‘No es darle la espalda a la globalización, es corregir sus excesos’

‘No es darle la espalda a la globalización, es corregir sus excesos’

Pierre Moscovici, excomisario europeo de economía, dialogó con EL TIEMPO sobre el futuro de Europa.

Pierre Moscovici

Moscovici, quien además fue ministro para Asuntos Europeos, cree que se debe estudiar la anulación del pago de deuda de países emergentes.

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AFP

Por: Idafe Martín Pérez
19 de mayo 2020 , 10:57 a.m.

Pierre Moscovici, miembro del Partido Socialista francés, fue eurodiputado entre 1994 y 1997 y entre 2004 y 2007, cuando llegó a vicepresidente de la Eurocámara. Entre 1997 y 2002 fue ministro para Asuntos Europeos. En 2012 fue nombrado ministro de Finanzas francés y en 2014, comisario europeo de Economía, cargo que abandonó el año pasado. Moscovici habló con EL TIEMPO sobre los retos que enfrenta Europa ante la crisis sanitaria del coronavirus.

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El Estado aparece como escudo de último recurso frente a una gran crisis. ¿Es la vuelta a un papel más importante o únicamente una respuesta a la crisis que pasará en unos años?

Los Estados, que durante mucho tiempo fueron denigrados y empobrecidos, vuelven a encontrar un papel central: amortiguar el choque económico, proteger a los más vulnerables, garantizar la cohesión social, defender a las empresas. La crisis va a durar y sus consecuencias serán inmensas, así que la necesidad del Estado va a perdurar. Pero habrá que hacer que la actividad privada vuelva a encontrar su dinamismo porque la economía no puede vivir indefinidamente anestesiada. Así que el 'estatismo' no puede ser una solución estructural. Eso sí, será el Estado el que tendrá que organizar las funciones colectivas y las políticas públicas del mañana: sanidad, lucha contra la crisis climática, investigación, educación.

¿Ese papel del Estado puede llevarnos a medio plazo a una reindustrialización de los países europeos?

Con el covid-19, Europa descubre su dependencia y su debilidad industrial. No podemos esperar que las vacunas y las mascarillas vengan todas de China o el paracetamol todo de India. Tenemos que recuperar nuestra soberanía económica y relocalizar al menos una parte de las cadenas de producción de muchos sectores. No se trata de dar la espalda a la globalización, sino de descubrir y corregir sus excesos abandonando esta forma de ingenuidad.

La crisis va a debilitar a la UE en el momento en que crece China, cuando Estados Unidos parece perdido con Donald Trump y sin el ‘brexit’ acordado. ¿Europa puede terminar pagando sus debilidades?

Esta crisis no va a hacer ganadores, solo hará perdedores. Para la UE puede ser un peligro mortal, pero también un electrochoque saludable, que la obliga a mostrar solidaridad, unidad, inteligencia política, a afirmarse como potencia.

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Jaques Delors (expresidente de la Comisión Europea) habla del riesgo existencial que esta crisis supone para la UE. ¿Piensa que la UE está en riesgo?

Jacques Delors dijo la palabra justa, como siempre. La UE está en un cruce de caminos. O sale dividida, como tantas veces entre norte y sur, este y oeste, los 'frugales' y los 'derrochadores', las cigarras y las hormigas. Y entonces se decepcionará y hasta se deshará. O consigue pasar por encima de las divisiones tradicionales y se reinventa: ese sería un nuevo inicio.

El Consejo Europeo decidió la creación de un fondo europeo de reconstrucción económica. Mientras esperamos a saber cómo será, ¿la cifra de 1,5 billones le parece suficiente?

Va usted demasiado rápido. Por ahora sólo se ha logrado el principio de la creación de ese fondo, todo lo demás está en debate, también su tamaño. Como mi sucesor en la Comisión Europea –el nuevo comisario de Economía Paolo Gentiloni-, creo que 1,5 billones de euros sería un montante a la vez pertinente y necesario.

Parece que el fondo será alimentado sobre todo por una emisión de deuda y que los países recibirán más préstamos que transferencias. ¿Le parece una buena estrategia?


Creo que conceder préstamos, sobre todo si conllevan muchas condiciones, no puede ser suficiente. No es una verdadera política de solidaridad y de confianza mutua. Para demostrar esa confianza y esa solidaridad hace falta al menos que una parte sean transferencias: el fondo debe ser consecuente.

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El presupuesto europeo es de apenas del 1% del PIB de la UE. Incluso con un aumento de las contribuciones nacionales, ¿no parece demasiado pequeño como punto de apoyo para el fondo?

Creo que es demasiado limitado e insuficientemente ambicioso desde hace mucho tiempo. Un presupuesto del 1% no está a la altura de las necesidades de los europeos, ni en cantidad ni en calidad. Hace falta un esfuerzo mucho más grande y orientado a las políticas del futuro: sanidad, una economía más ecológica, educación, investigación, juventud o seguridad interior y exterior.

¿Cree posible un acuerdo ambicioso a la vista de las posiciones de los gobiernos?

Le mentiría si pretendiera convencerlo de que estamos cerca. Pero quiero creer que la gravedad de la crisis que atravesamos es, de lejos, la más importante desde la Segunda Guerra Mundial, y la consciencia de nuestras interdependencias acabarán por convencer a los Estados miembros de ir más allá de las divisiones ordinarias porque la situación no tiene nada de ordinaria. Si no lo consiguen, será una señal desastrosa para el futuro de Europa.

¿La UE necesita eurobonos u otro tipo de mutualización de deudas?

Sí, bajo una forma u otra, pero me parece indispensable. No podemos dejar un país de la Eurozona, por ejemplo Italia, sólo frente a la carga de su deuda soberana cuando se ve económicamente fragilizado, fuertemente endeudado y duraderamente golpeado por la crisis sanitaria. En estos momentos más que difíciles, no podemos seguir con las divisiones y los egoísmos del pasado porque la solidaridad no es una opción, es un imperativo categórico.

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¿El mercado común europeo corre riesgo si algunos países pueden ayudar mucho más que otros a sus empresas?

Ni es el caso ni puede serlo. La política de Competencia es una competencia europea y se aplica por igual a todos. Pero es deseable que se adapte a la nueva situación. Tiene que hacerse más protectora porque la situación delicada de numerosos sectores estratégicos va a exigir el concurso del Estado, incluso con nacionalizaciones. Y tiene que ser más ofensiva, porque necesitaremos “campeones europeos” para tener peso en la globalización. La responsable de Margrethe Vestager (comisaria de Competencia) es muy pesada, pero estoy seguro de que podrá con ella.

¿Las ayudas europeas o nacionales a las empresas deben ser condicionadas para forzar por ejemplo respeto medioambiental o garantías de mantenimiento del empleo?

La problemática de la condicionalidad positiva es seductora, pero no puede generalizarse porque depende demasiado de preferencias políticas opuestas: un hombre de izquierdas como yo será favorable a tener en cuenta el empleo, un conservador lo rechazará. Pero esta lógica puede imponerse a sujetos existenciales en los que sí hay consenso. Por ejemplo: nada de fondos estructurales sin respeto a la Estado de derecho y a nuestros valores fundamentales. O nada de libre comercio sin garantías medioambientales, sanitarias o de diversidad cultural.

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¿El Pacto Verde Europeo debe estar en el centro de la recuperación económica o mejor olvidarlo por un tiempo?

Sería un error gravísimo olvidarlo o reducirlo. No es un lujo sino una exigencia vital. La crisis climática es el mayor riesgo medioambiental, sanitario, social, económico o migratorio para las generaciones futuras. Así que hay que perseguir imperativamente esa gran transformación de nuestra económica y de nuestras políticas públicas


Von der Leyen (presidenta de la Comisión Europea) pidió perdón a Italia por la tardía reacción de Bruselas. Los sentimientos antieuropeos pueden crecer en Italia. Incluso en España. ¿Es un riesgo real?

Claro. Si las naciones y los pueblos que atraviesan una crisis mayor se sienten ignorados u olvidados por Europa, se volverán contra ella. Fue incontestablemente el caso al inicio de la crisis del covid-19 en Italia y en España. Esa petición de perdón fue bienvenida. Ahora los actos tienen que seguir a las palabras

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¿Y, al otro lado, más solidaridad con el sur no puede fomentar más euroescepticismo en el norte?

Dejemos de una vez esas oposiciones estériles y peligrosas. El sur de Europa necesita solidaridad, pero también credibilidad. Y el norte depende también de la prosperidad de sus vecinos y debe saber ser generoso. Lo repito: la palabra clave para Europa, la llave de su futuro, es la solidaridad. Sin ella pereceremos; con ella, creceremos.

¿Cree posible que Europa participe en una eventual anulación o una moratoria del pago de la deuda de los países emergentes?

Frente a la amplitud de la crisis, las instituciones de Bretton Woods y el G20 decidieron suspender por un año el servicio de la deuda de los países más pobres. Eso se aplica sobre todo a África, amenazada por una catástrofe humanitaria y económica. Es un primer paso, pero creo que habrá que ir más lejos y estudiar su anulación.

IDAFE MARTÍN PÉREZ
Para EL TIEMPO
BRUSELAS

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