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Así fue la histórica visita de Felipe de Edimburgo a Colombia
Visita del Principe de Edimburgo a Colombia

Visita del Principe de Edimburgo a Colombia. Febrero 1962

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El Tiempo

Así fue la histórica visita de Felipe de Edimburgo a Colombia

Crónica del viaje del esposo de la reina Isabel II  a su llegada a Bogotá en 1962.

Entre los maratónicos viajes que realizó el Duque Felipe de Edimburgo, fallecido este viernes a los 99 años en Inglaterra, se destaca el que realizó en febrero de 1962 a Colombia.

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El príncipe Felipe llegó al país sin la presencia de la reina Isabel II y fue recibido por el entonces presidente Alberto Lleras Camargo con honores de Estado a su llegada a  Bogotá.

EL TIEMPO cubrió en detalle la visita real destacando la enorme empatía que el duque de Edimburgo generó entre los colombianos, pese a la inclemente lluvia que lo acompañó a lo largo de la caravana que lo llevó del aeropuerto El Dorado hasta la Plaza de Bolívar. 

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Incluso, el príncipe Felipe rompió el protocolo para felicitar a uno de los generales colombianos de entonces, le generó curiosidad la estatua del Libertador Simón Bolívar y pudo visitar sitios de interés como el Museo del Oro y la Catedral de sal de Zipaquirá.

A continuación replicamos la crónica publicada el 15 de febrero de 1962 sobre la visita del esposo de la reina Isabel II que relata con sumo detalle cómo fue el primer día de la visita de Felipe a nuestro país.

El duque de Edimburgo fue auxiliado por el jefe de protocolo de su visita oficial a Colombia, quien lo protegió con un paraguas de la fuerte lluvia en la Plaza de Bolívar.

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EL TIEMPO

Bogotá recibió a Felipe bajo lluvia torrencial

En una tarde típicamente londinense, el príncipe Felipe de Edimburgo hizo ayer su entrada a la capital de la república bajo una lluvia inclemente, y respondió de pie en el automóvil descubierto de la presidencia el saludo efusivo de decenas de miles de bogotanos que se volcaron sobre las calles para darle la bienvenida.

Erguido elegantemente sobre el piso del automóvil -Mercedes-Benz- de color negro y capota gris, el esposo de la reina Isabel II de Inglaterra soportó un fuerte aguacero que cayó sobre la capital apenas unos minutos después de su llegada.

Incólume bajo la lluvia, el príncipe descendió del automóvil en la Plaza de Bolívar a las 2:25 de la tarde, y colocó una ofrenda floral ante la estatua del Libertador, para dirigirse enseguida al Palacio de San Carlos donde le esperaba el Presidente de la República, doctor Alberto Lleras.

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El príncipe consorte de Inglaterra permaneció rígidamente de pie ante la estatua del Libertador, mientras la banda del batallón Guardia Presidencial interpretó los himnos nacionales de la Gran Bretaña y de Colombia.

Miró fijamente el monumento sosteniendo su sombrero en la mano izquierda. El famoso personaje de la realeza británica no hizo siquiera un leve gesto, a pesar de que las gotas de lluvia caían sobre su rostro y humedecían su traje.

Como si estuviera prestando un juramento militar, el príncipe se mantuvo en posición “firme” hasta escuchar el último canto y luego se acercó a monumento para leer sus inscripciones.

Cinco minutos antes, el esposo de la reina Isabel había terminado un desfile de 20 minutos.

El recorrido del duque de Edimburgo sobre la carrera Séptima de Bogotá fue presenciado por miles de personas que le lanzaron una lluvia de confeti. 

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EL TIEMPO

En el aeropuerto

Desde el aeropuerto internacional El Dorado hasta la primera Plaza de Bogotá, a lo largo del cual millares de personas le saludaron con pañuelos blancos, y la lluvia se meció con el confeti lanzado desde los edificios.

En el aeropuerto, el avión real británico que condujo al príncipe y a su comitiva, 14 personas, al aeropuerto El Dorado, aterrizó en la pista central a la 1:50 minutos de la tarde, con 40 minutos de anticipación a la hora fijada de antemano en el programa de recepción.

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Para ese momento, el comité designado para ofrecerle el saludo del Gobierno Nacional se encontraba reunido ya en la plataforma de El Dorado, y un contingente de la Escuela Militar de Cadetes, en estricta formación, estaba listo para rendirle los primeros honores.

El avión se detuvo exactamente a las dos menos cinco minutos, frente a la tribuna de honor levantada en el aeropuerto especialmente para los actos de recepción del príncipe. En ese momento, el canciller José Joaquín Caicedo Castilla, y el embajador de la Gran Bretaña en Colombia, señor Alfred Stanley Fordham, avanzaron hasta colocarse a tres metros de la escalerilla colocada en la puerta del aparato.

Miles de personas estuvieron atentas a cada una de las acciones de Felipe en Colombia que incluyó encuentros con altos mandos y diplomáticos.

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EL TIEMPO

Los honores

El príncipe apareció en la portezuela del avión unos instantes después, y la muchedumbre agolpada en la plataforma, tras un cordón policial, lo saludó con una ovación. Al descender la escalerilla, los primeros en estrechar su mano fueron el canciller Caicedo Castilla y el embajador británico.

El príncipe fue conducido por funcionarios del protocolo y presentado a todos los miembros del comité de recepción, entre los cuales se encontraban el ministro de guerra, Mayor General Rafael Hernández Pardo, y el decano del cuerpo diplomático y nuncio apostólico, Monseñor José Paupini, y otras altas personalidades. Las ceremonias de recepción en El Dorado se realizaron cuando aún brillaba el sol en el cielo bogotano.

El príncipe, desde la tribuna de honor, escuchó rígidamente de pie los himnos de los dos países y luego pasó revista a las tropas. Hecho esto, rompió por primera vez el estricto protocolo para dirigirse a uno de los oficiales colombianos con el objeto de felicitarlo.

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El príncipe expresó su admiración por el comportamiento marcial y la presentación del contingente militar que le rindió honores. Luego fue conducido al automóvil encapotado de la presidencia de la república, y tomó asiento allí junto con el embajador de Colombia en la Gran Bretaña, doctor Virgilio Barco, y con el contraalmirante Cristopher Bonham-Carter, tesorero de la Casa Real y primer miembro de su comitiva.

Elegante sencillez

El Principe Felipe de Edimburgo llega a la ciudad de Cartagena, Colombia.

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Alfonso Ángel Naranjo

El príncipe lucía un elegante y sencillo traje de color verde oscuro, con saco de dos botones. Tenía zapatos negros, y sus medias, corbata y sombrero de color ‘carmelita’ hacían juego discreto con el vestido.

Llevaba una camisa blanda de cuello largo, y del bolsillo superior del saco salían apenas ligeramente un pañuelo blanco, puesto en forma recta.
Prácticamente durante todo su recorrido desde el aeropuerto hasta la Plaza de Bolívar, el príncipe llevó su sombrero en la mano izquierda.

En algunos momentos lo colocó sobre el asiento trasero del automóvil, para saludar con el brazo derecho en alto mientras con el izquierdo se sostenía de la silla delantera. Cuando llegó al Palacio presidencial, el príncipe sacó de un bolsillo interior de su saco otro pañuelo blanco, con el cual se secó el rostro mojado por la lluvia.

La portada de EL TIEMPO del 15 de febrero de 1962 que destacaba el primer día de la visita oficial del príncipe Felipe.

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EL TIEMPO

Siempre descubierto

El desfile se inició en El Dorado con buen tiempo, aunque la tarde gris amenazaba lluvia. La comitiva subió rápidamente, a una velocidad aproximada de 75 km por hora, por la autopista que conduce al aeropuerto.

Luego tomó la avenida de las Américas hasta la primera glorieta, y en este lugar se dirigió hacia el oriente por la calle 34.

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En el trayecto recorrido, hasta ese momento, miles de personas, especialmente mujeres y niños, saludaron y aclamaron al príncipe, que respondió siempre con el brazo en alto desde el automóvil descubierto.

En la calle 34 comenzó a caer la lluvia, y el chofer del automóvil que conducía al príncipe detuvo la marcha para subir la capota y evitar en esta forma que el esposo de la reina Isabel II fuera mojado por la lluvia. El príncipe, sin embargo, pidió que se mantuviera el carro descubierto para poder saludar al público que lo ovacionaba.

En su visita al colegio Anglo Colombiano, el príncipe Felipe conversó con algunas alumnas. 

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EL TIEMPO

Aclamaciones

Mientras la lluvia arreciaba, la comitiva prosiguió su marcha hacia la carrera 13 en medio de una creciente muchedumbre agolpada a ambos lados de la vía. Al llegar a esa avenida, ya no caía apenas una lluvia ligera sino un fortísimo aguacero, que cubría totalmente la visibilidad de los conductores, de los automóviles y obligaba a las gentes a buscar la manera de guarecerse.

No obstante, el público permaneció en las aceras, y el príncipe siguió de pie en el automóvil respondiendo al saludo de la muchedumbre con el brazo derecho en alto.

El paso de la comitiva por la carrera 13, y después por la carrera Séptima, que fue tomada por los automóviles en la Plaza de San Martín, fue recibido con aclamaciones. Las gentes estrecharon en varias oportunidades el cordón tendido por la Policía para acercarse al vehículo presidencial que conducía al príncipe, y este último pidió detener la marcha en dos ocasiones para responder los saludos de la multitud.

Lluvia y confeti

EL TIEMPO cubrió la visita del príncipe Felipe en 1962

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EL TIEMPO

Al tomar la carrera Séptima, la lluvia cedió ligeramente pero continuó cayendo sobre la comitiva. Entretanto, desde los grandes edificios, a partir de la calle 22 comenzó a caer otra lluvia, esta de confeti lanzado en homenaje al visitante.

El automóvil del príncipe, seguido por el del canciller, el del embajador británico, el del nuncio apostólico, el del alcalde de Bogotá y el del ministro de guerra, circuló lentamente por la carrera Séptima hasta llegar a la Plaza de Bolívar.

En la esquina de la Avenida Jiménez, donde se encuentra situado el edificio de este diario, la muchedumbre era especialmente densa y se hallaba concentrada en los costados de las dos vías. Al paso de la comitiva, las gentes prorrumpieron en vítores, que fueron respondidos por el príncipe, saludando con la mano y haciendo inclinaciones de cabeza.

El rubio y alto esposo de la reina de Inglaterra “se robó” las simpatías de los bogotanos en menos de 15 minutos, tiempo que duró el desfile de los automóviles por las principales avenidas de la capital.

Luego de Bogotá, el príncipe Filipe visitó Cartagena donde también fue recibido con honores.

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EL TIEMPO

En la Plaza de Bolívar

Al llegar a la Plaza de Bolívar, y aún bajo la lluvia, el príncipe se apeó del vehículo en medio de nuevas aclamaciones del público que colmaba los costados de la Plaza y se hallaba concentrado en las cuatro esquinas.

Luego se dirigió, a paso lento, y acompañado por el canciller, el embajador británico, el doctor Barco y el jefe de protocolo, hacia la estatua del Libertador Simón Bolívar.
El príncipe pasó en medio de una calle de honor formada por el batallón Guardia presidencial al pie del monumento.

La tropa presentó armas al personaje real, y luego cuando este llegó al pedestal de la estatua, la banda del batallón comenzó a interpretar el himno de la Gran Bretaña.

El príncipe, rígidamente de pie ante la estatua, y acompañado por el canciller –a su derecha- y el embajador británico –a su izquierda- así como por el embajador Barco y el jefe de protocolo, se mantuvo en posición “firmes” durante cinco minutos hasta que la banda interpretó también el himno nacional de Colombia.

Barro en el traje

Cuando el esposo de la reina Isabel se dirigió a la estatua del libertado y tomó la ofrenda floral para colocarla a su pie –una vez terminados los himnos- la elegancia impecable de su traje se vio deslucida por unas gotas de barro que cayeron sobre su saco.

La corona, que estaba colocada sobre el suelo, estaba enlodada a causa de la lluvia en la parte inferior, y cuando el príncipe la levantó, algunas gotas de barro cayeron sobre el traje.

Inicialmente, el príncipe no se percató siquiera del hecho, pero luego, al llegar al palacio presidencial, se dio cuenta de ello y limpió su traje con su propio pañuelo.

Otra vez sin capota

En los breves minutos que el príncipe permaneció en la Plaza, el chofer del Mercedes-Benz presidencial decidió subir la capota del automóvil. Sin embargo, cuando el príncipe volvió al vehículo, pidió nuevamente que se dejara descubierto para poder responder a los saludos de la muchedumbre agolpada en las calles.

Así nuevamente, con el automóvil descubierto, y de pie sobre él, el príncipe se dirigió al Palacio de San Carlos. En su breve permanencia en la Plaza, ante el monumento del Libertador, observó detenidamente las inscripciones de la estatua y pidió algunas explicaciones sobre ellas.

Al regresar al vehículo, fue el primero en subir a él. Y una vez dentro se inclinó hacia adelante para abrir la puerta a su edecán naval. A su lado tomó asiento el embajador Barco, quien luego lo acompañó a San Carlos, junto con el canciller y el embajador británico, así como el resto del comité de recepción.

Con el presidente

El príncipe Felipe hizo su entrada al palacio presidencial a las 2:40 p.m. y fue recibido casi inmediatamente por el presidente Lleras en el salón de audiencias en el cual se reunieron hace poco al primer mandatario y el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, cuando este último visitó el país.

En el salón, el presidente Lleras y el príncipe Felipe, alternando la conversación seria con el buen humor, permanecieron hasta pocos minutos después de las cuatro de la tarde. Enseguida el esposo de la reina salió de la sede presidencial para dirigirse al Banco de la República.

Su paso por la carrera Séptima fue presenciado por millares de personas que le aclamaron nuevamente y que se agolparon en las cuatro esquinas del cruce de la Avenida Jiménez. Durante todo el tiempo en que permaneció dentro del edificio del banco hasta verlo salir.

El príncipe salió del banco, tras una visita al Museo del Oro en la cual fue acompañado por el gerente del emisor, doctor Eduardo Arias Robledo. A las 4:30 p.m. un destacamento de la policía militar le presentó armas al salir, y nuevas aclamaciones subrayaron su paso por la Avenida Jiménez hacia el occidente.

El presidente Lleras Camargo ofreció una cena en honor a su alteza real.

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EL TIEMPO

Descanso merecido

El príncipe hizo luego una rápida visita a la casa Thomas de la Rue, y se dirigió luego al club militar, siempre en medio de una gran muchedumbre que le aclamaba desde los costados de la vía. En el club, disfrutó su primer descanso hacia las 5:15 p.m.

El esposo de la reina Isabel reposó algunos minutos en la suite del club militar, que fue destinada para alojarlo durante los tres días que permanecerá en Colombia. Luego comenzó a preparase para la comida que le fue ofrecida por el presidente Lleras, en el Palacio de San Carlos.

Otros detalles de la visita

Portada de EL TIEMPO del viernes 16 de febrero de 1962.

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EL TIEMPO

El segundo día de la visita del príncipe Felipe a Bogotá, será también de intensa actividad para el esposo de la reina. En las horas de la mañana visitará el colegio Anglo Colombiano, y antes de las 11 de la mañana saldrá de allí para dirigirse a la embajada británica.

Tras una corte permanencia en la sede diplomática, el príncipe será conducido a la fábrica Glaxo, en la autopista norte, para que realice una visita a sus instalaciones. Posteriormente se trasladará a la fábrica Colmotores donde se le ofrecerá un almuerzo.

En las primeras horas de la tarde, el príncipe irá a Zipaquirá y visitará la Catedral de sal para regresar luego al Polo club. De este último lugar saldrá aproximadamente a las 7:00 p.m. hacia el club militar, donde ofrecerá por la noche una comida con un grupo de destacadas personalidades.

Entrega de documentos sobre la historia colombiana 

Durante la visita de su alteza real, el príncipe Felipe duque de Edimburgo al señor presidente de la República, hizo entrega al primer mandatario de una serie de libros y documentos de los archivos diplomáticos del Foreign Office relacionados todos con la independencia de nuestro país.

Asimismo, su alteza real presentó al señor presidente Lleras Camargo un cuadro que constituye un muy antiguo mapa de nuestro país.

REDACCIÓN INTERNACIONAL
EL TIEMPO

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