El peligroso ascenso del nacionalismo étnico radical

El peligroso ascenso del nacionalismo étnico radical

Europa estaba supuestamente vacunada contra estas ideas, pero hoy hay manifestaciones alarmantes.

Nacionalismo étnico radical

Miembros de un grupo de extrema derecha en Alemania durante una protesta callejera contra los extranjeros en su país.

Foto:

Markus Heine / AFP

Por: Shlomo Ben Ami - Project Syndicate
27 de octubre 2018 , 09:21 p.m.

Hace unos meses, Israel aprobó una controvertida nueva ‘ley del Estado nación’ que afirma que “el derecho (a ejercer) la autodeterminación nacional” es “exclusivo del pueblo judío” y declara el hebreo idioma oficial de Israel, degradando el árabe a una posición “especial”. Pero el intento de imponer una identidad homogénea a una sociedad diversa no es exclusivo de Israel. Por el contrario, puede verse en todo el mundo occidental, y no presagia nada bueno para la paz.

En las últimas décadas de globalización acelerada, el nacionalismo no desapareció en realidad; solo fue relegado por la expectativa de una mayor prosperidad económica. Pero la reciente reacción contra la globalización –motivada no solo por la inseguridad económica y la desigualdad, sino también por el temor a cambios sociales y demográficos– provocó un resurgimiento de un nacionalismo étnico a la vieja usanza.

Esta tendencia halla expresión y refuerzo en lo que algunos expertos denominan un “auge de la memoria”: la proliferación de museos, monumentos, sitios históricos y otros elementos del espacio público que resaltan los vínculos con la historia y las identidades locales. En vez de celebrar la diversidad, la gente se muestra cada vez más ansiosa de adoptar una identidad particular y exclusiva.

Muchos blancos en Estados Unidos ven como una amenaza existencial la posibilidad de convertirse en minoría –lo cual se prevé que sucederá en 2045– y suelen comportarse como si fueran un grupo desfavorecido. Donald Trump supo explotar esos sentimientos para conseguir el apoyo necesario para convertirse en presidente de EE. UU., y ahora su partido, el Republicano, está apelando a purgas de votantes ‘inactivos’ y leyes estrictas sobre identificación de votantes para dificultar el voto de las minorías.

Entre tanto, el apoyo a los esclarecidos valores de la Unión Europea se debilitó. Ahora, con cierta ironía, se ha formado una gran alianza de partidos nacionalistas de derecha con el objetivo de mejorar sus posibilidades en las elecciones de mayo de 2019 para el Parlamento Europeo. Estas fuerzas protestan contra la “política identitaria”, mientras le hablan a multitudes predominantemente blancas que insisten en que son los auténticos representantes de la nación.

Y su retórica ha cosechado el favor de algunos intelectuales. Autores como Mark Lilla y Francis Fukuyama sostienen que el multiculturalismo y la cooperación internacional se revelaron como una fantasía de las élites liberales. Mientras que el filósofo británico John Gray, viejo crítico del ‘hiperliberalismo’, pretende reinterpretar al revés el referendo por el ‘brexit’, que fue una clara manifestación de nativismo y xenofobia. Según Gray, la responsabilidad por el ascenso del nacionalismo es de la UE, por haber impulsado un “gobierno transnacional” que “los europeos no querían”.

El primer líder occidental que repudió el llamado hiperliberalismo fue el ex primer ministro británico Tony Blair, con las leyes antiterroristas aprobadas después de los atentados suicidas del 2005 en Londres. Hoy, ese repudio puede verse en todo el mundo occidental, desde el gobierno de Trump y el ‘iliberalismo’ del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y el líder ‘de facto’ de Polonia, Jaroslaw Kaczynski, hasta el gobierno populista en Italia.

Un nacionalismo étnico como el consagrado por la ley de Estado nación de Israel ha sido un elemento recurrente de la política del centro y el este de Europa. La nación, en tiempos de sometimiento, se definía por la sangre y la religión, no por la ciudadanía. Y después de la Segunda Guerra Mundial, muchas de las naciones de la región recuperaron la soberanía con limpiezas étnicas a gran escala.

La integración europea de la posguerra no consiguió resucitar el sueño multiétnico finisecular de Europa central y del Este. En vez de eso, revivieron los fantasmas de la xenofobia y el ultranacionalismo, de lo que sirve de ejemplo el creciente apoyo a la ultraderechista Alternative für Deutschland en Alemania, que rechaza la expiación alemana de culpas en la posguerra.

En tanto que en Austria, la coalición ultraderechista y xenófoba del canciller Sebastian Kurz está decidida a poner fin a la política de “aniquilación de la identidad”, de la que tanto se acusa a la Unión Europea.

Europa occidental estaba supuestamente libre de nacionalismo étnico. Los modernos Estados nación se formaron sobre bases cívicas (no étnicas), definiéndose la nación como una comunidad de ciudadanos. Jamás se pensó que la raza, el color de la piel y el género fueran impedimentos para una participación cívica plena e igualitaria. Además, Europa occidental es mayoritariamente secular, mientras que gran parte de Europa central y del Este –por no hablar de Estados Unidos– es más propensa a vincular su identidad a un orden moral basado en la religión. En vista de estos factores, el ascenso en Europa occidental de un nacionalismo étnico radical representa una crisis transformativa más que fundamental.

Esto se aplica en especial a las superpotencias, tradicionalmente éticas, del norte de Europa. El ascenso del ultraderechista Partido del Pueblo Danés y de los Demócratas de Suecia, con sus raíces en el fascismo sueco y su nostalgia de la mítica Suecia blanca de los años cincuenta, supone un golpe devastador al modelo más perfecto de socialdemocracia que Europa haya producido. Según los nacionalistas, el Estado social de bienestar no puede ser sustituto de la identidad étnica.

La integración europea de la posguerra no consiguió resucitar el sueño multiétnico de Europa central y del Este. En vez de eso, revivieron los fantasmas de la xenofobia y el ultranacionalismo

Un estudio reciente publicado en la revista ‘Democratization’ muestra que el nivel general de democracia liberal en todo el mundo coincide hoy con el registrado poco después del derrumbe de la Unión Soviética en 1991. Hubo un “retroceso democrático”, como lo llama Fukuyama, pero está concentrado en las regiones más democráticas del mundo: Europa occidental y América del Norte, América Latina y el Caribe, y Europa del Este.

Dada la importancia de estas regiones para la defensa del orden mundial liberal, el ascenso del nacionalismo étnico (blanco) tiene consecuencias potencialmente graves. A menos que estos países encuentren un nuevo modo de equilibrar los valores democráticos liberales con el anhelo de sentido de pertenencia de la gente, terminarán sentando las bases para un desastre.

SHLOMO BEN AMI*
Project Syndicate
Tel Aviv
* Shlomo Ben-Ami, exministro de Asuntos Exteriores de Israel y vicepresidente del Centro Internacional de Toledo para la Paz.

Serio retroceso en libertades y democracia

Cada año, Freedom House mide la evolución de las libertades y la democracia en el mundo, y el más reciente balance no es alentador. Dice esta organización que en el 2017, la democracia enfrentó su crisis más grave en décadas, ya que 71 países sufrieron disminuciones netas en derechos políticos y libertades civiles, y solo en 35 naciones hubo avances. Todo esto, en un contexto de “autócratas”, “democracias asediadas”, nacionalismos renacientes y xenofobia, entre otros problemas. Peor aún, el mundo completó 12 años consecutivos de declive en materia de libertades y democracia. Desde el 2006, explican, 113 países han experimentado un descenso neto y solo 62 han experimentado una mejora neta.

“Hace un cuarto de siglo, al final de la Guerra Fría, parecía que el totalitarismo había sido por fin vencido y que la democracia liberal había ganado la gran batalla ideológica del siglo XX. Hoy en día, es la democracia la que se encuentra golpeada y debilitada”, sentenció Michael J. Abramowitz, presidente de Freedom House.

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.