabajo continúa para hacer frente a este problema. El moderador de la cumbre, el jesuita Federico Lombardi, adelantó tres medidas concretas en las que trabajarán los promotores de la reunión y que, según dijo, serán aprobadas en breve.

La inhumanidad del fenómeno a escala mundial es todavía más grave y más escandalosa en la Iglesia.

La primera es la aprobación de un 'motu proprio' sobre protección de menores dentro del Estado de la Ciudad del Vaticano, que paradójicamente no cuenta todavía con una legislación específica al respecto. También se publicará un 'vademécum' en formato de preguntas con respuesta para explicar de forma clara a los obispos cómo deben actuar cuando surja un posible caso de abuso.

La tercera medida será la creación de grupos de trabajo formados por expertos en la materia para que asesoren a los episcopados o diócesis con menores recursos o personal capacitado.

Darío Menor Torres
Para EL TIEMPO
Roma

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