Así operaba la red que engañó y prostituyó a jóvenes futbolistas

Así operaba la red que engañó y prostituyó a jóvenes futbolistas

Los colombianos querían jugar en España, pero fueron embaucados por un falso cazatalentos.

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Guardia civil española

Guardia civil española

Por: Juanita Samper Ospina
16 de junio 2020 , 11:31 a.m.

Ellos querían jugar fútbol en España, al igual que muchos otros jóvenes latinoamericanos. Y creyeron que estaban a punto de hacerlo. Pero fueron engañados y terminaron prostituidos por obligación.

A mediados del año pasado llegaron a Colombia un par de españoles que supuestamente iban a encontrar talentos, jóvenes promesas para el fútbol.

Escogieron a unos muchachos y les aseguraron que tenían contactos en el mundo del balompié en España. Les mostraron fotos y videos de centros deportivos, canchas estupendas… A ninguna tenían acceso en realidad.

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Escogieron a cinco jóvenes colombianos y dos argentinos. Debían hacerse cargo de sus pasajes, pero, según les dijeron, ganarían más que suficiente en España para compensar el gasto. Se endeudaron. Valía la pena. “Las familias de los siete jóvenes llegaron incluso a recurrir a prestamistas —con cobros de intereses desorbitados— para pagar el viaje”, explica la Guardia Civil.

Cuando llegaron a España, entre septiembre y noviembre del año pasado, aterrizaron en la realidad: “la organización los recogía en el aeropuerto y los trasladaba hasta Prado del Rey (Cádiz), donde les retenía su documentación y les quitaba el dinero que llevaban consigo para controlarles en todo momento”.

Prado del Rey, al sur de España, es un lugar cerca de seis mil habitantes. Uno de los típicos y bellos “pueblos blancos” de Andalucía. Allí vieron a los jóvenes suramericanos pocas veces sin imaginar lo que vivían.

”Para facilitar el control que ejercían sobre sus víctimas, los tenían hacinados en una sola vivienda y solo les permitían relacionarse entre ellos, manteniéndolos en la más absoluta indigencia, llegando en ocasiones a tener que mendigar para poder subsistir”, explica la Guardia Civil.

Cuando los agentes llegaron el miércoles pasado encontraron algunas cajas de leche en la nevera, un par de frascos de conservas y menos de una docena de huevos. “Racionamiento y control absoluto”, dicen.

Además, los chicos, cuyas edades oscilan entre los 17 y los 20 años, debían pagar una mensualidad por el alojamiento y la manutención. Para hacer frente a todos los gastos, los obligaban a participar en un chat de encuentros homosexuales, que era controlado y manejado por el líder de la organización.

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Luego los llevaban a los encuentros sexuales en diferentes sitios de la provincia de Cádiz y los esperaban en las inmediaciones. Al finalizar, les quitaban la suma que habían ganado. Si los proxenetas no eran los que habían encontrado el cliente, les retenían la mitad. Y los amenazaban con contarles las actividades a sus familias, lo que les producía mucha vergüenza. Ello, según la Guardia Civil, les proporcionaba a los delincuentes “posición de dominio y abuso de situación de superioridad”.

Guardia Civil

Guardia Civil española.

Foto:

Tomada de video

La detención de la red

La clave para destapar la actuación de la banda fue un aviso de los trabajadores de los Servicios Sociales municipales, a los que uno de los muchachos acudió para pedir ayuda en la consecución de trabajo y recursos económicos. Aunque no supieron más, sospecharon que algo extraño sucedía y se pusieron en contacto con la Guardia Civil.

Los jóvenes fueron liberados en la Operación Promises. Resultaron tres personas detenidas. Una de ellas ya había permanecido tras las rejas durante tres años por una agresión sexual a un menor de edad en 2009 y, anteriormente, también había estado en la cárcel por otro delito. El viernes ingresó en prisión y sus cómplices están imputados y deben comparecer cada quince días en el juzgado.

(Lea aquí: 34 años después, cierran caso del asesinato del 'premier' Olof Palme)Los muchachos tienen ahora el estatus de víctimas de trata de seres humanos y cuentan con apoyo psicológico, sanitario y social.

Caso de mujeres

Este modo de actuar no es extraño entre las bandas de trata de gente, que, por lo general, capta mujeres. De hecho, esta misma semana la Policía Nacional liberó a cinco colombianas a las que obligaban a prostituirse en Cartagena, al oriente de España. Detuvo a quince miembros de la organización.

Las mujeres llegaron engañadas a trabajar, supuestamente, como meseras. Pero, una vez en España, “tenían que pagar una deuda generada con la organización y eran obligadas a ejercer la prostitución durante todo el día, sin apenas descanso”, según la Policía.

“La red de trata había llegado incluso a establecer un sistema de multas para controlar a las chicas en caso de perder clientes o no cumplir las normas infrahumanas” de la organización. No se les permitía salir y si se saltaban la norma, las multaban.

Vivían en el sótano del lugar utilizado como prostíbulo, donde las vigilaban constantemente mediante cámaras.

Durante la investigación, la Policía descubrió que la banda tenía contacto con otra que se dedicaba al narcotráfico. En un apartamento donde vendía droga también se permitía su consumo.

Aparte de rescatar a las víctimas, los agentes incautaron medio kilo de estupefacientes, miles de pastillas psicotrópicas, tres armas (una de ellas era artesanal y parecía un esfero) y doce mil euros.

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Los detenidos están investigados por delitos de trata de seres humanos con finalidad de explotación sexual, amenazas, delitos contra los derechos de los trabajadores, favorecimiento a la inmigración ilegal, tráfico de drogas, tenencia ilegal de armas, falsedad documental y pertenencia a organización criminal.

Se trata, pues, de dos casos distintos, en los que varios colombianos fueron engañados para viajar a España a alcanzar un sueño, y en realidad vivieron una pesadilla.

JUANITA SAMPER OSPINA
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
MADRID

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