Casos de pederastia en la Iglesia católica, la cruz del papa Francisco

Casos de pederastia en la Iglesia católica, la cruz del papa Francisco

Hoy se inicia en el Vaticano una cumbre sobre los abusos sexuales a menores en la Iglesia.

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Comienza en Roma una cumbre histórica contra la pederastia
Papa Francisco

AFP

Por: Darío Menor Torres
21 de febrero 2019 , 08:21 a.m.

La ‘luna de miel’ de la que gozaba Jorge Mario Bergoglio con la opinión pública internacional parece haber terminado.

Casi seis años después de su inesperada elección como obispo de Roma, el papa argentino corre el riesgo de que la crisis de la pederastia eclesial acabe eclipsando los grandes aportes de su pontificado, como su apuesta por una Iglesia sencilla y cercana a los desfavorecidos o su enconada defensa de los inmigrantes y de la protección del medioambiente.

Pese a que desde el pontificado de Benedicto XVI el Vaticano aseguraba que había implantado una doctrina de tolerancia cero frente a los abusos, queda mucho camino para que no haya duda de que en la Iglesia no hay espacio para los pederastas ni para los encubridores.

Lo demuestra la multiplicación de escándalos en diversos países durante los últimos años. “El Vaticano tiene tanta credibilidad hablando de protección a la infancia como la que tenía el entonces presidente estadounidense George W. Bush cuando hablaba de las armas de destrucción masiva en Irak”, se queja Miguel Hurtado, un español víctima de abusos.

En el tortuoso recorrido para que la Iglesia recupere la credibilidad, hoy comienza una etapa crucial: la conferencia sobre protección de menores en instituciones eclesiásticas, que fue convocada en el Vaticano e irá hasta el próximo domingo.

Estarán presentes los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo.

Con esta inédita cita, el Papa pretende que los episcopados se convenzan de que el problema es global. “Todas las realidades eclesiales deben dar cuenta de la necesidad de proteger a los menores y esforzarse para hacer justicia a las víctimas y empezar a hablar de los crímenes sucedidos”, explica el jesuita alemán Hans Zollner, uno de los organizadores del simposio.

El cardenal Rubén Salazar, arzobispo de Bogotá, realizará una de las ponencias de la cumbre, dedicada a la responsabilidad del obispo en una Iglesia en crisis. El purpurado colombiano es optimista: “El encuentro servirá para que todos los obispos del mundo tomemos conciencia de la gravedad de esta crisis y, por tanto, estemos dispuestos a afrontarla como debe ser”, dice.

Salazar asegura que en Colombia apenas se reciben denuncias de casos de abusos y confiesa el impacto que le produjo reunirse con una víctima. “Para mí fue una verdadera sacudida, el daño producido es realmente incalculable”, recuerda.

Recuperar la credibilidad

En el Vaticano hay conciencia de que Bergoglio se la juega con este asunto. “Si no logramos ir hasta el fondo en la cuestión de los abusos, no recuperaremos la credibilidad y la pureza de la misión de la Iglesia”, reconoce el jesuita Federico Lombardi, antiguo portavoz de Benedicto XVI y de Bergoglio y encargado de moderar el encuentro.

“Debemos encontrar las causas, las manifestaciones y los remedios. Francisco relaciona el abuso sexual con el abuso de poder y de conciencia, con el ejercicio de la autoridad y de las relaciones dentro de la Iglesia. Es verdad que es una cruz y algo doloroso sobre lo que nadie quiere hablar. No es divertido, por eso se trata de esconder”, dice Lombardi.

“Todavía hay muchos en la Iglesia, sobre todo en los países donde la crisis está emergiendo ahora, que están más preocupados por proteger la reputación de la institución que a las víctimas”, lamenta por su parte la irlandesa Mary Collins, quien sufrió abusos de un sacerdote durante su niñez y fue miembro de la Pontificia Comisión para la Protección de Menores. La abandonó en marzo de 2017 hastiada de la falta de medidas concretas.

Y eso es precisamente lo que buscan las víctimas, medidas concretas en la cumbre que reunirá a 190 jerarcas católicos. “Hay muchos que quieren que se hable lo menos posible porque sienten que solo ya reconocer el problema les hace perder el respeto”, denuncia Collins. “Ven a las víctimas que denuncian como a enemigos de la Iglesia, sin darse cuenta de que tratando de forma adecuada este asunto lo que consiguen precisamente es recuperar la credibilidad”.

Si no logramos ir hasta el fondo en la cuestión de los abusos, no recuperaremos la credibilidad y la pureza de la misión de la Iglesia.

Hurtado es escéptico respecto a los resultados de la cumbre. Considera que no cambiará gran cosa y será solo la atención mediática que genere la que contribuya a que salgan nuevos casos: “La reacción de la Iglesia católica llega tarde, se ha metido en una espiral de la que le va a resultar muy difícil salir. Vamos a ver su muerte a cámara lenta”.

Una fuente interna vaticana que conoce profundamente el problema concuerda con que todavía queda lejos la luz al final del túnel: “Vamos a comer m... durante años”.

Darío Menor Torres
Para EL TIEMPO
Ciudad del Vaticano

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