La historia del primer ministro más joven del mundo

La historia del primer ministro más joven del mundo

El austriaco Sebastian Kurz fue viceministro a los 24 años y canciller a los 27.

Sebastian Kurz, primer ministro de Austria

El primer ministro electo de Austria es crítico de las políticas migratorias de Alemania.

Foto:

Christian Bruna / EFE

Por: Idafe Martín Pérez
28 de octubre 2017 , 11:52 p.m.

Austria tendrá un primer ministro de 31 años, el gobernante más joven del mundo, un ‘Wunderwuzzi’ (niño prodigio) político que fue viceministro con 24 años y canciller con 27.

Sebastian Kurz ganó a principios de octubre las legislativas austríacas con el 31,5 por ciento de los votos y será quien dirija la próxima coalición de gobierno, que ya negocia con los ultraderechistas dirigidos por Heinz-Christian Strache, un antiguo neonazi.

Hijo de un ingeniero industrial y una profesora de educación secundaria, Kurz –a quien su prematura entrada en política impidió terminar sus estudios universitarios de Derecho en la Universidad de Viena, que abandonó en 2011– fue durante años líder de la poderosa organización juvenil del partido conservador OVP.

Una de sus iniciativas más conocidas como dirigente de los jóvenes del OVP fue regalar preservativos negros (el antiguo color de su partido, que Kurz cambió en esta campaña por un mucho más amable turquesa pálido) para demostrar que su formación política era “excitante”.

De la cabeza de las juventudes conservadoras, Kurz saltó a viceministro y, tres años después, a canciller, mientras crecía su popularidad. En ese cargo, y gracias a la tradicional neutralidad austriaca –el país no es miembro de la Otán– pudo aparecer como un negociador internacional entre los cancilleres de las grandes potencias, sobre todo cuando Europa medió para que Estados Unidos e Irán firmaran el acuerdo que puso fin al programa nuclear militar del régimen persa.

Kurz le cambió la cara al OVP, partido conservador clásico de la democracia cristiana europea, que había dado estabilidad a Austria desde la Segunda Guerra Mundial, turnándose en el poder con la socialdemocracia o apoyándola como socio minoritario en coaliciones.

Tras años observando cómo su partido se estancaba por esos pactos mientras crecía a su derecha el FPO, un partido fundado por antiguos miembros de las SS nazis austriacas, Kurz asumió el liderazgo del OVP, destruyó la coalición que formaba con el primer ministro socialdemócrata Christian Kern y provocó así las elecciones anticipadas que ganó el domingo pasado.

A Kurz, cara amable de una derecha muy dura, no se le ha oído una palabra directamente racista, pero su campaña electoral puso el peso en los efectos de la inmigración en Austria y, sobre todo, en las políticas para impedir que lleguen refugiados y migrantes a Europa. Sus ideas sobre inmigración se acercan tanto a las de la ultraderecha que el FPO llegó a acusarlo de “plagio”.

Kurz criticó abiertamente en 2015 a la canciller alemana Angela Merkel por la política migratoria alemana y abogó por cerrar la ruta de los Balcanes que usaban los refugiados para llegar desde Grecia hasta el norte de Europa. Austria, país de paso en esa ruta, ha aceptado desde 2015 a 150.000 solicitantes de asilo.

El año pasado propuso que Grecia usara algunas de sus islas no habitadas en el mar Egeo como centros de detención de migrantes y refugiados, una especie de “islas prisión” que el gobierno heleno descartó. Kurz también usó masivamente durante su campaña electoral la supuesta amenaza de que se radicalice la población musulmana de Austria, que suma alrededor del 8 por ciento en un país de poco más de 8 millones de habitantes.

Kurz hizo una campaña de tintes populistas más basada en el culto a su persona que en su partido. Sus mitines culminaban en largas colas de simpatizantes a la espera de la selfi, en un país discreto que vio esas muestras efusivas como una ‘kurzmanía’.

Kurz, muy cercano a la ultraderecha populista europea en materia de inmigración, se separa claramente de ella en lo que concierne a la Unión Europea y no pone en duda el papel de su país en el bloque ni el mantenimiento del euro, como hace la ultraderecha con la que podría pactar para asumir el poder.

Su posible futuro socio, el FPO, intenta esconder sus tendencias antisemitas. La primera entrevista concedida por Kurz tras su victoria fue al diario israelí ‘Haaretz’. A sus futuros socios de gobierno les exige que metan debajo de una alfombra sus veleidades racistas. Oskar Deutsch, líder de la mayor organización judía de Austria, advirtió a Kurz contra un pacto con la ultraderecha diciendo que estos son “lobos nacionalistas con piel de oveja”.

La ultraderecha del FPO ya estuvo en la coalición gubernamental entre 2000 y 2006. Entonces, los socios de Austria en la Unión Europea aprobaron sanciones diplomáticas hasta que el entonces líder del FPO, Jörg Haider, abandonó el gobierno. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, pidió esta semana a Kurz que forme un gobierno “con una clara posición proeuropea”.

IDAFE MARTÍN PÉREZ
Para EL TIEMPO – Bruselas@IdafeMartin

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