‘Colombia ilumina como un faro el universo del español’

‘Colombia ilumina como un faro el universo del español’

Darío Villanueva, director de la RAE, visita Bogotá para presentar la nueva plataforma Enclave.

Darío Villanueva, director de la RAE

Darío Villanueva (España, 1950), en una de las salas de la Real Academia Española (Madrid).

Foto:

Cortesía RAE

Por: Juanita Samper Ospina
11 de noviembre 2018 , 09:54 p.m.

Darío Villanueva, director de la Real Academia Española, llega a Bogotá cuando empieza la cuenta atrás del sesquicentenario (150 años) de nuestra academia en el 2021. Es el viaje de despedida de su cargo. EL TIEMPO lo entrevistó en Madrid, poco antes de despegar.

¿Cuál es el objetivo de su viaje a Colombia?

Visitar la Academia Colombiana de la Lengua, que es la decana de todas las que se crearon en América a partir de 1871. También iré al Instituto Caro y Cuervo, que es una referencia para el estudio del español en todo el mundo.

Es la primera vez que viaja a Colombia. ¿Qué espera encontrar en materia de lenguaje?

La realidad de un país pionero en contribuir en aquellos momentos difíciles del siglo XIX, el de las independencias, al mantenimiento de la unidad del idioma y que luego ha venido prestando una atención intensa a nuestra lengua común. También voy a visitar una universidad y, por supuesto, los centros universitarios colombianos, donde el español está siendo objeto de estudio y enseñanza. Es fundamental porque lo que las academias hacemos es importante, pero tan importante o más es la tarea educativa que se lleva a cabo en las escuelas y universidades para que se enseñe la lengua en todos sus niveles. También lo es la tarea de los medios de comunicación, que utilizan el idioma como el instrumento básico para realizar su trabajo y nos acompañan más, incluso, que la propia escuela.

En Colombia se lo considera el padrino de las palabras ‘vallenato’ y ‘porro’, que entraron al diccionario académico el año pasado. ¿Ha escuchado estos tipos de música?

Tengo un disco reciente que es una antología del vallenato; lo pongo cuando estoy trabajando y sobre todo cuando tengo que afrontar algún problema complejo: me ayuda a superarlo.

Hace poco anunció que no se va a presentar de nuevo al cargo de la dirección de la Academia. ¿A qué se debe esta decisión?

Yo ingresé en la Academia hace diez años. Al año me eligieron secretario, que es el segundo puesto de responsabilidad en nuestra institución. Fui durante cinco años secretario, y al acabar me eligieron director, cargo en el que estuve durante cuatro. Creo que he cumplido en todo, y ahora la vida sigue y tengo que dedicarme a otras cosas, recuperando mi condición de académico de a pie.

¿Cuál es el balance de su gestión?

Los balances de las gestiones los tienen que hacer otros. Es peligroso que lo realice el propio sujeto de la actividad, pero creo que es legítimo que cada uno en su fuero interno analice su propio balance. Estoy satisfecho, en paz conmigo mismo, y creo que hice todo lo que podía. Unas cosas salieron bien; otras, no tan bien, pero pienso que he conseguido mantener la Academia en un momento de una profundísima crisis económica. Cuando ingresé era julio de 2008, y me tocaron nueve años duros de esa crisis para sostener la Academia en funcionamiento, sin deudas, y mantener la plantilla de 79 personas. También me he enfocado mucho en hacer la academia de los nativos digitales. Es decir, lo que toca ahora es ponerse a la altura de las circunstancias de la sociedad digital, de la galaxia del internet. Para ello hemos avanzado en la prestación de servicios digitales, como el diccionario en línea –que se consulta 60 millones de veces al mes– y la plataforma de servicios lingüísticos interactivos Enclave RAE. Es algo que no existe en ninguna lengua del mundo. También hemos impulsado otra serie de obras, tanto en el aspecto literario como en el lingüístico.

Lo que las academias hacemos es importante, pero tan importante o más es la tarea educativa que se lleva a cabo en las escuelas y universidades para que se enseñe la lengua en todos sus niveles

Va a presentar la plataforma Enclave en Colombia. ¿De qué se trata?

Cuando me preguntan cuánto tiempo nos llevó hacer esta plataforma, yo digo que 305 años porque ahí está lo que la Academia ha hecho desde su fundación. Todo el acopio de información que hay de estudio sobre la lengua española, organizado de manera interactiva y en función de cómo se puede prestar el mejor servicio a cualquier persona interesada por la lengua. Está todo lo que tiene que ver con las palabras del español, permitiendo encontrarlas conforme a criterios muy diversos. En lugar de buscar la información en los diccionarios, el sistema te da aquello que buscas con las indicaciones que hagas. También ofrece un verificador de texto de más de 200 páginas. El sistema nos enseña qué dificultades ortográficas, léxicas, semánticas o sintácticas puede haber ahí para que nosotros tomemos la decisión más oportuna. También nos permite descomponer un texto conforme a las categorías gramaticales. Tiene un apartado pensado sobre todo para los profesores con el fin de que puedan hacer unidades didácticas para sus alumnos; incluso manuales personalizados. No hay nada similar en ninguna lengua en el mundo, y todos los que están acudiendo a ella quedan asombrados por lo que este servicio presta.

¿Cómo debe hacer el usuario para acceder a ella?

La ofrecemos por vía de una suscripción anual. El diccionario en línea es gratuito; en cambio, la plataforma no. Nuestro deseo es que sea adquirida, con un número muy amplio de licencias, por organismos públicos para ofrecer ese servicio a la gente, a la educación, a la administración, a los medios profesionales, etc.

¿Cómo es la radiografía del español actual? ¿Cuáles son sus fortalezas y debilidades?

Una de las fortalezas es la demografía. Cada vez hay un mayor número de hispanohablantes nativos, a pesar de que existen países en donde los datos están estabilizados, como en España y algunos de América Latina. En Estados Unidos, el crecimiento es espectacular. Me refiero a la comunidad hispana en aquel gran país. Y hay otra fortaleza, que para mí tiene mayor trascendencia: la unidad. Somos una lengua con un tronco de unidad gramatical, léxica e incluso fonética (aunque tengamos acentos diferentes). Nos entendemos perfectamente bien, y esto lo comprobamos día a día a través de los medios de comunicación. Cualquier cosa que ocurra en un país hispanohablante verbalizada por naturales de ese país es entendida por cualquier otro hispanohablante de nuestra vasta comunidad en América, en Asia (tenemos en Filipinas todavía una presencia interesante del español), en África (Guinea Ecuatorial, cuya academia forma parte de la Asociación de Academias) y España. Esto no significa uniformidad, sino que hay un tronco muy sólido unitario y muchísimas estaciones singulares de cada región, de cada zona, de cada país. Otra fortaleza enorme es el potencial cultural. El español es una lengua como pocas en el mundo por la aportación que en ella y desde ella se ha hecho a la cultura universal.

En cuanto a las debilidades, aunque estamos en vías de superarlas, se encuentran las deficiencias educativas, económicas y de fuerza social de algunos países. Existe una relación directa entre el estado de una lengua y el estado de la sociedad al que esa lengua sirve. El desarrollo de nuestras sociedades es algo que la lengua necesita para su bienestar. No solo para el bienestar de los que la hablan.

¿Cómo ve el manejo del idioma español en las redes sociales?

Es cierto que en las redes sociales se permiten algunas licencias que son contrarias a la ortografía normativa, a la sintaxis o a la morfosintaxis, y en el aspecto léxico hay libertades. Sin embargo, esto no debe preocuparnos en demasía si tenemos en cuenta, por ejemplo, lo siguiente: en el siglo XIX, el gran avance en la comunicación fue la irrupción del telégrafo. ¿Y cómo se escribían los telegramas? Con monosílabos, sin nexos, con verbos simples, sin adjetivos, porque se pagaba por palabras y había prisa en establecer la comunicación. Aquello no deterioró el idioma, puesto que la gente que escribía telegramas sabía que no podía hacerlo igual a como escribía en el trabajo. El problema sería si ahora las personas trasladan esas licencias que utilizan en las redes sociales a otro tipo de escritura más formal. Creo que eso no ocurre todavía, y para ello es fundamental el sistema educativo en nuestros países, que cada vez mejora más.

El sistema nos enseña qué dificultades ortográficas, léxicas, semánticas o sintácticas puede haber ahí para que nosotros tomemos la decisión más oportuna

Otra amenaza es el uso de voces de idiomas extranjeros, sobre todo provenientes del inglés. ¿Existe un antídoto eficaz contra ella?

Las academias estamos muy atentas a esto, pero podemos llegar a veces tarde al proceso si los propios hablantes no somos los primeros en adoptar una postura de respeto hacia nuestra lengua y no entregándonos de manera irreflexiva a un término que proceda del inglés. Ello, por ejemplo, es importante que suceda en las agrupaciones de tipo profesional. Por ejemplo, que una agrupación de ingenieros, cuando reciba nuevos procedimientos, nuevas tecnologías, generalmente del mundo anglosajón, se encargue de buscar una equivalencia en español. Es fácil ponerla en circulación con una traducción. Sin embargo, no siempre es posible encontrar la traducción exacta; aparece entonces una segunda posibilidad, que es la adaptación fonética de la palabra inglesa a la prosodia de nuestro idioma. Y esto ha tenido ejemplos de mucho éxito, como el caso de fútbol, cuya denominación es la suma de dos palabras inglesas: ‘foot’ y ‘ball’. Hubo una traducción, que es balompié. Fútbol hoy en día está adaptado porque lo escribimos conforme suena en español, no ‘football’. Y, en el caso de que esto tampoco cuaje, no hay nada que hacer: llegamos a lo que en el diccionario se suele poner en letra cursiva y llamamos anglicismos crudos.

Esta es una pregunta obligada en nuestro país: ¿es verdad que, como afirman algunos, en Colombia se habla el mejor español?

Las generalizaciones son falsas; incluso esta. Hay que matizar. No se puede pensar que una realidad es tan perfecta, cerrada, tangible, que no tiene ninguna excepción. En todos los países hispanohablantes hay gente que habla muy bien la lengua, hay gente que la habla razonablemente bien y hay gente que la habla zarrapastrosamente mal. Lo que sí es cierto es que, haciendo una media y por la manera como se expresan los nacionales de los distintos países donde se habla español, Colombia siempre ha dado un ejemplo de una utilización amorosa de la lengua. Y también, en el plano institucional, no es azaroso que el primer país independiente de América en donde se crea una academia fuera precisamente Colombia. Tampoco lo es que tenga un centro de referencia en el estudio del español, más allá de las universidades, como es el Instituto Caro y Cuervo. Sumando todo esto, no cabe duda de que Colombia se sitúa entre los países que iluminan como un faro el universo del español.

JUANITA SAMPER OSPINA
Corresponsal de EL TIEMPO
Madrid (España)

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