El envenenamiento que tiene en alta tensión a la Unión Europea y Rusia

El envenenamiento que tiene en alta tensión a la Unión Europea y Rusia

Alexei Navalni, el mayor opositor de Putin, fue envenado en agosto, causando un revuelo político.

Alexéi Navalni

Navalni ha liderado diferentes manifestaciones contra el gobierno ruso. Solo en 2017 lo encarcelaron tres veces. Ese año le rociaron una sustancia en la cara que le quemó el ojo.

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AFP

Por: Redacción Domingo
20 de septiembre 2020 , 01:14 a. m.

Como en una novela de espionaje que recordó las viejas prácticas de la Unión Soviética durante la Guerra Fría, el mes pasado “el mayor opositor del Kremlin”, Alexei Navalni, resultó envenenado con una gota de una poderosa sustancia neurotóxica en una botella de agua. Y lo que los voceros de Navalni califican como un claro “intento de asesinato” ha desatado una fuerte tensión entre Europa y Rusia.

(En contexto: Opositor de Vladimir Putin fue hospitalizado por supuesto envenamiento)

El 20 de agosto Navalni se subió a un avión en Tomsk, Siberia, para realizar un viaje de cuatro horas y media hasta la capital del país, Moscú. Pero, sin haber llegado ni a la mitad del camino, comenzó a sentir un dolor tan fuerte que obligó al piloto a hacer un aterrizaje de emergencia en la ciudad de Omsk.

Desde ese momento, la cuenta de Twitter de su portavoz y jefa de prensa, Kira Yarmysh, que viajaba con él, fue el canal por el cual los medios siguieron de cerca lo que pasaba con la salud de Navalni. Y, aunque sus intervenciones en la red social daban la información más cercana, otros pasajeros del avión también compartieron videos en los que el político ruso gritaba de dolor dentro del avión y también imágenes de la ambulancia que lo recogió en plena pista de aterrizaje.

“Suponemos que Alexei fue envenenado con algo mezclado con su té. Fue lo único que bebió por la mañana”, adelantó la portavoz. Pero este jueves se confirmó el hallazgo de restos del veneno en una botella de agua que había en su habitación del hotel Xander, en Tomsk.

(También puede leer: Hallaron restos de Novichok en botella del hotel donde estuvo Navalni).

Ya en el hospital, la historia comenzó a complicarse. Según Yarmysh, “la reacción evasiva de los médicos solo confirma que se trata de una intoxicación”, comentó en su cuenta de Twitter.

Al ver el riesgo que corría la vida del líder opositor, quien incluso quedó en coma por una baja de azúcar en la sangre, una ONG alemana se ofreció a trasladarlo a un hospital en Berlín en el que la misma canciller Angela Merkel aseguró que recibiría la mejor atención médica posible.

Inicialmente, los médicos rusos se negaron a esa posibilidad argumentando que Navalni “no estaba en condiciones para viajar a Alemania”, pero después de tres días, el 22 de agosto, las presiones de sus allegados, de sus copartidarios y de la comunidad internacional lograron llevar al político hasta Berlín.

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¿Quién es Navalni?

Ignorado por los medios nacionales, sin representación en el Parlamento y sin la posibilidad de presentarse como candidato a raíz de una condena por fraude fiscal que él denuncia como política, Alexei Navalni resiste, a pesar de todo, como la voz más potente de la oposición rusa.

“Me dedico a la política desde hace tiempo; a menudo me arrestan (...), es parte de la vida”, reflexionó en algún momento. “Hago el trabajo que prefiero, la gente me apoya, tengo muchos simpatizantes. ¿Qué puede hacer más feliz a un hombre?”.

Desde 2007, el abogado ha combatido al gobierno comprando acciones en grupos semipúblicos, como la petrolera Rosneft y el gigante del gas Gazprom. Y amparándose en su estatus de accionista minoritario, exige transparencia en las cuentas.

(Además: Los otros casos de envenenamiento de opositores del Kremlin)

Navalni ganó notoriedad en las elecciones legislativas de diciembre de 2011, que generaron una ola de protestas y en las que el abogado destacó por su carisma y por la potencia de sus ataques contra el Kremlin.

En 2012 creó el Fondo de Lucha contra la Corrupción, que, por sus denuncias, desde entonces no deja de estar en el punto de mira de las autoridades. En estos últimos meses, esta organización ha tenido multas, sus locales han sido registrados y sus activos, congelados.

Hago el trabajo que prefiero, la gente me apoya, tengo muchos simpatizantes. ¿Qué puede hacer más feliz a un hombre?

En medio de un régimen de claros tintes autoritarios, este activista multiplica los golpes de efecto al plantar cara a los intocables. Así, con los informes que han resultado de las investigaciones del Fondo Anticorrupción, Navalni llegó al punto de demandar al fiscal general, Yuri Chaika. En esas investigaciones también se destacan los documentos que implican al exprimer ministro Dmitri Medvédev y al mismo Putin.

En el 2013 obtuvo su primer éxito electoral en los comicios municipales de Moscú. Sorprendió al quedar de segundo, con el 27,2 por ciento de los votos, justo por detrás del alcalde saliente, el exjefe de gabinete de Putin, Serguei Sobianin, un resultado que lo confirmó como figura esencial de la oposición.

Pero ese mismo año, este padre de dos hijos fue condenado a penas de prisión en suspenso por dos casos de desvío de fondos que él tacha de políticos y que implican que no podrá ser candidato hasta el 2028.

El opositor fue encarcelado tres veces solo en el 2017, un año en el que hubo una ola de protestas en Moscú que comenzó en marzo a raíz de la publicación del documental No lo llamen Dimón, un trabajo investigativo que presentó Navalni por medio de su Fundación Anticorrupción. ‘Dimón’ hace referencia al diminutivo de Dmitri Medvédev, pues en la película se mostraba la presunta actividad corrupta del exprimer ministro.

Desde entonces y hasta 2018, tras la cuarta inauguración del gobierno de Putin, miles de personas, sobre todo jóvenes, se unieron a los movimientos de protesta convocados por el abogado. Un activismo especialmente incómodo para el gobierno no solo por sus campañas contra el proceder del Kremlin y los hilos de la corrupción relacionada con el Ejecutivo, sino por su actividad en el plano internacional y sus recurrentes investigaciones que develan el patrimonio escondido de los allegados al poder.

Tensiones políticas

Desde el mismo día que Navalni fue internado en los cuidados intensivos de la clínica número uno de la ciudad de Omsk, Alemania y Francia ofrecieron “toda la ayuda médica” necesaria. La canciller alemana, Angela Merkel, se declaró “conmocionada”, y el presidente francés, Emmanuel Macron, dijo sentirse “sumamente preocupado”.

Fue entonces cuando Merkel insistió en ofrecer a Alemania para atender a Navalni médicamente. Bajo la lupa de la comunidad internacional, y al ver que la situación se complicaba, Rusia finalmente cedió ante el ofrecimiento de atenderlo fuera de su país. Tan solo tres días después, los médicos que analizaron al opositor en el hospital de La Charité, en Berlín, concluyeron que su paciente fue intoxicado con “una sustancia del grupo de los inhibidores de la colinesterasa”: una potente neurotoxina.

Hecho tras el cual Berlín, París, Londres y Washington pidieron a Rusia claridades sobre lo sucedido. Hasta la Otan se pronunció. Su secretario general, Jens Stoltenberg, pidió “una investigación transparente para saber qué pasó y garantizar que los responsables rindan cuentas”.

(Le puede interesar: OTAN exige a Rusia cooperar en una investigación sobre Navalni).

La respuesta de Rusia no ayudó a calmar las aguas. A través de Dmitri Peskov, portavoz del presidente Vladimir Putin, el Krem-lin calificó las conclusiones de los alemanes como “apresuradas”. “Estamos en desacuerdo total con las diversas formulaciones precipitadas que se utilizan para afirmar que hay una elevada probabilidad de envenenamiento”, dijo, para luego agregar que no creía que este hecho debiera afectar en la relación ruso-occidental.

Alemania fue más exhaustiva en sus análisis, en los que también participó el ejército del país. Finalmente encontraron “pruebas inequívocas” de que el opositor ruso fue envenenado con un agente neurotóxico “de tipo Novichok”. Angela Merkel agregó que “esto plantea cuestiones muy serias que solo Rusia puede y debe responder”.

Estamos en desacuerdo total con las diversas formulaciones precipitadas que se utilizan para afirmar que hay una elevada probabilidad de envenenamiento

La existencia del Novichok fue revelada en los años 1990 por el químico ruso Vil Mirzaianov. Estas sustancias atacan a dos enzimas que actúan sobre la contracción de los músculos, que dejan de ser controlados, lo que provoca espasmos y puede provocar la muerte por asfixia.

Para despejar cualquier duda o suspicacia, Alemania pidió a Francia y Suecia “una revisión independiente a partir de nuevas muestras de Navalni”. Y desde los dos países los laboratorios involucrados confirmaron que un agente neurotóxico del grupo Novichok fue la causa del envenenamiento que casi le cuesta la vida a Navalni. El detalle de que le fue suministrado en una botella de agua se supo gracias a que, apenas estalló el escándalo, miembros de su equipo revisaron la hibitación del hotel en Tomsk donde se alojó y recogieron varios objetos antes de que la policía llegara al lugar. Y esos elementos fueron enviados luego a Alemania para ser analizados.

(Lea también: La policía rusa quiere interrogar a Navalni en Alemania).

Cuando el envenenamiento se confirmó, Emmanuel Macron, el presidente de Francia, calificó el hecho como un “intento de asesinato”. Y Alemania, por su parte, le dio un ultimátum al gobierno de Putin para responder. “La sustancia mortal con la que Navalni fue envenenado se encontró en el pasado en posesión de las autoridades rusas, solo un pequeño número de personas tiene acceso al Novichok, y ese veneno ya fue utilizado por los servicios rusos”, subrayó el ministro alemán de Relaciones Exteriores, Heiko Maas.

Desde entonces, casi todos los miembros de la Unión Europea se han pronunciado al respecto, mientras que Rusia niega toda responsabilidad, promete colaborar y ya abrió una investigación. Aunque nadie en la oposición espera mayores resultados.

Otros envenenamientos

El problema para el Kremlin es que esta no es la primera vez que se le vincula con un envenenamiento. El 4 de marzo de 2018, el exagente doble ruso Serguei Skripal y su hija Yulia fueron encontrados inconscientes en un centro comercial de Salisbury (sur de Inglaterra) y hospitalizados en estado grave. Ambos sobrevivieron a un envenenamiento y viven en la clandestinidad, pero este episodio desató fuertes roces diplomáticos entre Londres y Moscú.

El 14 de septiembre de ese mismo año, Piotr Verzilov, activista del grupo contestatario Pussy Riot, fue ingresado en un hospital moscovita, en una unidad de cuidados intensivos toxicológicos, en estado grave.

Y otro caso emblemático fue el del exagente del FSB (servicios secretos rusos) Alexandre Livinenko, opositor del Kremlin en el exilio, que murió en 2006 en Londres tras ser envenenado con polonio-210, una sustancia radioactiva extremadamente tóxica. Una investigación británica señaló como culpables a dos rusos que habían tomado té con la víctima en un hotel y concluyó que la responsabilidad fue de Moscú, algo que el gobierno ruso rechaza.

Volviendo al caso Navalni, algunos analistas han lanzado la hipótesis de que algún afectado por sus denuncias de corrupción podría haber actuado por su cuenta, o alguien del círculo de poder interesado en ganar puntos con Putin, pero de momento los reflectores continúan sobre el Kremlin.

Por su parte, Alexei Navalni regresó el martes a las redes sociales por primera vez desde que fue envenenado el mes pasado y sus aliados dijeron que planea regresar a Rusia una vez se recupere. “Nunca se consideró otra opción”, dijo Kira Yarmysh.
El incansable opositor publicó una foto en la que aparece junto a su esposa e hijos, y bromeó sobre su estado de salud. Pero su recuperación no ha reducido en nada el estado de crispación entre Europa occidental y Rusia.

(Le recomendamos: Navalni puede respirar).

REDACCIÓN DOMINGO*
Mateo Arias Ortiz
EL TIEMPO* Con información de AFP y Bloomberg

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