La geopolítica de la memoria del Holocausto

La geopolítica de la memoria del Holocausto

Es vital conmemorar los 75 años de Auschwitz y recordar enseñanzas que pudieron haberse evaporado.

Salón de los Nombres

Visitantes en el Salón de los Nombres, que hace parte del centro Yad Vashem, en Jerusalén, donde se honra a las víctimas del holocausto.

Foto:

Emmanuel Dunand. AFP

Por: Dominique Moisi - Project Syndicate
01 de febrero 2020 , 08:28 p.m.

El 75.º aniversario de la liberación de Auschwitz por el Ejército Rojo fue una fecha teñida de angustia y tristeza. El antisemitismo campea otra vez a sus anchas por el mundo, como si el tiempo hubiera evaporado las enseñanzas del Holocausto; peor aún, como si nunca se hubieran integrado a la conciencia colectiva.

Este crimen sin precedentes, perpetrado por una de las sociedades más avanzadas y cultivadas de la Tierra, fue el ejemplo más extremo de los horrores que los seres humanos pueden infligirse mutuamente. Movidas por una mezcla de miedo y odio, las personas pueden convertirse en monstruos.

El actual resurgimiento del populismo y del nacionalismo acrecienta la importancia de conmemorar a las víctimas de Auschwitz. Sin embargo, luego de 75 años de lo sucedido, dos amenazas se ciernen sobre el deber de recordar: la instrumentalización política del Holocausto y la natural propensión de los seres humanos a olvidar el pasado o volverse indiferentes al sufrimiento ajeno.

Hoy, más que nunca, somos testigos de lo que podríamos llamar una geopolítica de la memoria del Holocausto. Hace cinco años, en 2015, la única ceremonia para conmemorar la liberación del campo tuvo lugar ‘in situ’ en Auschwitz, bajo los auspicios del Gobierno polaco. (Había pasado poco tiempo desde la anexión rusa de Crimea, y el presidente ruso, Vladimir Putin, no fue invitado a asistir como orador). Pero este año hubo dos conmemoraciones paralelas: una en Jerusalén a instancias del Gobierno israelí y del Congreso Judío Europeo, la otra por iniciativa del Gobierno polaco, en Auschwitz.

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Polonia, donde el horror tuvo lugar, no envió delegados a la ceremonia de Jerusalén, después de que su presidente, Andrzej Duda, se negó a asistir, al no haber sido incluido en la lista de oradores, en la que figuraron Putin; el presidente francés, Emmanuel Macron; su par alemán, Frank-Walter Steinmeier, y el príncipe Carlos del Reino Unido.

Puesto a elegir entre Rusia y Polonia, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, no vaciló, aunque ahora Rusia sostenga que la Segunda Guerra Mundial empezó en 1941 y no en 1939, cuando la Unión Soviética anexó territorio polaco según el Pacto Molotov-Ribbentrop con la Alemania nazi. Es indudable que también influyó en la decisión de Netanyahu la visión cada vez más nacionalista de la historia adoptada en Polonia en años recientes.

La conmemoración de Jerusalén fue una victoria diplomática innegable para Israel: desde el funeral del ex primer ministro israelí Yitzhak Rabin en 1995 no se reunían en la ciudad tantos líderes mundiales. Pero el evento también fue un triunfo para Rusia, ya que la presencia de Putin confirmó el nuevo lugar indiscutido de su país en Medio Oriente.

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Con el correr del tiempo, los verdaderos héroes de las conmemoraciones de Auschwitz van siendo cada vez menos; pero no están en situación que les permita resistirse a esta instrumentalización de su sufrimiento. Desde luego, abusar de la memoria del Holocausto no es algo nuevo. Durante la Guerra Fría, los regímenes comunistas de Europa central y del este hacían hincapié en el carácter de patriotas y antifascistas de las víctimas del fascismo, con lo que relativizaban o incluso negaban el origen judío de su inmensa mayoría.

Hoy, con el ascenso del populismo, criticar a las “poblaciones locales” o señalar su “complicidad” con los crímenes de la Alemania nazi es un delito penado por ley (una novedad iniciada en Polonia).

Esto es una falta de respeto a la verdad histórica, y a menudo la contradice. Solo conviene a quienes, habiendo sufrido también mucho, no quieren confrontar su responsabilidad por el sufrimiento de otros. Y desde la llegada de Netanyahu al cargo de primer ministro, la instrumentalización de la memoria del Holocausto también ha sido un componente central de la diplomacia israelí (una postura que el régimen iraní, con sus reiterados llamados a la destrucción de Israel, parece empeñado en alentar).

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Pero no solo la instrumentalización pone en riesgo la memoria del pasado, sino también una potente mezcla de ignorancia y olvido (por no hablar del negacionismo). Uno de cada cinco franceses con menos de 24 años no tiene idea de lo que fue el Holocausto. Y la ignorancia de algunos alimenta el temor de otros: las encuestas señalan que el 34 % de los judíos franceses sienten que corren riesgo en su país.

Es un problema, ante todo, de educación. Pero también abarca una cuestión más amplia, en concreto, el contraste entre la legítima preocupación de los jóvenes por el planeta y su falta de interés en la política. Por ejemplo, la joven activista climática Greta Thunberg ayudó a movilizar a millones de personas. ¿Cómo explicarles que la conciencia ecológica no exime de la preocupación por la libertad y la democracia, sino que la complementa?

La memoria del Holocausto debe verse como una especie de máximo baluarte contra la política del odio en un momento de erosión de la democracia y de sus instituciones. Pero no es fácil defender el principio de “nunca más” cuando las redes sociales difunden tanto atavismo y tanta ignorancia.

Justo antes del evento en Jerusalén, me hallaba yo en Berlín, la ciudad donde se concibió la ‘solución final’, y que hoy está reconstruyendo el edificio del Palacio Real (Stadtschloss) para que albergue el Humboldt Forum, un centro cultural bautizado en honor de los hermanos Alexander y Wilhelm von Humboldt, dos figuras que encarnan el espíritu de la Ilustración. Llevó 75 años borrar las huellas físicas de la locura genocida de Hitler. ¿Será también el tiempo que lleva olvidar las enseñanzas de la historia?

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Estos días me preguntaba qué hubiera pensado mi padre, prisionero número 159721 en Auschwitz, acerca de las conmemoraciones de este aniversario número 75. Es probable que se hubiera sentido orgulloso de que no lo olviden, y triste al ver de qué manera el Holocausto se convirtió en un evento apto para la interpretación política interesada, en un mundo que casi no aprendió nada.

Llevó 75 años borrar las huellas físicas de la locura genocida de Hitler. ¿Será también el tiempo que lleva olvidar las enseñanzas de la historia?

Momentos claves del régimen nazi

30 de enero de 1933
El entonces presidente alemán, Paul von Hindenburg, nombra canciller a Adolf Hitler. Desde entonces, el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores aprobó leyes que prohibían a los judíos ocupar puestos en la función pública o en el servicio civil. También alentaron el boicoteo de negocios dirigidos por ellos, y comenzaron a quemar sus publicaciones, junto a las de comunistas, socialistas y otros grupos no aprobados por el Reich.

2 de agosto de 1934
Muere el presidente alemán von Hindenburg y Hitler se autoproclama Führer o líder absoluto de la nación, con el 90 % de los votantes a su favor.

1.° de septiembre de 1939
La Segunda Guerra Mundial comenzó oficialmente con la invasión del ejército nazi a Polonia.

23 de agosto de 1939
Representantes soviéticos y alemanes firman el Pacto de No Agresión Molotov-Ribbentrop, en el que se comprometen a dividirse Europa oriental, incluyendo Polonia y algunos países bálticos.

De octubre de 1939 a enero de 1945
Los nazis invaden varios países. Encierran y asesinan en campos de concentración a judíos y a todo aquel que consideraran un “traidor”.

27 de enero de 1945
Las tropas soviéticas liberan los campos de concentración.

30 de abril de 1945
Hitler se suicida ante la inminente derrota de su régimen tras el sitio de Berlín.

8 de mayo de 1945
Las fuerzas alemanas firman su rendición.

6 de agosto de 1945
La bomba atómica Little Boy es detonada en Hiroshima, seguida por Fatman, en Nagasaki, el 9 de agosto.

2 de septiembre de 1945
Los japoneses firman su rendición y se da por terminada la guerra.

Semblanzas de los últimos ‘números’ supervivientes de Auschwitz

Número 117568
Szmul Icek

Nació en 1927 en Polonia.
Perdió el habla en un accidente; aun así, antes tampoco era capaz de contar lo que pasó en Auschwitz. Cuando menciona a sus padres y hermanas, asesinados por los nazis, no puede contener las lágrimas, y no obstante el afecto de su esposa, su hija única y sus nietos, nunca logró cicatrizar las heridas. A diferencia de otros rescatados, no regresó a Auschwitz. “No sé explicar lo que me pasó”, admite el anciano, con los ojos llorosos.

Número 14005
Avraham Gershon Binet

Nació en 1938. Era un niño de 6 años cuando llegó a Auschwitz, pero asegura que guarda unos recuerdos precisos de aquel lugar, al que tilda de “infierno”. Binet, un hombre corpulento, cuenta que no lloró porque temía que lo mataran por las lágrimas. “Cada día mataban a niños por nada, yo no lloraba, soy fuerte”, cuenta. Su vida actual gira en torno al estudio del Talmud, texto fundamental del judaísmo, al que dedica horas todas las mañanas.

Número 1601400
Dov Landau

Nació en 1928 en Hungría.
Acostumbrado a contar su historia en público, Dov Landau ha viajado más de 100 veces a Auschwitz con delegaciones, sobre todo grupos escolares, para narrar su periplo durante la guerra. Orgulloso de su numerosa descendencia (91 personas, todas de Israel), relata su historia como si se tratara de una película de terror: desde el arresto de su familia hasta su liberación en el campo de Buchenwald en 1945, tras la marcha de la muerte desde Auschwitz.

Número A20982
Helena Hirsch

Nació en 1928 en Rumania. Se mueve lentamente con un andador, pero su espíritu sigue muy vivo. Hirsch, que pronto cumplirá los 92 años, se define a sí misma como “heroína”. “Si hoy sigo viva, es porque soy una heroína”, afirma la nonagenaria, cuya memoria permanece intacta. Cuenta con multitud de detalles cómo consiguió superar la dura prueba de los guetos y de los campos de trabajo en los que estuvo presa, como Auschwitz, adonde fue deportada en 1944.

Número 79679
Malka Zaken

Nació en 1928 en Grecia.
Tiene 91 años, pero cuando cuenta su infancia, recupera la mirada miedosa y la voz aguda de la niña que fue arrancada de los brazos de su madre, junto a una muñeca, y enviada al campo de Auschwitz. En su humilde casa de Tel Aviv vive rodeada de muñecas, que le permiten -dice- recordar los años felices antes de que los “alemanes nos llevaran” a este campo, donde le encargaron plegar la ropa de los judíos asesinados en las cámaras de gas.

Número 108106
Shmuel Blumenfeld

Nació en Polonia en 1925. Su memoria está intacta: recuerda cada gueto, cada campo, cada compañero, y lleva décadas dando cuenta de ello. Desde la terraza de su apartamento, en una torre de Bat Yam, a las afueras de Tel Aviv, se ve el Mediterráneo. Pero en el interior, las decenas de fotos, diarios y documentos que se acumulan en mesas y paredes copan la vista. Superviviente de Auschwitz y de la marcha de la muerte, se convirtió en guardia de prisión.

Número B2628
Danny Chanoch

Nació en Lituania en 1933. Protagonista del documental laureado ‘Pizza en Auschwitz’, en el que se lo ve comer pizza junto a sus hijos durante un viaje a Polonia que organizó para enseñarles dónde había vivido, Chanoch sorprende a sus interlocutores por su buen humor. Encadenando bromas y juegos de palabras incluso sobre el Holocausto, explica, sonriente, que después de Auschwitz “no hay nada en el mundo que pueda provocar sus quejas”.

Número 125421
Saul Oren

Nació en 1927 en Polonia. En un francés impecable, este hombre religioso que pasó muchos años en Francia después de la guerra, narra su infancia en un pueblo cerca de Oswiecim (Auschwitz), en el seno de una comunidad ortodoxa. Tuvo una infancia rota por la invasión alemana de Polonia en 1939. Elegido por un médico nazi de Auschwitz como cobaya de experimentos médicos, fue enviado a un campo de concentración alemán, de donde fue liberado en 1945.

Número A10011
Menahem Haberman

Nació en Checoslovaquia en 1927. En la residencia de ancianos de Jerusalén en la que vive desde que murió su esposa, Menahem Haberman es el único habitante del centro superviviente de Auschwitz. De sus ocho hermanos, él fue el único rescatado. Cuenta que, al día siguiente de llegar a Auschwitz, cuando comprendió que su familia había sido exterminada, decidió que él viviría. Sobrevivió al gueto, a los diferentes campos de trabajo anexos al de Auschwitz.

Número 45554
Batsheva Dagan

Nació en 1925 en Polonia. Repleta de energía a pesar de su 94 años, Dagan fue una de las supervivientes de Auschwitz que protagonizó la ceremonia que tuvo lugar en Polonia el pasado 27 de enero. Educadora y psicóloga, publicó seis libros sobre el Holocausto, cinco de los cuales son infantiles. Pionera de la enseñanza del Holocausto, ha dedicado su vida a dar testimonio de lo ocurrido.“Quería sobrevivir para contarlo al mundo”, explica Dagan.

DOMINIQUE MOISI*
© Project Syndicate
París* Dominique Moisi, asesor especial en el Instituto Montaigne de París. También es autor del libro ‘Geopolítica de las series: o el triunfo global del miedo’ (2017).

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