En Italia, la gente se arma de paciencia en cuarentena por coronavirus

En Italia, la gente se arma de paciencia en cuarentena por coronavirus

Más de 60 millones de personas están en aislamiento para tratar de contener contagios.

Coronavirus en Roma

Así lucía este domingo la plaza de la Fontana di Trevi, uno de los sitios turísticos más concurridos de Roma. 

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Efe

Por: DARÍO MENOR TORRES
16 de marzo 2020 , 02:47 p.m.

“Casi hubiera preferido que nos cerraran también a nosotros”. Con el rostro protegido por una mascarilla y las manos enfundadas en unos guantes de goma, Marco, dueño de un kiosco situado en un barrio residencial de Roma, mantenía ampliamente la distancia de seguridad mientras entregaba la prensa diaria y una revista del corazón a una clienta habitual, que quería saber cómo llevaba la mañana en medio de la cuarentena nacional por el coronavirus.

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“Es duro, pues en nuestro trabajo estamos en contacto con mucha gente. Cuando escuché al primer ministro diciendo que cerraban todas las tiendas pensaba que también nos iba a tocar a los kioscos, pero aquí estamos para poder seguir siendo útiles a la sociedad”, decía Marco.

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Los puntos de venta de periódicos, como las farmacias, los supermercados y las tiendas de productos de primera necesidad, eran los únicos negocios abiertos el jueves en Italia en el día en que entró en vigor el nuevo decreto del Gobierno para tratar de hacer frente a la epidemia, que supera ya los 15.000 contagiados y el millar de muertes.

Coronavirus en Roma

Desde la semana pasada, los movimientos están limitados en Italia. Las calles de Roma se ven vacías en medio de la cuarentena.

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Efe

El ambiente en las calles de Roma es desolador, propio de una película distópica: persianas de la inmensa mayoría de las tiendas cerradas, calles sin apenas tráfico y muy pocos viandantes que se miran con desconfianza e intentando mantener siempre al menos un metro de distancia entre ellos. Delante de los pocos establecimientos abiertos hay largas colas, es necesario esperar fuera para ir entrando a cuentagotas y evitar así las aglomeraciones en el interior.

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“Toca armarse de paciencia”, contaba Andrea, guardando bien las distancias frente a una sucursal bancaria. “Yo tengo una inmobiliaria y me toca por fuerza venir para cobrar unos cheques”, explica este señor de unos 70 años, preocupado por el freno total que el covid-19 está provocando en su sector. Tras una hora de espera, a Andrea por fin le tocó el turno después de que saliera otro cliente.

En el suelo de la oficina está marcada con cinta aislante la distancia de seguridad que debe mantenerse tanto con los empleados como con los otros clientes. Lo mismo ocurre en los otros pocos establecimientos abiertos, como las farmacias y los supermercados, en los que no hay problemas de desabastecimiento y solo faltan los geles desinfectantes para las manos.

Coronavirus en Italia

Periodistas asisten a una rueda de prensa virtual con el primer ministro de Italia, Giuseppe Conte.

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Efe

“¿Tú tampoco llevas mascarilla?” El saludo de la farmacéutica a un conocido parecía casi un elogio por la supuesta valentía de ambos. No tardó en despacharle un medicamento para intentar calmar los nervios y conciliar el sueño, objetivos difíciles de alcanzar para muchos italianos desde que, hace ya tres semanas, la epidemia empezó a hacer estragos: primero en un puñado de localidades de Lombardía y Véneto y luego en todo el país, aunque ensañándose con las regiones norteñas.

Con los boletines diarios de contagiados y muertos, propios de una situación bélica, y las férreas restricciones adoptadas por el Gobierno para tratar de ralentizar los contagios y salvar el sistema sanitario, el coronavirus cambió ya profundamente la vida cotidiana de los 60 millones de habitantes de Italia.

No les queda más remedio que amoldarse a una existencia de ermitaño y salir de casa solo por motivos laborales, de salud o de necesidad. La Policía se encarga de multar a quienes violan esta prohibición, como un señor de Pordenone, en el noreste del país, al que sancionaron el miércoles pasado cuando se dirigía a comprar una videoconsola para que se entretuvieran sus hijos.

Como el resto de estudiantes italianos, llevan ya más de una semana con los colegios clausurados, aunque poco a poco arrancan los cursos sustitutivos de las escuelas a través de Internet y las campañas para entretener a los chicos. Una de ellas consiste en pintar carteles con un arcoíris y el lema 'Todo irá bien' para colgarlos luego en las ventanas y terrazas.

En el primer día de bloqueo general se produjo una señal para la esperanza con la llegada de un avión de China cargado con 30 toneladas de material médico y un equipo de nueve expertos que ayudarán a tratar a los infectados por el covid-19.

Coronavirus en Italia

En las calles de Roma, las autoridades acordonaron las sillas en los andenes para evitar que la gente se siente y evitar la propagación del coronavirus.

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Efe

Las primeras ayudas a Italia, el segundo país del mundo más golpeado por el coronavirus con 15.000 personas afectadas y un millar de muertos, no arribaron de los otros países de la Unión Europea ni tampoco de Estados Unidos. Frente al silencio de los socios naturales de Roma, fue el Gobierno de China el primero en mover ficha.

El aparato, de la compañía China Eastern, aterrizó en la noche del jueves en el aeropuerto romano de Fiumicino procedente de Shanghai con respiradores mecánicos, miles de mascarillas y otros equipamientos médicos para reforzar el sistema sanitario italiano, que se encuentra al borde del colapso en la región norteña de Lombardía, la zona más afectada.

DARÍO MENOR TORRES 
Para EL TIEMPO 
ROMA 

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