El doloroso alegato contra las armas nucleares en el Nobel

El doloroso alegato contra las armas nucleares en el Nobel

El premio le fue entregado a la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICÁN).

Setsuko Thurlow, nobel de paz

El emotivo momento de la entrega del Nobel, en manos de Setsuko Thurlow y Beatrice Fihn.

Foto:

Odd Andersen / AFP

10 de diciembre 2017 , 11:00 p.m.

La Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (Icán) hizo este domingo un emotivo alegato contra los arsenales atómicos al recibir el premio Nobel de la Paz. Con el drama de Hiroshima de fondo, y con la crisis abierta con Corea del Norte, urgió a las grandes potencias a unirse al tratado de prohibición consensuado en la ONU.

Esta organización que agrupa a 468 entidades y ONG en 101 países estuvo representada por su directora ejecutiva, Beatrice Fihn, y la activista y superviviente de la bomba atómica lanzada en 1945 por Estados Unidos sobre Hiroshima (Japón) Setsuko Thurlow, que recogieron juntas el premio.

A Thurlow, de 85 años, le tocó la parte más cruda, un duro relato sobre sus recuerdos del ataque nuclear que silenció al salón principal del Ayuntamiento de Oslo y provocó no pocas lágrimas entre el millar de asistentes, como no se ha visto en años en una ceremonia que suele tener un carácter más festivo y relajado. “Hoy quiero hacerles sentir en este auditorio la presencia de quienes perecieron en Hiroshima y Nagasaki, quiero hacerles sentir una gran nube de un cuarto de millón de almas. Cada persona tenía un nombre, cada persona era amada por alguien. Asegurémonos de que sus muertes no fueron en vano”, pidió.

Cada persona tenía un nombre, cada persona era amada por alguien. Asegurémonos de que sus muertes no fueron en vano

La superviviente japonesa pasó a hablar del “vivo” recuerdo del día del bombardeo, de la sensación de “flotar” en el aire, el colapso de su escuela, los gritos de sus compañeros y su sobrino Eiji, de 4 años, convertido en “un trozo fundido de carne” que siguió pidiendo agua hasta morir.

“Mientras salía arrastrándome, las ruinas ardían. La mayoría de mis compañeros de clase murieron quemados vivos. Vi a mi alrededor una devastación total, inimaginable”, explicó.

No se olvidó de criticar el “mito” de que las de Hiroshima y Nagasaki fueron “bombas buenas” que acabaron con una “guerra justa” y lo culpó de la “desastrosa” carrera armamentística nuclear.

Las armas atómicas no son un mal necesario, sino “el mal máximo”, sostuvo Thurlow, quien pidió el fin de la “locura” intolerable que representan y destacó la “enorme esperanza” que supone el tratado negociado en julio –impulsado por la Icán– y que apoyaron dos tercios de los países, pero no las grandes potencias ni sus aliados.

A las potencias nucleares –entre ellas Estados Unidos, Reino Unido y Francia, que no enviaron a sus embajadores a la ceremonia en señal de protesta– se dirigió Beatrice Fihn, urgiéndolas a acabar con la amenaza que suponen los arsenales atómicos. La directora de la Icán rechazó el efecto disuasorio que esgrimen las potencias y sostuvo que su utilidad “real” es provocar miedo y negar la libertad, atrayendo a más países a la carrera nuclear.

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