La saga del italiano prófugo por 40 años que fue capturado en Bolivia

La saga del italiano prófugo por 40 años que fue capturado en Bolivia

El ultraizquierdista Cesare Battisti enfrentará la cadena perpetua a la que fue condenado.

Cesare Battisti

Cesare Battisti, de 64 años, tras su arresto este 13 de enero en Santa Cruz la Sierra, Bolivia.

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EFE

Por: Internacional *
14 de enero 2019 , 08:59 a.m.

Tras casi 40 años de persecución, la justicia italiana finalmente atrapó a uno de sus prófugos más buscados: el activista ultraizquierdista Cesare Battisti, quien huyó de Italia cuando fue condenado a cadena perpetua por su participación en cuatro asesinatos a finales de los años 70. 

Su fuga finalmente terminó este sábado, cuando fue detenido en la localidad de Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, por las autoridades locales y la Interpol, quienes lo extraditaron, y llegó a su país este lunes.  

Battisti, uno de los últimos protagonistas de los "años de plomo" de violencia de los 70, vivió refugiado bajo la sombra de gobiernos izquierdistas en Francia y Brasil, pero esto acabó cuando el nuevo gobierno de Jair Bolsonaro prometió extraditarlo como un guiño al mandato derechista de Italia.

Battisti nació en el sur de Roma el 18 de diciembre de 1954 en una familia comunista pero también católica, como él. Tras pasar varias veces por la prisión por delitos comunes, a finales de los años 70 se unió a la lucha armada dentro del grupo Proletarios Armados Por el Comunismo (PAC).

Tras ser detenido en Milán, fue encarcelado en 1979 y en 1981 logró escapar.
En 1993 fue condenado en ausencia a cadena perpetua por dos asesinatos y por complicidad en otros dos cometidos en 1978 y 1979, crímenes de los que dice ser inocente.

Battisti

Cesare Battisti en el momento en que es extraditado a Italia por la Interpol.

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Tras pasar por México encontró refugio en Francia entre 1990 y 2004 gracias a la protección del expresidente socialista François Mitterrand, que se comprometió a no extraditar a ningún militante de extrema izquierda que hubiera renunciado a la lucha armada.

Igual que un centenar de militantes italianos de aquella época, Battisti rehizo su vida en París. Trabajó como guardián en un edificio y empezó a escribir y publicar una docena de novelas policíacas con muchos elementos autobiográficos que tratan temas como la redención o el exilio de exmilitantes extremistas. Pero en 2004, el gobierno de Jacques Chirac decidió poner fin a la "jurisprudencia Mitterrand" y extraditarlo.

'Antes morir en Brasil'

A pesar del apoyo de numerosas personalidades como la novelista Fred Vargas o el filósofo Bernard-Henri Levy, la justicia francesa rechazó el recurso contra la extradición y Battisti huyó entonces a Brasil con una identidad falsa, según él, ayudado por los servicios secretos franceses.

Después de tres años de clandestinidad, en 2007 fue detenido en Rio y pasó cuatro años en prisión, donde mantuvo una huelga de hambre porque decía preferir "morir en Brasil antes que volver a Italia".

"Escribir para no perderme en la niebla de los días interminables, repitiéndome que no es verdad. Que no soy yo este hombre que los medios han transformado en monstruo y reducido al silencio de las sombras", afirma en 'Mi fuga', un libro escrito en prisión.

No soy yo este hombre que los medios han transformado en monstruo y reducido al silencio de las sombras

En 2009, el Tribunal Supremo de Brasil autoriza su extradición pero deja la decisión final en manos del presidente Lula, que en el último día de su segundo mandato decide finalmente no expulsarle. Como represalia, Italia llama a consultas a su embajador en Brasilia.

En junio 2011 Battisti queda liberado y logra obtener un permiso de residencia permanente en el gigante sudamericano. Más tarde se instala en Cananeia, una tranquila ciudad pesquera del litoral del Sao Paulo, donde continúa escribiendo y reconstruye su vida.

Padre de dos hijas adultas en Francia, Battisti conoce a una joven profesora brasileña con la que tendrá a su hijo Raúl, de unos cinco años actualmente, y con la que mantendrá una relación intermitente. El nacimiento de su hijo en el país era uno de los argumentos utilizados por su defensa para impedir su extradición, tal y como él mismo explicó en una entrevista concedida en 2017 en su casa de Cananeia, con el pequeño sentado a su lado.

Battisti

Battisti ya había sido detenido por las autoridades de Brasil en octubre de 2017. El prófugo vivió en ese país suramericano por varios años, donde se casó y tuvo dos hijos.

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AFP

Pero la justicia toma decisiones contradictorias. En 2015 una juez ordena una nueva expulsión. Ese mismo año, Battisti se casa con otra mujer brasileña, por entonces su pareja, en un camping de la ciudad, separándose poco después. Dos años más tarde le detienen en la frontera con Bolivia, acusado de querer huir, y le ponen bajo vigilancia electrónica durante cuatro meses.

Después de la elección en octubre pasado del ultraderechista Jair Bolsonaro, quien prometió su extradición como "regalo para Italia", Battisti volvió a la clandestinidad y se refugió en Bolivia.

El caso de este exactivista  vuelto a la clandestinidad tras vivir protegido por gobiernos de izquierda -primero en Francia y luego en Brasil- planteó una inesperada e incómoda disyuntiva a la Bolivia del también izquierdista Evo Morales de cara al reclamo italiano: darle refugio o expulsarlo.

Operación "de película"

La operación secreta que llevó a su ubicación y rastreo desde fin de año, antes de su captura este fin de semana, también fue digna de una película de espionaje.

Fuentes bolivianas cercanas a la investigación indicaron que el italiano, que lucía barba candado y tenía "aliento alcohólico" cuando fue detenido, estaba en posesión de documentación brasileña, celular y tarjeta de crédito a su nombre. Permaneció detenido hasta su salida de Bolivia en locales de Interpol en Santa Cruz. Durante todo el domingo, el caso Battisti fue objeto de un intenso juego de "ping pong" político, judicial y diplomático entre Roma, Brasilia y La Paz a la hora de definir su suerte.

El Falcon 900 blanco con policías y miembros de los servicios secretos que el gobierno italiano envió este mismo domingo para buscarlo había aterrizado poco después de las 3:00 p.m., hora local, y se lo llevó menos de dos horas más tarde, apenas el tiempo necesario para volver a llenar los tanques de combustible.

El jefe del gobierno italiano Giuseppe Conte había adelantado poco antes detalles de la operación de traslado, luego de mantener una conversación telefónica con el presidente brasileño Jair Bolsonaro.

"Mi primer pensamiento es para las víctimas de este asesino (...) protegido por las izquierdas de la mitad del planeta. Se acabó el picnic", tuiteó por su parte el ministro del Interior italiano Matteo Salvini. "Se hará finalmente justicia para las víctimas del terrorismo", reaccionó de forma más sobria el exjefe de gobierno italiano Paolo Gentiloni.

INTERNACIONAL
* Con información de AFP

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