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Europa

La misteriosa tarotista asesina que convertía en té y jabón a su clientela

Una supuesta maldición de su madre fue el comienzo de las desdichas. Luego, la tragedia fue sinónimo de su vida.

Una supuesta maldición de su madre fue el comienzo de las desdichas. Luego, la tragedia fue sinónimo de su vida.

Foto:'L'ospedale del delitto'(1950) Luigi Comencini.

Leonarda Cianciulli creía que matando a otros evitaría que su hijo muriera en la II Guerra Mundial.

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La vida de Leonarda Cianciulli estuvo marcada por la tragedia.
En un comienzo, siendo una niña, fue víctima del maltrato permanente de sus padres. Tanto que, según han dicho algunos medios internacionales, intentó quitarse la vida dos veces antes de cumplir 19 años.
Luego, cuando tenía 21, decidió que se casaría con un hombre aunque su madre hubiese acordado emparejarla con un primo.
Eso, por lo que contó la propia Leonarda en sus memorias, ocasionó la rabia de su progenitora que, sin muestra alguna de cariño, supuestamente la maldijo para siempre.
De todos los maleficios que la aterraron, el de que ‘ninguno de sus hijos podría sobrevivir’ dijo que la llevó a protagonizar una ola de aberrantes delitos.
El poco honorífico título de ‘la asesina serial más famosa de Italia’, que se ganó en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, así lo sintetizó.

El peso de una maldición maternal

Una supuesta maldición de su madre fue el comienzo de las desdichas. Luego, la tragedia fue sinónimo de su vida.

Una supuesta maldición de su madre fue el comienzo de las desdichas. Luego, la tragedia fue sinónimo de su vida.

Foto:'L'ospedale del delitto'(1950) Luigi Comencini.

Leonarda Cianciulli nació el 14 de noviembre de 1893, en Montella, en la provincia italiana de Avellino.
Después de que su propia madre le pronosticara una vida llena de desdichas, su vida se llenó de terror.
Ante el pavor de tener hijos que murieran prontamente, llegó a tener 17 embarazos en los que los abortos espontáneos y los accidentes prematuros cobraron la vida de 13 de sus retoños.
A fin de cuentas, tan solo tuvo cuatro hijos.
En 1930, cuando rozaba los 37 años, fue víctima del terremoto de Irpinia y Vulture que cobró la vida de al menos 1.400 personas.
Aunque en su caso no hubo pérdidas humanas, su casa sí se desmoronó.
Esa situación la obligó a trasladarse con su familia a Correggio, en el norte de Italia, para ‘empezar de cero’.
En ese territorio fue el comienzo de su barbarie.

Una vendedora de miscelánea con aura de tarotista

En su nuevo municipio, Cianciulli decidió poner una pequeña tienda en la que comercializaba productos de segunda mano y unos cuantos abarrotes.
A la par de esa práctica tradicional, la mujer, según apuntó en sus memorias, optó por estudiar todo lo posible sobre magia, hechizos y ciencias ocultas.
Por lo que han establecido algunos portales de criminología, el interés inicial de Cianciulli era ‘contrarrestar’ la maldición de su madre.
Sin embargo, en medio de sus singulares intereses, decidió ofrecer el servicio de lectura de la mano y de las cartas a algunas de sus clientes más fieles.
Esa iniciativa, con la irrupción de la Segunda Guerra Mundial, en la que la Italia de Benito Mussolini jugó un papel trascendental, cambió los planes.
Sobre todo porque Giussepe, uno de sus cuatro hijos, optó por enlistarse en el ejército nacional.

'Evitar una muerte con asesinatos en serie'

Por lo que aseguró en sus memorias, Cianciulli sintió que debía hacer algo para evitar que su hijo muriera durante el conflicto bélico.
En los planos de su mente, absurdamente, asesinar a sus clientas se presentó como la supuesta forma de apoyar a Giussepe. Como si del más inexplicable ‘sacrificio humano’ se tratara.
La primera de sus víctimas fue Ermelinda Faustina Setti, de 70 años, quien le pidió ayuda para conseguir un marido.
Engañada por Cianciulli, Setti creyó que un hombre la esperaba en Polla, en la provincia de Salerno, mucho más al sur.
Pero el día de viajar para ‘encontrar el amor’, la vendedora tarotista la asesinó en su hogar.
Francesca Clementina Soavi, una mujer que deseaba conseguir trabajo en un internado femenino de Piacenza, fue su segunda asesinada.
Con ella, y Virginia Cacioppo, una excantante que buscaba trabajar en Florencia, el ‘modus operandi’ se repitió.
Un vaso de vino con un par de somníferos y un hacha fueron suficientes para dejar a las tres sin vida.
Luego, por lo que apuntó en sus diarios, Cianciulli tomó los restos y los convirtió en jabones, tortas o pastillas de té.
Ese era su ‘ritual’.

La caída de la misteriosa asesina

A mediados de 1940, la extraña vendedora y criminal fue capturada.
Según recogió el diario italiano ‘Il Giornale’, Cianciulli no confesó hasta que su hijo Giussepe se perfiló como sospechoso.
“No quiero que mi hijo asista a mi interrogatorio. Te diré todo lo que quieras; condenarme también, pero mi hijo es inocente y no quiero que me escuche", reportó el citado medio que dijo la mujer durante su juicio.
En 1946, por triple homicidio, robo y profanación de cadáver, la mujer fue condenada a 30 años de prisión para pasar en el Asilo de Aversa, el primer hospital psiquiátrico judicial de Italia.
Allí terminó falleciendo en 1970, cuando tenía 77 años.
Sus palabras, durante el rodaje del documental ‘El hospital del delito’ (1950), del fallecido cineasta Luigi Comencini, resumieron a cabalidad su trágica vida:
“La ley me ha condenado… ¿Y qué me importa su condena? Treinta años, cadena perpetua, fusilamiento ... ¿pero qué me interesa? Diecisiete niños - ¡ah, querida! -, si trece niños mueren para ti también, ¡no solo harías lo que yo hice! Solo una madre puede entenderme. ¡La ley nunca!”.
Todo indica que la mujer falleció producto de una hemorragia cerebral.

Foto:Youtube

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