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Los dolores de cabeza que le provocan a Boris Johnson la era ‘posbrexit’
Boris Johnson

El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson.

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Jessica Taylor. AFP

Los dolores de cabeza que le provocan a Boris Johnson la era ‘posbrexit’

El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson.

La salida de la Unión Europa, sumada a la pandemia, confluye en una ‘tormenta perfecta’. 

El primer ministro británico, Boris Johnson, navega en aguas turbulentas, en medio de lo que algunos analistas han llamado “la tormenta perfecta”, que no solo amenaza su futuro político sino el del Reino Unido.

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El sagaz y carismático gobernante de 57 años ha tenido que timonear su país tratando de solventar los devastadores efectos a 18 meses de la pandemia del covid-19 y los tropiezos en sus sueños de tomar el control total de su país, tras la salida definitiva de la Unión Europea (UE) en enero pasado con la luz verde para el 'brexit'.

El olfato político de Johnson, quien se ganó la confianza de los británicos en diciembre del 2019 en medio de los duros cinco años de negociaciones con el bloque europeo, no alcanzó para imaginarse que sus aires libertarios del yugo de Bruselas se complicarían por los entramados leguleyos de tres décadas de convivencia en la UE, agravado con una crisis pandémica que ha puesto de rodillas las sólidas finanzas de su país.

A estas alturas Johnson se enfrenta al prospecto de unas navidades no muy felices sin haber podido contener del todo la pandemia y cuando la llegada de los meses invernales se avecinan con los anaqueles de supermercados y farmacias medio vacíos.

Algo que se suma a la escasez de trabajadores en sectores estratégicos, que antes del 'brexit' llegaban libremente desde Europa del este y que ahora deben pasar por requisitos estrictos de visas de trabajo, lo que dificulta su contratación.

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El Reino Unido sufre la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial, con una caída del PIB del 9,7 por ciento

Esa política afecta en gran medida el transporte pesado, con un déficit de casi 100.000 conductores de tractomulas, y el agroindustrial, con una falta de cerca 30.000 de mano de obra. De hecho, las ofertas de trabajo alcanzaron máximos históricos impulsadas por la escasez de trabajadores.

Por el lado de la salud, el gobernante británico se ha topado con las advertencias científicas sobre una cuarta ola de pandemia en los meses venideros que se combinan con la gripa estacional, lo que podría poner al Reino Unido en una crisis sanitaria más grave que la vivida en el peor pico de la epidemia en el 2020.

Según expertos, para octubre podría haber entre 2.000 y 7.000 personas por día hospitalizadas en Inglaterra, a menos que el Gobierno implemente una “canasta de medidas” severas.

Paradójicamente, el viernes la administración Johnson anunció que simplificará sus restricciones a la movilidad internacional y dejará de exigir, a partir del 4 de octubre, un test de covid-19 previo al viaje hacia Inglaterra de las personas vacunadas procedentes de países de bajo riesgo.

A eso se suma su intención de levantar todas las restricciones y ayudas públicas, respaldado por la exitosa y costosa campaña de vacunación de los más de 60 millones de británicos. “Johnson no la tiene nada fácil”, aseguró a EL TIEMPO Liz Young, analista del centro financiero londinense, conocido como La City, al referirse a que el Reino Unido sufre “la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial, con una caída del PIB del 9,7 por ciento y un déficit fiscal de más 9.000 millones de libras esterlinas en el último año”, según las cifras de la Oficina de Estadísticas Nacionales Británicas.

En ese sentido, las estimaciones provisionales indican que, en el año fiscal de marzo de 2021, el sector público tomó prestado 298.000 millones de libras esterlinas, equivalente al 14,2 por ciento del PIB del Reino Unido, la proporción más alta desde marzo de 1946, cuando en el año fiscal fue del 15,2 por ciento.

El desempleo y la inflación también le causarán dolores de cabeza a Johnson en los próximos meses, según las previsiones de expertos. Por un lado, si bien se ha logrado mantener contenida la tasa de desocupación laboral en 4,6 por ciento gracias a un programa de retención de empleo, conocido en inglés como Furlough, hay un gran temor a que los despidos se disparen en octubre, cuando finalice el programa que establece que el Gobierno paga del 80 por ciento del salario a los trabajadores de las empresas afectadas por el confinamiento durante la pandemia.

Por el otro lado, la inflación superó el 3,2 por ciento en agosto y se cree que el costo de la vida estará en sobre el 3 por ciento para finales de año, muy por encima de la meta del 2 por ciento del Banco de Inglaterra.

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Las movidas del 'premier'

Ante las temidas cifras, el premier decidió ser más agresivo sacudiendo el estamento económico y político británico esta semana. Johnson anunció un alza de impuestos del 1,25 por ciento al Seguro Nacional y de Empleo; en relación con el posbrexit, eliminó de forma unilateral las restricciones arancelarias a las importaciones europeas para resolver las fallas de abastecimiento. Como estocada final realizó una profunda reestructuración de su gabinete con miras a “premiar” a sus copartidarios en el Parlamento para recibir su apoyo de cara a las elecciones del 2024.

“Johnson está muy apurado en deshacerse de la camisa de fuerza del brexit y de los altos costos de enfrentar la pandemia, porque las cifras en rojo del Tesoro Nacional no le dan y le teme al costo político de cara a una reelección en el 2024”, aseguró Heather Stewart, comentarista política del diario británico The Guardian.

El vendaval al que se enfrenta el Gobierno británico tiene que ver con las exportaciones al mercado europeo. Desde enero pasado hasta la fecha, las reglas del posbrexit –con más tramitología– han golpeado la colocación de sus productos en el mercado comunitario.

Según Daniel Clark, analista de la organización Statista, la balanza comercial británica con el bloque europeo ha estado cayendo de manera constante con un déficit de más de 4.893 millones de libras esterlinas, registrado en junio.

Esto lo sintió en carne propia el consorcio británico Marks & Spencer, que dijo que cerraría las 11 tiendas de alimentos de franquicia francesas que administra con su socio SFH porque las reglas comerciales vigentes desde que el Reino Unido abandonó la UE habían afectado la disponibilidad del producto.

El presidente del consorcio, Archie Norman, se ha quejado durante meses de que su cadena de tiendas estaba luchando para llevar bienes a Irlanda y Francia desde que los británicos abandonaron el mercado único de la UE a principios de año, debido a la “enorme cantidad de papeleo adicional”.

MARÍA VICTORIA CRISTANCHO
Para EL TIEMPO 
LONDRES

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