El regreso del fantasma de un apocalipsis nuclear

El regreso del fantasma de un apocalipsis nuclear

Entrada en coma del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio, la noticia más preocupante.

Misiles hipersónicos rusos

Rusia alteró el tablero con sus misiles hipersónicos que, a diferencia de los vectores anteriores (foto), son capaces de vulnerar fácilmente las defensas de EE. UU.

Foto:

Sergei Ilnitsky / EFE

Por: Sigmar Gabriel - Project Syndicate
23 de febrero 2019 , 09:26 p.m.

Uno de los pilares del control de las armas nucleares pasó a ser historia el 2 de febrero, cuando expiró el plazo de 60 días que Estados Unidos le había dado a Rusia para salvar el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, por su sigla en inglés) de 1987. Rusia no solo dejó pasar el plazo, sino que siguió los pasos de Washington y se retiró temporalmente del tratado. Pero también hizo lo mismo la Unión Europea, a instancias de Alemania. Europa hoy está entrando en un período potencialmente peligroso y debe jugar un rol mucho más activo en el debate sobre las armas nucleares.

El Tratado INF prohíbe el despliegue de misiles nucleares de alcance intermedio en Europa. Su agonía opaca las perspectivas de extender el Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas entre Estados Unidos y Rusia cuando expire en 2021. Y sin un marco contractual para las armas nucleares entre Rusia y Estados Unidos, el Tratado Internacional de No Proliferación de Armas Nucleares no puede sobrevivir.

La no proliferación depende de la voluntad de las dos superpotencias nucleares de someterse a un control y verificación de armamentos. Si Estados Unidos y Rusia, en cambio, se dedican a acumular armas nucleares, las potencias más pequeñas harán lo mismo, porque creen que de esa manera se vuelven invulnerables. Corea del Norte e Irán son solo los primeros ejemplos de esto.

Una extensión del Tratado INF para impedir una nueva carrera de armas nucleares en Europa es algo por lo que habría valido la pena pelear. Al ser el primer –y hasta ahora único– acuerdo verdadero de desarme, le brindó al continente un resguardo antes desconocido frente a una confrontación nuclear. Pero, en lugar de cumbres de alto nivel y diplomacia itinerante para rescatar el tratado, lo único que hubo fueron esfuerzos relámpago.

Las posibilidades de salvar el INF son hoy insignificantes. Tanto Estados Unidos como Rusia quieren librarse de todas las limitaciones en materia de armas nucleares no para una confrontación mutua, sino porque hoy ven a China como su verdadero adversario nuclear. Como China no estaba en el radar internacional para las conversaciones de desarme a fines de los años 1980, no es parte de ningún tratado actual de reducción de armas y desarme. Pero, hoy, aproximadamente el 80 % del arsenal nuclear de China está exactamente en el alcance intermedio que prohíbe el INF para Estados Unidos y Rusia. Por eso, a pesar de su guerra pública de palabras sobre violaciones reales o supuestas al tratado, Estados Unidos y Rusia comparten un objetivo prioritario: armarse contra China.

Alemania y Europa son, en consecuencia, de importancia secundaria para las dos superpotencias nucleares. Desde la perspectiva de Estados Unidos y Rusia, una nueva acumulación de armas nucleares en Europa representaría apenas un daño colateral. Pero, para Europa, puede significar el final repentino de los sueños de una política exterior y de seguridad Europea. Si la Otán iniciara discusiones serias sobre el renovado despliegue de misiles nucleares de alcance intermedio en Europa, los miembros de Europa del Este –escépticos de que los europeos occidentales (en especial los alemanes y los franceses) quisieran morir por su libertad–, casi con certeza tomarían el ejemplo de Estados Unidos.

Tanto Estados Unidos como Rusia quieren librarse de todas las limitaciones en materia de armas nucleares no para una confrontación mutua, sino porque hoy ven a China como adversario nuclear

Europa tiene un rol

Frente a este escenario, Europa debe intentar ahora aplicar algún tipo de freno a los acontecimientos actuales y ganar tiempo para negociar, sin fastidiar al presidente estadounidense, Donald Trump, incrementando sus ganas de abandonar la alianza. El debate debe comenzar dentro de la UE, que no es formalmente un socio negociador sobre la cuestión de las armas nucleares y en la actualidad mira desde las gradas. Y, en vista de que Trump claramente no quiere informar a los miembros de la Otán, mucho menos a la UE, sobre sus próximos pasos, Europa debe hacerse valer.

Como primera medida, debería asumir una mayor responsabilidad en cuanto a la seguridad militar de Europa del Este desplegando más tropas convencionales en estos países. Esto debe estar acompañado del inicio de conversaciones entre Europa y Rusia sobre armas convencionales y nucleares. El primer paso es el control de armas, un instrumento pensado para los tiempos difíciles. Las medidas de generación de confianza, como una inspección mutua del desarrollo y las capacidades militares, pueden ayudar a reconstruir esta, que es un requisito previo para una subsiguiente reducción de armas y un posterior desarme.

Una auditoría del sistema de misiles crucero ruso SSC-8, que, según Estados Unidos, viola el INF, por supuesto es una máxima prioridad. Si bien Estados Unidos y Rusia admitieron inspecciones bajo el acuerdo solo hasta 2001, revitalizar la Comisión de Verificación Especial del tratado sería una buena forma de avanzar.

Recientemente, Rusia hizo una oferta verbal de abrir sus arsenales nucleares para una inspección –con la precondición de que Estados Unidos haga lo mismo–. Pero una aceptación de Estados Unidos parece improbable, ya que la administración Trump da la sensación de estar más preocupada por contrarrestar las capacidades nucleares de China que por Rusia y Europa. Aquí, Europa, y particularmente Alemania dentro de la Otán, debe tomar una postura clara frente a Estados Unidos. Una aceptación condicional de EE. UU. de una verificación por parte de Rusia representaría un progreso.

Entre tanto, la voluntad de Rusia de participar en un control de armas nucleares dependerá sobre todo de la disposición de Francia y del Reino Unido de permitir inspecciones de sus propios arsenales. Francia y otros países que quieren que la política de seguridad y defensa europea se vuelva más independiente de Estados Unidos deben estar preparados para tomar este tipo de medidas. El objetivo debe ser regresar a una arquitectura de seguridad europea confiable y creíble, algo que dejó de existir cuando Rusia invadió Crimea y fomentó la insurrección en el este de Ucrania.

Apaciguar este conflicto probablemente sea una condición previa esencial para volver a entablar conversaciones sobre armamentos con Rusia. Esto exigirá una misión de paz de las Naciones Unidas que mantenga –enérgicamente si fuera necesario– la tregua entre Ucrania y los separatistas respaldados por Rusia, además de supervisar el retiro de armas pesadas del este de Ucrania. Alemania es un miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en 2019 y Su tarea primordial debería ser desenterrar las conversaciones sobre una misión de la ONU al este de Ucrania y conducirlas a una conclusión exitosa.

Esto aclararía el camino para construir una nueva arquitectura de seguridad europea y permitir que Europa desempeñe un papel más central en la contención de la nueva carrera de armas nucleares.

SIGMAR GABRIEL
Exministro de Relaciones Exteriores alemán, es miembro del Bundestag
© Project Syndicate
Berlín

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