Secciones
Síguenos en:
Los obstáculos que le esperan a la transformación ecológica europea
Unión Europea

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, habla del plan ecológico del bloque.

Foto:

JOHN THYS. AFP

Los obstáculos que le esperan a la transformación ecológica europea

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, habla del plan ecológico del bloque.

¿Qué tan viable es el ambicioso plan medioambiental de la Unión Europea?

Europa se juega en algo menos de 15 años el cumplimiento de sus promesas para acabar con sus emisiones contaminantes en 2050 y convertir su economía en una máquina más ecológica.

La Comisión Europea presentó el pasado 14 de junio el Fit for 55, un documento de miles de páginas que engloba una completa estrategia para transformar la forma como los europeos consumen, trabajan o se mueven. En definitiva, la forma de vida del Viejo Continente.

(Lea aquí: Inglaterra eliminará cuarentena para vacunados en UE y EE. UU.)

Los cambios, que se justifican por la necesidad de contar con medidas contra la crisis climática, de llegar a aplicarse afectarán profundamente a la sociedad.

Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión Europea y responsable del 'Pacto Verde Europeo'.

Foto:

AFP / JOHN THYS

Fit for 55, un juego de palabras en inglés que se refiere a la preparación para reducir un 55 por ciento las emisiones contaminantes del bloque para 2030 tomando como referencia las de 1990, incluye decenas de modificaciones normativas, nuevas leyes, regulaciones y la creación de impuestos, con los cuales el objetivo es lograr que todo lo que genera emisiones contaminantes pague y que ese precio sea tan alto que en las próximas décadas Europa deje atrás los gases contaminantes.

De esta manera, la estrategia afecta a las casas, los carros privados, el transporte público, las industrias y el gasto energético en general.

Fit for 55 incluye medidas de calado como la prohibición de vender vehículos con motores de combustión más allá de 2035 y su circulación en 2050, sumar a las viviendas y los vehículos al mercado de emisiones de carbono para que paguen por lo que emitan y la implementación de nuevos impuestos para que “quien contamine pague”, afectando el negocio del petróleo y sus derivados.

Asimismo, la Comisión Europea busca que los europeos viajen menos en avión y más tren y que se reduzca masivamente el uso del aire acondicionado y la calefacción en edificios, reformándolos para hacerlos más eficientes energéticamente y mejor aislados de las temperaturas exteriores. La estrategia también obliga a que las energías renovables pasen del 19,7 por ciento, que eran en 2019, al 40 por ciento del total del consumo energético europeo, en 2030.

(Además: Piden a EE. UU. y Rusia aprovechar reunión para reducir arsenales nucleares)

Los obstáculos

Para lograr todo esto, los europeos deberán –de aquí al 2023– superar una larga lista de obstáculos y hacer frente a los intereses de los gobiernos y de las industrias más importantes del continente, ya que los planes afectan a sectores económicamente imprescindibles para la economía, a gran parte de su industria, a las viviendas de 447 millones de personas y a la forma como se mueven, qué comen, qué importan y cómo viajan.

Los obstáculos se acumularán en los próximos meses. Una fuente de la Comisión Europea le contó a EL TIEMPO que el plan ya molesta a muchos gobiernos y a una parte de la Eurocámara porque no solo parece estar muy cerca de lo planteado por el Partido Popular Europeo (la familia de los partidos conservadores tradicionales), sino directamente por la CDU alemana, el partido de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. En los ambientes franceses de la Eurocámara el plan sentó bastante mal.

El plan ya molesta a muchos gobiernos y a una parte de la Eurocámara.

Simone Tagliapietra, analista experto en políticas climáticas en el Bruegel de Bruselas, cuenta en una entrada en su blog que este plan es “un momento de la verdad para Europa” y que la Unión Europea “hace el primer movimiento global para convertir un objetivo a largo plazo de cero emisiones en políticas reales, marcando así el inicio de las directrices climáticas en el día a día de los ciudadanos y las empresas”.

Uno de los principales obstáculos que señalan muchos eurodiputados –su apoyo es imprescindible para que los planes se aprueben– y algunos gobiernos (con el francés a la cabeza) es la creación de un segundo mercado de emisiones de carbono –el actual cuenta con unas 10.000 empresas y funciona desde 2005– en el que se incluirían dos sectores del día a día de los ciudadanos: el consumo energético de los hogares (los recibos de la electricidad y de la calefacción) y las emisiones de todo el tráfico rodado mientras emita gases contaminantes.

(También: La leyenda de la Revolución francesa)

Las reacciones

La primera reacción de las tres principales familias políticas (conservadores, socialistas y liberales) es que la medida hará que la carga de gran parte de la factura por la transición ecológica pase de las grandes industrias a todos los hogares, afectando más a los más pobres porque son los que tienen que gastar un mayor porcentaje de sus ingresos en calentar e iluminar sus viviendas.

La opinión de los partidos ecologistas, cada vez más potentes en países como Alemania, Bélgica, Austria, los Países Bajos, Francia o los escandinavos, es una de las piedras de toque para evaluar lo presentado porque son los que pedirán más ambición. Si ellos aceptan los planes, para el resto serán más que suficientes.

Ernest Urtasun, eurodiputado ecologista catalán y uno de los miembros más influyentes del grupo de los ecologistas en la Eurocámara, explicó a EL TIEMPO que a su grupo le parece “que esa medida hará recaer los costes de la transición energética en ciudadanos que pueden ser económicamente vulnerables” y que el fondo social para compensarlos (que suma 72.000 millones de euros para siete años) “es muy insuficiente”.

Varios gobiernos ya hablan directamente contra esta medida. La ministra belga de Ecología, Zakia Khattabi, dijo el miércoles que la transformación ecológica “solo se logrará si se entiende que es legítima y no discriminatoria en los esfuerzos que pide”.

Uno de los retos principales para la transformación verde es el impulso de medios eléctricos de transporte.

Foto:

Getty Images

Bruselas defiende la incorporación del transporte y las viviendas en el sistema de emisiones de carbono porque son dos de los sectores que más contaminan. El 25 por ciento de las emisiones contaminantes europeas las genera el transporte. El 36 por ciento, las viviendas por su gasto energético y en su construcción.

A las críticas se unieron los sindicatos, que calculan que cada hogar gastará casi 400 euros anuales más en transporte y casi 450 más en calefacción si el precio de la tonelada de CO2 se fija en 170 euros. Al respecto, Bruselas reconoce que 35 millones de europeos tienen ya problemas para pagar sus recibos de energía.

Von der Leyen siguió adelante con el plan, pero un grupo de comisarios lo rechaza y pidió que su negativa se incluyera por escrito, pues temen que esa medida, acompañada de una financiación insuficiente de las ayudas a los hogares, desate movimientos similares al de los ‘chalecos amarillos’ en Francia.

Fuentes comunitarias explican que varios comisarios se sintieron ignorados y que no se tuvieron en cuenta sus observaciones y sus líneas rojas. Tampoco las advertencias sobre el impacto en las relaciones exteriores de la UE.

(Puede leer: Las razones del no rotundo de la UE a renegociar el ‘brexit’)

Sectores claves

Bruselas sabe también que la conocida ‘tasa carbono’ en frontera generará choques con casi cualquier potencia económica mundial, empezando por Estados Unidos, China y Rusia

El plan choca ya con sectores claves de la empresa europea. Las aerolíneas, que ven que dentro de una década tendrán que pagar impuestos por el keroseno de aviación o cambiar a combustibles más limpios, pero hasta cinco veces más caros, dicen que es una idea “contraproducente”.

El plan les impone una tasa mínima de 468 euros por cada 1.000 litros de keroseno. Hoy no pagan nada. Urtasun aplaude, como la mayoría de la Eurocámara, que las aerolíneas empiecen a pagar impuestos por el combustible que usan.

Como las navieras, que hasta ahora estaban exentas del mercado de emisiones de carbono y pasarán a entrar en él. Aseguran que incluirlas en ese sistema hará más difícil un acuerdo global para un mercado de emisiones similar.

Bruselas sabe también que la conocida ‘tasa carbono’ en frontera generará choques con casi cualquier potencia económica mundial, empezando por Estados Unidos, China y Rusia.

Se trata de un arancel que se cobrará en las fronteras de la Unión Europea a los productos que para su producción generan muchas emisiones contaminantes –Bruselas apunta a cemento, aluminio, acero y fertilizantes– y que lleguen desde países con normas medioambientales menos estrictas que las europeas. Rusia se siente señalada porque Europa le compra a Moscú casi el 40 por ciento de los fertilizantes que usa el campo europeo.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.

Foto:

EFE/EPA/STEPHANIE LECOCQ

El vicepresidente de la Comisión Europea y hombre a cargo de la política climática, el holandés Frans Timmermans, reconoce que esa ‘tasa carbono’ puede generar malestar en socios económicos europeos, pero entiende que es una medida que ayudará a las empresas europeas a competir en igualdad de condiciones y espera que empuje a otros países a aprobar normas medioambientales más estrictas.

La prohibición de vender autos con motores de combustión también provocó malestar en parte de la industria automotriz europea, por considerarla poco ambiciosa. Parte del sector cree que esa fecha podría adelantarse a 2030 –secun-dada por varios gobiernos– y que se deja a 2035 para ayudar a los gigantes alemanes, empezando por Volkswagen, primer constructor de carros de Europa.

El eurodiputado Ernest Urtasun arguye que la eliminación de los automóviles de combustión “se puede hacer mucho más rápido prohibiendo su venta en 2030 y no en 2035”.

Urtasun sí cree que “el paquete es globalmente positivo porque permite concretar las ambiciones del Acuerdo Verde Europeo”, aunque su grupo le pone peros. Están seguros de que el objetivo de reducción de emisiones a un 55 por ciento para 2030 es poco ambicioso, así como el de un 40 por ciento de energías renovables para ese mismo año: “Deberíamos tratar de llegar a una economía 100 por ciento renovable en 2040, y con esos objetivos será muy difícil lograrlo”, advierten.

IDAFE MARTÍN PÉREZ
PARA EL TIEMPO
BRUSELAS

Le puede interesar

ACCEDE A CONTENIDO EXCLUSIVO PARA SUSCRIPTORES

No te quedes solo con esta información.
Lee, explora y profundiza más.
¡Suscríbete ya!

COP $ 900 / MES *
Ya soy suscriptor digital

Si ya eres suscriptor del impreso, actívate

Sigue bajando para encontrar más contenido

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.