La duquesa difícil: Meghan pasó de heroína a villana de los tabloides

La duquesa difícil: Meghan pasó de heroína a villana de los tabloides

Hace dos años la actriz Meghan Markle era adorada por la prensa británica.

BBC Mundo: Meghan Markle

Markle trabajó como actriz y activista por la igualdad de género antes de convertirse en la duquesa de Sussex.

Foto:

Reuters

Por: Andrey Kozenko
BBC World Service
01 de agosto 2019 , 11:32 p.m.

El 6 de julio, Archie Harrison, el hijo del príncipe Harry y Meghan Markle, fue bautizado en una iglesia cerca del castillo de Windsor. Contrariamente a la larga tradición, el evento se realizó a puerta cerrada.

Resultó en una nueva ola de críticas hacia Meghan, la exactriz estadounidense.

Esta semana, a los tabloides no les gustó su trabajo como editora de la edición de septiembre de la revista "Vogue". Dijeron que a la reina Isabel II le parecería una "decisión idiota" (según el Daily Express). El diaro The Sun la criticó por no incluir a la reina en su lista de mujeres "pioneras" y el Daily Mail le advirtió que se mantuviera fuera de la política.

Durante los últimos meses, la duquesa de Sussex se ha visto retratada como una villana por los tabloides británicos.

Hace dos años, la recibieron con gran simpatía, pero ahora Markle es atacada en todo momento, acusada de no ser capaz de cumplir con sus deberes como miembro de la realeza británica.

La duquesa perfecta

En la primavera (boreal) de 2017, Meghan Markle era la favorita de la prensa británica. Desde su primera aparición pública, tabloides como The Sun hablaban que "Markle daba una imagen desenfadada mientras miraba a Harry jugar al polo".

A diferencia de su estudioso hermano mayor William, el príncipe Harry había salido previamente en artículos escandalosos sobre drogas y fiestas salvajes, aunque la prensa británica estuvo siempre dispuesta a perdonar y olvidar.

Les gustaba Meghan —era la personificación de todos los cambios que habían ocurrido en la sociedad en los últimos años— y el mundo parecía estar listo para ella.

El año pasado, los tabloides escribieron sobre sus peculiaridades, pero mantuvieron un tono afable.

En primer lugar, el padre de Meghan se negó a asistir a su boda, oficialmente a causa de una enfermedad. Después, la reina le prohibió el uso de la tiara que ella quería porque se pensaba que era de fabricación rusa.

En el contexto del escándalo de Sergei Skripal, el exespía que Reino Unido considera que fue envenenado por agentes rusos, la familia real decidió evitar posibles asociaciones negativas el día de la boda.

Sin embargo, en la primavera y verano de este año, pese al nacimiento del primer hijo de Meghan y Harry, ella se convirtió en una de las personas más criticadas por los tabloides británicos.

Ahora es juzgada por todo, desde sus costosas reparaciones domésticas, hasta su apariencia, comportamiento en público e incluso el uso de sus redes sociales.

El blanco ideal

En junio, la prensa atacó a la pareja real sobre los costos de renovación de Frogmore Cottage, su nueva casa construida en los terrenos del castillo de Windsor. Las renovaciones ascendieron a US$3 millones, todas ellas pagadas con fondos públicos.

Citando a una fuente cercana de la familia real, el Daily Express dijo que una semana después de mudarse, la pareja ya había puesto una "lujosa alfombra". Uno de los perros de la familia la había echado a perder, y los limpiadores la dañaron aún más al tratar de salvarla.

Según esos reportes, la familia "ni se inmutó" por los costos adicionales del reemplazo.

Más controversia siguió a la historia de su anillo de compromiso. Mucho se dijo sobre el hecho de que el anillo original fue diseñado por el propio príncipe Harry. Contenía tres piedras; dos diamantes de su madre, la princesa Diana, y otro de Botswana, en donde la pareja pasó sus primeras vacaciones juntos.

Un año después de la boda, Meghan decidió rediseñarlo, añadiendo dos diamantes más y —según la prensa— haciendo que el gesto de Harry perdiera sentido.

Después, hubo una avalancha de renuncias. Primero, la asistente personal de Meghan, Melissa Toubat, renunció en otoño de 2018. Después, hubo otra renuncia de la antigua asistente personal de la propia reina Isabel II, Samantha Cohen.

Finalmente, en marzo de 2019, llegó la de otra asistente personal, Amy Pickerill, quien fue asignada a Meghan Markle desde el principio. Su trabajo era ayudarla a integrarse en la familia real.

Ahora Meghan es criticada por despedir a tres niñeras en apenas un mes.

Según los tabloides, los empleados le pusieron dos apodos: —"Me-gain" (yo gano) y "La duquesa difícil"— por alzar su voz constantemente y por enviar emails con sus peticiones a primera hora de la mañana.

El nacimiento de su primer hijo en mayo de 2019 no ayudó a mejorar la imagen de la familia par algunos tabloides, que siempre realizan un severo escrutinio sobre la familia real.

Harry y Meghan eligieron publicar las primeras fotos del recién nacido en Instagram, sobre lo cual el Daily Mirror dijo: "(los fans) No quieren una foto artística del pie de Archie a los tres días. Son imágenes muy estilizadas. La gente solo quiere ver a Harry, a Meghan, al bebé con su camisón y a los padrinos, eso es todo. Es lo tradicional. No hay nada malo con ser tradicional cuando se trata de un bebé real".

La lista de quejas crece cada vez más.

A principios de julio, el bautizo de Archie Harrison fue agregado a esa lista.

Ni a periodistas ni a miembros del público se les permitió asistir al evento, tradicionalmente público. La pareja se excusó y prometió publicar fotos más tarde. A eso, el Telegraph respondió con una columna titulada: "Carta abierta a Meghan: ¿por qué el secretismo por el bautizo de Archie? A nosotros, los británicos, nos duele".

Buckingham Palace no publicó comentarios al respecto.

"La vida de la familia real es, por una parte, palacios y fama, pero su principal diferencia respecto a la vida de las estrellas es que es también una responsabilidad. No puedes meterte en un avión y desparecer durante el fin de semana. Esta vida tiene normas", dice Jonny Dymond, corresponsal de la Casa Real británica para la BBC.

Los miembros de la realeza no deben tener discusiones en público, pero a Megan y al príncipe Harry se les vio una vez teniendo una "conversación intensa". Tampoco deben firmar autógrafos, aunque Meghan lo hace encantada.

Meghan parece haber decidido cambiar todas las normas y hay quienes detestan eso.

"Lo más importante que se debe saber sobre la familia real británica es que no tiene que ver tanto con liderazgo, sino con crear la imagen perfecta que cada ciudadano está deseando ver", continúa Dymond.

"Tal y como están las cosas ahora, a pesar de que no se pretendió en absoluto, la familia se ha convertido en una industria de celebridades mundiales. Está la reina —un modelo de estabilidad, servicio y sacrificio— y hay otros personajes que también tienen deberes de la realeza, aunque más pequeños".

"Sus caras en las portadas ayudan a vender periódicos, y Meghan Markle es la más parte más importante".

Según Dymond, los tabloides son en parte responsables de la creación de la imagen pública de Meghan. "La historia comenzó cuando ella vino aquí. Necesitan continuar esa narrativa", dice.

Al mismo tiempo, es difícil ignorar el aluvión constante de historias negativas sobre la duquesa. "Vimos lo exigente que era. Vimos que le gustaba gastar el dinero como ella quería. Eso se superpuso al hecho de que venía de un contexto diferente, y así fue como su imagen actual emergió", explica.

Aunque Harry es solo el sexto en la línea de sucesión al trono británico y es poco probable que llegue a ser rey, Meghan no puede evitar que la comparen con su cuñada, Kate.

La villana perfecta

Enfrentar a un miembro de la familia contra otro es una técnica que los tabloides suelen emplear para generar conflicto.

Desde la década de 1960 hasta la de los 80, de la reina Isabel II se dice que ejecuta su labor de manera impecable. En cambio, su hermana, la princesa Margarita, tenía un amante, fumaba y a menudo se la veía consumiendo alcohol, asistiendo a fiestas e incluso fue fotografiada en traje de baño.

En los años 80, a la prensa le encantaba la modestia de la princesa Diana, pero no soportaba a su amiga Sarah Ferguson, quien se convirtió en duquesa de York.

Ferguson admitió después que luchó contra una fuerte depresión cuando los periódicos comenzaron a llamarle"Duchess of pork" (duquesa del cerdo) por su exceso de peso.

Ahora los medios enfrentan al príncipe Harry y a Meghan Markle contra el príncipe William y Kate Middleton.

A Kate se la define como impecable y una mujer "nacida para ser madre". Pero cuando se habla sobre Meghan, a menudo se cita esta frase del príncipe Philip: "Uno solo debería salir con actrices, no casarse con ellas".

La división más reciente entre las dos familias tuvo que ver con una organización benéfica. En junio, Harry y Meghan anunciaron que dejarían de participar en la Fundación Real fundada por el príncipe William. Iban a crear su propia fundación para enfocarse en cosas distintas.

Por lo tanto, ya no se trataba solo de Meghan, sino del conflicto entre dos hermanos y dos familias de la corte real.

"No debemos pensar que toda esta historia es perjudicial para Markle", advierte Johnny Dymond. "Durante décadas, miembros de la familia real tuvieron que probar su capacidad de vivir bajo presión y enfrentar los golpes"-

"Simplemente, como nación y como ciudadanos proyectamos en la familia real lo que queremos ver en nosotros", continúa. "Cautivan nuestra imaginación y al mismo tiempo son el reflejo de nuestra imagen. Dice mucho sobre nosotros que seamos tan parciales en estas historias".

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Créditos: BBC Mundo

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