La política migratoria hace caer al gobierno belga de Charles Michel

La política migratoria hace caer al gobierno belga de Charles Michel

Nacionalistas flamencos, una formación xenófoba, sale de coalición gobernante en rechazo al premier.

Charles Michel

Charles Michel tuvo que renunciar como primer ministro de Bélgica luego de que el partido nacionalista flamenco, NVA, se retiró de la coalición de gobierno.

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Efe

Por: Idafe Martín Pérez
18 de diciembre 2018 , 08:12 p.m.

La xenofobia de los nacionalistas flamencos acabó por tumbar al gobierno belga del primer ministro liberal Charles Michel.

El 9 de diciembre los nacionalistas flamencos del NVA abandonaron la coalición de gobierno por su negativa a que Michel firmara en la ciudad marroquí de Marrakesh el Pacto Migratorio de Naciones Unidas, un documento político sin carácter jurídicamente vinculante.

El Parlamento belga había votado a favor de que Michel rubricara ese pacto internacional.

Tras la salida del NVA el 9 de diciembre, Michel intentó mantener su coalición de gobierno (liberales flamencos y francófonos y democristianos flamencos) pese a que contaba con 51 diputados en una cámara de 150.

Su idea era ir pactando medidas con la oposición, principalmente los socialistas francófonos y los ecologistas, una fuerza política al alza tras el buen resultado en las municipales de octubre.

Pero este martes la coalición llegó a su fin después de que socialistas y ecologistas anunciaran que pretendían proponer una moción de confianza. Acto seguido, Michel anunció su dimisión y se dirigió al Palacio Real a presentarla al rey Felipe, que la mantuvo en suspenso, una formalidad de las leyes belgas.

Michel intentó que su gobierno sobreviviera hasta el próximo 26 de mayo, fecha de las próximas legislativas.

El premier pidió en sede parlamentaria una “coalición de buena voluntad” que sostuviera al gobierno y propuso a los partidos de la oposición negociaciones en tres asuntos: economía, seguridad y cambio climático.

La oposición consideró que los compromisos de Michel eran vagos por lo que se negó a sostener a Michel, que se vio forzado a dimitir.

La dimisión de Michel debe concretarse en la convocatoria de elecciones legislativas anticipadas a principios del 2019. Bélgica entra en una fase de inestabilidad porque los sondeos dan otro parlamento atomizado en el que volverá a ser muy difícil la formación de una coalición gubernamental.

Tema de fondo

Esta vez podría ser mucho más difícil formar una coalición si los nacionalistas flamencos no se advienen a una política migratoria acorde a la de sus vecinos de Europa occidental y no, como pretenden, más cercana a regímenes en deriva autoritaria como el polaco o el húngaro.

Jan Jambon, figura importante del NVA y ministro del Interior hasta principios de diciembre, dijo la semana pasada que de volver a gobernar con los nacionalistas flamencos, Michel se convertiría “en una marioneta”.

El NVA aceptaba ahora volver a pactar con Michel pero sólo si el primer ministro se prestaba a una reforma constitucional que abriera la puerta a un Estado confederal, una cuasi independencia de Flandes que dejaría al gobierno federal belga como una cáscara vacía.

El NVA está metido desde hace años en una deriva xenófoba que llevó a uno de sus líderes, Theo Francken –viceministro de Migración y Asilo hasta su dimisión a principios de mes– a reconocer que sus ideas se inspiraban en las del Vlaams Belang, un partido neonazi aliado de la francesa Marine Le Pen o el italiano Matteo Salvini.

Francken, joven ministro muy polémico y el dirigente político más popular en Flandes, que se hace fotografiar con ancianos que fueron condenados por colaboracionismo con los nazis, era un desafío constante a la figura de un primer ministro cuyos orígenes –su padre, Louis Michel, fue ministro y comisario europeo– le sitúan muy lejos de la xenofobia del NVA.

La política migratoria belga de los últimos años, al mando de Theo Francken, ha sido una constante fuente de tensiones para el gobierno de Michel y ha puesto a Bélgica más cerca de gobiernos como el húngaro de Viktor Orban o ahora el italiano de Salvini que de sus tradicionales vecinos Bélgica y Holanda o de Alemania y Francia.

El NVA aspira a la independencia de Flandes. Los sondeos le dan entre un 25 y un 30 por ciento del voto en la región flamenca, la más poblada con casi un 60 por ciento del total. Ese porcentaje de voto se traduce en un 18 por ciento nacional y convierte al NVA en la primera fuerza.

Son el apoyo político y logístico del expresidente catalán Carles Puigdemont, que huyó a Bélgica de la Justicia española.

Idafe Martín Pérez
Para EL TIEMPO
Bruselas

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