El salto al abismo del rey emérito Juan Carlos I de España

El salto al abismo del rey emérito Juan Carlos I de España

En medio de escándalos, el monarca abandonó su país para que Felipe VI reine con 'tranquilidad'.

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El rey emérito Juan Carlos I se va de España tras el peso del escándalo
Juan Carlos I

AFP

Por: Juanita Samper Ospina 
09 de agosto 2020 , 11:16 a. m.

Los mayores lo recordarán como el hombre que sembró y cuidó la democracia en España. Para los más jóvenes siempre será el “gocetas” que andaba con una amante y metió la pata. Y todos tienen razón.

Juan Carlos I subió a la cumbre y se lanzó a un abismo en picada. Su salida del país –conocida esta semana– lejos de tranquilizar el avispero, lo alborotó. Algunos lo tachan de prófugo de la justicia y para otros es víctima de un complot contra la monarquía. Ninguno tiene razón.

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El rey emérito partió voluntariamente y, según anunció en una carta, lo hizo para darle espacio a su hijo, el rey Felipe VI, con el fin de que pudiera reinar con tranquilidad, ante el constante goteo de información que relaciona a Juan Carlos I con una posible comisión ilícita y manejos opacos de dinero en el extranjero.

“He sido rey de España durante casi 40 años, y durante todos ellos siempre he querido lo mejor para España y para la Corona”, aseguró Juan Carlos de Borbón.

Su salida del país no es una maniobra para despistar a los tribunales españoles porque no está citado en ningún caso jurídico. Tampoco sale perseguido por los antimonárquicos. Se trata de un gesto pactado con Felipe VI para demostrar que la familia real no es indiferente ni intocable. Para que Juan Carlos I no se lleve a la monarquía en su caída.

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He sido rey de España durante casi 40 años, y durante todos ellos siempre he querido lo mejor para España y para la Corona

Sin embargo, varios analistas y expertos se preguntan si esta medida será suficiente para facilitar el ejercicio de las funciones de Felipe VI.

Según le dijo a la AFP el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Carlos III de Madrid Lluís Orriols, los datos estadísticos disponibles en España “muestran una situación muy frágil” por parte de la monarquía, “no solo porque ha caído mucho el crédito político que tenía hace 15 o 20 años, cuando llegó a ser la institución mejor valorada, sino porque sufre una crisis de confianza”.

Lo cierto es que la decisión del rey emérito no es el final que se esperaba para un hombre carismático que durante la mayoría de su reinado gozó de la simpatía de su pueblo, hasta el punto de que muchos se declaraban ‘juancarlistas’ más que monárquicos.

Servicio a su país

A los diez años, Juan Carlos fue separado de su familia y lo enviaron a un internado en Madrid, donde creció bajo la batuta del dictador Francisco Franco. Su padre, don Juan, no pudo reinar. Y solo cuando el caudillo murió, en noviembre de 1975, Juan Carlos subió al trono.  

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La democracia se asomaba tímidamente por una ventana. Él lo notó y la abrió de par en par. Supo escoger a los políticos que dirigirían el viaje, como Adolfo Suárez, y los apoyó hasta que tocaron el puerto del voto popular.

Años más tarde, el 23 de febrero de 1981, demostró que no se trataba de un compromiso pasajero. Durante el intento de golpe de Estado de Antonio Tejero, el rey Juan Carlos alineó al ejército a su lado y desmontó la rebelión.

Felipe VI

Felipe VI llegó al trono luego de que Juan Carlos I abdicara a su favor en 2014. 

Foto:

Juanjo Martín. AFP

Con eso pasó a la gloria. Cuando hablaban de él, los españoles argüían que le debían la democracia. Ese papel heroico, sumado a su simpatía, hizo que le perdonaran amoríos extramatrimoniales y le aplaudieran actuaciones deportivas, gracejos e intervenciones políticas (como el “¿por qué no te callas?” que le lanzó a Hugo Chávez en una Cumbre Iberoamericana en 2007).

Pero todo terminó como un tiro. Sucedió en Botsuana en abril de 2012. Se rompió la cadera por una caída y fue trasladado de urgencia a España. Así se supo que andaba en una cacería de elefantes con su amiga íntima Corinna Larsen. Mientras tanto, el país se ahogaba en una crisis económica tremenda.

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Sucedió, además, en mal momento, pues la monarquía cojeaba: la infanta Cristina y su esposo, Iñaki Urdangarin, eran investigados por la justicia. Al final, el yerno terminó condenado a prisión, donde aún se encuentra.

La única salida a tan mala coyuntura fue la propia: Juan Carlos I abdicó en junio de 2014. Subió al trono su hijo, que desde entonces no ha parado de luchar porque la monarquía sobreviva y mantenga la dignidad.

Pero su padre no le ha ayudado en la batalla. El año pasado, Felipe VI se enteró de que era beneficiario de unas fundaciones en el exterior a nombre de Juan Carlos. El rey lo hizo público en un comunicado en marzo de este año, así como su decisión de retirarle al emérito la asignación de dinero público que le correspondía (200.000 euros anuales).

Las cuentas del monarca

El lío por las cuentas del rey empezó por una conversación entre Larsen y el excomisario José Villarejo, en la que ella menciona algunas cuentas de Juan Carlos I en el extranjero.

Rey Juan Carlos I y Corinna Larsen

Corinna Larsen y el rey emérito Juan Carlos I.

Foto:

AFP

La charla se conoció porque fue grabada en secreto y luego descubierta dentro del proceso que se adelanta contra el exfuncionario de la Policía (en prisión preventiva por varios delitos).

La Fiscalía suiza abrió una investigación y solicitó a España documentación. La clave de todo son 65 millones de euros que recibió el rey emérito, como presunta comisión de Arabia Saudí por haber intervenido en la concesión a empresarios españoles de la construcción de un tren que une Medina y La Meca. Esa misma suma fue transferida luego a una cuenta de Larsen.

Aunque sucedió cuando era rey, y gozaba de inmunidad en España, el Tribunal Supremo estudia si le abre investigación por el manejo posterior del dinero y por haberlo mantenido oculto ante el fisco. Los delitos que le imputarían serían lavado de capitales y evasión de impuestos. Juan Carlos I se ha limitado a dar a conocer el despacho de abogados que asume su defensa.

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Estelas de la salida

Aparte de la presión legal, la social aumentaba en la medida en la que los medios informaban nuevos datos relacionados con esos fondos opacos. Y la monarquía tenía que demostrar su preocupación.

Se barajaron varias opciones, como retirarle a Juan Carlos I el título honorífico de rey emérito –a lo que él se negó– y optaron por que saliera del país a un destino que todavía desconoce la ciudadanía (se mencionan República Dominicana, Portugal y Emiratos Árabes Unidos, pero no hay información oficial). Lo organizaron entre Felipe VI, Juan Carlos I y el presidente Pedro Sánchez (con la ayuda de la vicepresidenta Carmen Calvo).

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Las consecuencias políticas ya se vieron esta semana. Unidas Podemos se molestó con su socio del gobierno de coalición, el Partido Socialista Obrero Español (Psoe), por haber participado en la decisión sin contar con él. Y Sánchez se defendió al asegurar que su deber constitucional es proteger las instituciones, sobre todo en medio de una crisis sanitaria y económica.

Un grupo de partidos independentistas fue más allá y presentó varias iniciativas en el Congreso para que Sánchez y Calvo expliquen su participación en lo que consideran una “fuga” y “huida” de España del rey emérito.

En los últimos ocho años, Juan Carlos I ha borrado con el codo lo que escribió con la mano a lo largo de casi 65.

JUANITA SAMPER OSPINA
Corresponsal de EL TIEMPO 
MADRID

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