Los polémicos campos de control para migrantes en Europa

Los polémicos campos de control para migrantes en Europa

La Unión Europea propone establecer varios de estos centros en su territorio. 

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Tras llegar a Malta, los pasajeros del Lifeline fueron divididos entre los miembros de la U.E. dispuestos a acogerlos.

Foto:

Felix Weiss/AFP

Por: Idafe Martín Pérez
30 de junio 2018 , 06:10 p.m.

La cumbre europea de este jueves y viernes dio luz verde a la creación de centros de internamiento para los migrantes económicos y solicitantes de asilo que llegan a Europa por mar tras atravesar el Mediterráneo. Los dirigentes europeos usaron varios eufemismos, pero lo aprobado no es más que campos para concentrar bajo llave a personas que, en muchos casos, huyen de la violencia.

La primera idea era construirlos en algún país fuera del territorio de la Unión Europea (UE). Se apuntaba a Albania o incluso a países del norte de África como Túnez o Egipto, ante la imposibilidad de hacerlo en una Libia que la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) no considera “país seguro” para refugiados. Esa posibilidad sigue abierta, pero Túnez, Marruecos y Albania ya dijeron que no aceptan albergar en su territorio esos centros. Egipto no se ha pronunciado.

El acuerdo de la cumbre también dice que podrán organizarse en suelo europeo si algún país se muestra voluntario, aunque hasta ayer ninguno lo había hecho.

Los buques de oenegés y de las misiones oficiales europeas en el Mediterráneo llevarían a esos centros a todos los que son recatados en el Mediterráneo. Ahí se encerraría a quienes fueran considerados migrantes económicos hasta que pudieran ser deportados de vuelta a sus países. Algo que podría retrasarse indefinidamente porque la tasa efectiva de expulsiones en Europa no llega al 40 por ciento de quienes reciben una orden de deportación porque sus países no los admiten de vuelta y porque en algunos casos ni siquiera se puede determinar su país de origen.

También quedarían tras las rejas quienes pidieran asilo hasta que sus solicitudes fueran procesadas. Sin distinción de si son adultos, menores de edad con sus padres o incluso niños que viajan solos. La carta con la que el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, invitó a los dirigentes de los países del bloque a la cumbre habla de crear esos centros aún sin apoyo de la Acnur, que puso condiciones para ayudar a su gestión.

La legalidad de tales condiciones podría violar la directiva europea de asilo porque aunque esta admite el encierro de los migrantes por un periodo determinado hasta que se tramitan sus solicitudes, solo lo permite como último recurso si hay pruebas de que el solicitante de asilo pudiera sustraerse al proceso para intentar quedarse de forma irregular en Europa.

El lunes, durante su visita a París para reunirse con el presidente francés, Emmanuel Macron, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, dijo que esos centros estarían “conformes” con las normas de la Acnur, pero la propia organización se ha mostrado siempre contraria a que se encierre sistemáticamente a todos los solicitantes de asilo. La determinación de la agencia llegó a tal punto que en el 2016 decidió no colaborar con el Gobierno griego en la gestión de sus hotspots (centros de registro de inmigrantes).

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Los buques de oenegés y de las misiones oficiales europeas en el Mediterráneo llevarían a esos centros a todos los que son recatados en el Mediterráneo.

Foto:

Reuters

Tales campos no son nuevos. Grecia tiene varios en sus islas del Egeo, donde solicitantes de asilo, principalmente sirios e iraquíes, pasan meses en condiciones miserables (no hay construcciones sólidas para albergarlos, sino tiendas de campaña) hasta que poco a poco consiguen ser trasladados a la Grecia continental.

Las condiciones fueron continuamente denunciadas por varias oenegés.
Fuertes heladas en invierno, 40 grados en verano, mala alimentación, falta de cuidados médicos y depresión, que en algunos casos condujo al suicidio.

En principio a quienes les lleguen a aceptar su solicitud de asilo serían repartidos por los países de la UE, aunque el éxito de esa idea está lejos de ser una realidad a la vista de lo sucedido en los campos que ya existen en Grecia, porque los gobiernos europeos arrastran los pies a la hora de cumplir con sus cuotas de refugiados.

El fracaso de esta política ha sido evidente, pues después de su creación en el 2015, solo se han transferido a otros países europeos a unos 35.000 solicitantes de asilo que vieron aceptada su petición. Otra de las razones del fracaso se debió a la respuesta del anterior Gobierno italiano ante la falta de solidaridad de sus vecinos europeos. Roma se hartó de esperar a que los refugiados fueran relocalizados y los dejó viajar al norte. La mayoría buscó llegar a Francia, Alemania y los países nórdicos.

La nueva Italia, dominada por el neofascista Matteo Salvini, tiene una idea aún más dura. En su visita del lunes a Libia, Salvini habló de la posibilidad de crear esos campos de migrantes y refugiados en pleno Sahara, en la frontera sur de Libia.

La idea es que la frontera europea se mueva al sur, hasta el vacío desierto del Sahara si es posible. Lejos de los focos de los testigos molestos de las oenegés y los medios de comunicación.

IDAFE MARTÍN PÉREZ
Para EL TIEMPO
Bruselas

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