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Europa: el ‘sánduche’ de las superpotencias
Europa

La gran cumbre UE-China, prevista para septiembre en Leipzig (Alemania), se pospuso a la espera de que la evolución del virus permita un encuentro presencial.

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Europa: el ‘sánduche’ de las superpotencias

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El Viejo Continente vuelve a ser el escenario central del pulso de los grandes por dominar el mundo.

El escenario no es tan espeluznante como los de 1914 o 1939, cuando empezaron las dos guerras mundiales. Las armas tampoco son cañones, tanques o aviones de combate. La nueva guerra fría que se libra hoy en el mundo es ante todo comercial y tecnológica, pero tiene algo en común con los conflictos del siglo pasado: Europa vuelve a ser el escenario central del pulso que libran las superpotencias por dominar el planeta.

Un frente de esa pugna, entre Rusia y Occidente, se abrió hace 6 años por la anexión rusa de Crimea y las amenazas de Moscú a Ucrania. Otro surgió 4 años después con el inicio de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que se añadió a los desafíos en el ciberespacio, el espacio exterior y puntos críticos del globo como el estrecho de Taiwán y el golfo Pérsico.

La Unión Europea (UE) quedó atrapada en un ‘sánduche’ en medio de estas rivalidades, y si el agua no ha llegado al río, es gracias al liderazgo de Angela Merkel, que ha ayudado al continente europeo a navegar airosamente en los mares tormentosos de la política internacional.

Este liderazgo comenzó a enfrentar una nueva prueba en julio, cuando Alemania asumió la presidencia del Consejo Europeo y en tal condición debe fijar la agenda de la UE. Merkel anunció que a la cabeza de esa agenda estará China, la superpotencia en ascenso. El presidente chino, Xi Jinping, será el invitado especial a la cumbre de jefes de Estado europeos inicialmente convocada para septiembre, que debió ser aplazada debido a la pandemia de covid-19.

Merkel atribuye gran importancia a esta cumbre, hasta el punto de que desoyó las críticas del Partido Verde alemán, que no está de acuerdo en ofrecer ese escenario al gobernante chino debido a su dura política frente a Hong Kong. Será la primera vez que los 27 jefes de estado de la UE se reunirán en conjunto con un mandatario extranjero.

Nuevo mapa mundial

La anterior es una muestra de los cambios en el mapa político mundial, fruto de la infinita contradicción del planeta. Este mapa fue alterado, de un lado, por las pugnas entre Estados Unidos, China y Rusia, y de otro, por el aislamiento estadounidense desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, todo lo cual afecta a la UE.

Aunque la competencia china amenaza a las empresas europeas, Merkel defiende su política de acercamiento al gigante asiático y para extenderla a la UE cuenta con el refuerzo de Ursula von der Leyen, su antigua ministra de Defensa, en la presidencia de la Comisión Europea.

Esto marcará una distancia de la UE con Estados Unidos mientras Trump esté al timón. Todo podría cambiar si este es derrotado el próximo 3 de noviembre, pues en una presidencia de Joe Biden seguramente se reforzarían los lazos con los aliados tradicionales de Washington, el principal de los cuales es Europa. Pero, por ahora, Europa y el mundo deben lidiar con Trump.
Alemania no aprueba los intentos de Washington de aislar a China, que ha sido una meta de la política exterior estadounidense desde hace largo tiempo. No hay que olvidar que ella estuvo en el origen de la guerra de Vietnam. Trump intenta revivirla, ignorando la nueva realidad geopolítica, como lo señaló hace poco el ministro alemán de Economía, Peter Altmaier, al decir que “el aislamiento no es una opción en un mundo globalizado”.

La ruta de la seda

La aproximación de la UE a China no ocurre en un camino de una sola vía. El Gobierno chino ha ganado influencia en Europa al ofrecerle ayuda para aprovechar la “nueva ruta de la seda”, el gran proyecto internacional lanzado en 2013.

Esta iniciativa, en la que el régimen chino ha hecho cuantiosas inversiones, ofrece una ruta terrestre y marítima para comunicar los centros chinos de producción con el resto de Asia, el océano Índico, África y Europa. Su columna vertebral es una red ferroviaria de 8.200 kilómetros entre la ciudad china de Chongqing y la alemana de Duisburgo, pasando por Kazajistán, Ucrania y Polonia.

Este ambicioso proyecto se inspira en la legendaria ruta que sirvió a China desde antes de la era cristiana para el comercio exterior de sus productos, comenzando por la apreciada seda, y obtener los fabricados en otros países, principalmente europeos. Aquella ruta tuvo su apogeo en la Edad Media y condujo a un auge sin precedentes del comercio entre Oriente y Occidente.

La ‘resurrección’ de la célebre ruta en el siglo XXI con los adelantos que proporciona hoy la tecnología es un reflejo del vertiginoso progreso chino, bien apreciado en Europa. Tanto así que en las encuestas de opinión los europeos manifiestan que las relaciones con Estados Unidos ya no son tan importantes como antes, mientras que las de China lo son cada día más.

El frente ruso

Rusia ha sido un dolor de cabeza para Occidente desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Aunque fue un aliado clave para derrotar al nazismo, no pasaron 4 años desde la entrada triunfal a Alemania de las tropas rusas, estadounidenses y británicas cuando las potencias occidentales se sintieron obligadas a enfrentar a la Unión Soviética con la creación de la Otán.

En 1989, cuando la Cortina de Hierro que dos generaciones de líderes occidentales trataron inútilmente de derribar se cayó sola, se creyó que los intentos rusos de desestabilizar a sus antiguos rivales habían pasado a la historia. El final de la Unión Soviética y su desmembración dieron paso al surgimiento de una sola superpotencia, que parecía estar en capacidad de ejercer la hegemonía mundial.

Al mismo tiempo, varios de los países que habían pertenecido al Pacto de Varsovia –la respuesta soviética a la Otán– se acercaron a la organización occidental. Pero la nueva Federación Rusa no renunció al papel que cree que le pertenece por su historia y poderío militar. En dicho empeño llegó en 1997 a un entendimiento con la Otán para eliminar el peligro de una confrontación militar en Europa.

Este arreglo fue como el casamiento engañoso que pinta Cervantes en una de sus novelas ejemplares. Los recelos mutuos no desaparecieron. Por el contrario, aumentaron con episodios como la interferencia rusa en las elecciones de 2016 en Estados Unidos, los ejercicios militares de la Otán cerca de las fronteras rusas en vísperas del 9 de mayo, cuando Rusia conmemoró los 75 años del Día de la Victoria sobre el nazismo, y la reciente acusación de que hackers rusos intentaron robar datos a las empresas de Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido relacionados con las investigaciones para crear la vacuna contra el covid-19.

Relaciones con Washington

Las relaciones de la UE con Estados Unidos son un capítulo aparte. El papel estadounidense en la Segunda Guerra Mundial afianzó los vínculos de Washington con los países europeos y estos se mantuvieron durante la Guerra Fría, en virtud de la lucha común contra la Unión Soviética. En los años siguientes se estrecharon aún más. Pero la situación cambió a raíz de las elecciones presidenciales del 8 de noviembre de 2016 en Estados Unidos.

La agresiva agenda comercial contra China que Trump adoptó al llegar a la Casa Blanca fue ampliada después hasta afectar a los aliados europeos, mientras China mostró ser un socio confiable para Europa. En los últimos años, en los que duplicó su participación en el comercio mundial y pasó a convertirse en la segunda potencia económica del planeta, también ha sido el principal socio comercial de Alemania.

Los objetivos europeos y estadounidenses también chocan en Irán, pues mientras la UE favorece el acuerdo nuclear, la administración Trump lo ignora y busca la confrontación con el régimen de los ayatolás. Pero las mayores fricciones provienen de la hostilidad entre Washington y Pekín, que ha escalado en varios terrenos.

Uno de los principales es el tecnológico, en el que Estados Unidos lanzó una ofensiva contra el gigante cibernético chino Huawei, pionero de la tecnología de 5G y principal fabricante de equipos de comunicaciones del mundo. Washington le bloqueó los negocios en su territorio porque lo considera un instrumento de espionaje al servicio del régimen chino.

La UE no ha cedido a las presiones estadounidenses para que se sume al veto, como ya lo hizo el Reino Unido. Deutsche Telekom, la principal compañía alemana de telecomunicaciones, utiliza tecnología de Huawei, y la canciller Merkel ha dicho que no es partidaria de excluir del mercado alemán a una compañía por su nacionalidad. Además, la política de la UE favorece la multiplicidad de operadores.

‘Ping-pong’ diplomático

Las tensiones entre la UE y Estados Unidos han aumentado con el escalamiento del ping- pong de sanciones entre Washington y Pekín, que ya no se limita a los gobiernos. Hace poco China condenó a los senadores republicanos Marco Rubio y Ted Cruz, al representante Chris Smith y a otras personalidades estadounidenses por el apoyo que dieron a las sanciones de la Casa Blanca a varios funcionarios chinos por los abusos contra los uigures en la región musulmana de Xingjang.

A lo anterior se suman el arresto en Estados Unidos de cuatro ciudadanos chinos acusados de espionaje y el choque diplomático precipitado por el cierre del consulado chino en Houston, donde hay una considerable población de este origen, al cual respondió Pekín con una medida similar contra el consulado de Estados Unidos en Chengdu, la decimocuarta ciudad china.

La contradicción entre la política exterior de la UE y la de Estados Unidos muestra que las relaciones entre los antiguos aliados a ambos lados del Atlántico ya no son las de antes. Aunque una confrontación entre ellos es impensable, ahora tienen intereses divergentes. Los europeos están mostrando que pueden tomar sus propias decisiones, como lo está haciendo Merkel, sin que esto genere un conflicto. Al fin y al cabo, Europa también es una superpotencia.

LEOPOLDO VILLAR BORDA - PARA EL TIEMPO

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