La frenética campaña de Trump para las elecciones del martes

La frenética campaña de Trump para las elecciones del martes

El presidente de EE. UU. apela al auge económico y al miedo a los inmigrantes para cautivar el voto.

Trump en campaña

El presidente de estados Unidos Donald Trump hace campaña en Georgia con miras a las elecciones de medio término.

Foto:

Nicholas Kamm, AFP

Por: Sergio Gómez Maseri
04 de noviembre 2018 , 10:10 p.m.

En su esfuerzo por preservar la mayoría republicana en el Congreso de Estados Unidos, el presidente Donald Trump se ha lanzado en un frenética campaña de última hora que para muchos es de las más sucias que se recuerden en la historia.

Y tal como hizo en su carrera para las elecciones del 2016, sus principales armas han a vuelto a ser los dos temas que más parecen motivar a su base: la retórica antiinmigrante y sus ataques permanentes contra la prensa.

Las tres semanas previas a las elecciones legislativas de este martes, cuando se renovarán las 435 curules de la Cámara de Representantes, 35 de las 100 en el Senado y 36 gobernaciones, el presidente ha estado recorriendo medio país en respaldo a candidatos de su partido cuyo triunfo es clave para asegurar las mayorías y, de paso, la gobernabilidad de los años que le restan en la Casa Blanca.

Y el mensaje, que viene repitiendo una y otra vez en cada parada que hace, es que “los demócratas les están abriendo las puertas del país a turbas de ilegales que están invadiendo EE. UU. con la complicidad de los medios de comunicación”, a quienes sigue catalogando como los “peores enemigos del pueblo”.

El énfasis lo ha puesto en una caravana de unos 3.000 migrantes que viene desde Honduras y no es diferente a otras que han llegado en el pasado, por lo general compuestas por niños y mujeres en busca de asilo.

Pero según el presidente, la caravana está llena de criminales e incluso terroristas de Oriente Próximo que se quieren meter al país para causar daño.

Y las imágenes de la caravana, repetidas de manera incesante por la cadena Fox –que respalda de manera incondicional a Trump– han contribuido a crear una atmósfera de miedo que podría funcionar.

Los demócratas les están abriendo las puertas del país a turbas de ilegales que están invadiendo EE. UU. con la complicidad de los medios de comunicación

Según una encuesta reciente de The Washington Post en la Florida, donde los republicanos están tratando de preservar la gobernación y quieren tumbar al senador demócrata Bill Nelson, el 33 por ciento de los votantes de este partido ahora consideran el tema migratorio como el más importante en su agenda. A comienzos de octubre, esa cifra era solo del 20 por ciento.

Lo complicado de la campaña de Trump es que parece estar basada en exageraciones, incluso mentiras, y por momentos en claro racismo.

Ha dicho, por ejemplo, que enviará a más de 10.000 soldados para detener a los migrantes –más hombres que los que tienen en las guerras de Irak y Siria combinadas– cuando el ejército no tiene autoridad para arrestar a civiles dentro de EE. UU.

Incluso afirmó la semana pasada que los soldados tenían la orden de disparar contra los migrantes si estos les tiraban piedras, lo cual es contrario a las normas de conducta de los militares en EE. UU. y algo que el propio Trump tuvo que desmentir un día después luego de que el ejército de Nigeria justificó con las palabras de Trump el asesinato de más de 40 personas en una manifestación.

El presidente también agitó el avispero al anunciar que a través de una orden ejecutiva pensaba negarles el derecho a la ciudadanía a las personas nacidas en el país de padres no estadounidenses cuando la mayoría de expertos coincide en que eso es imposible, pues es un derecho consagrado en la 14 enmienda de la Constitución, que requiere de una acción del Congreso y la ratificación en el 75 por ciento de los estados para ser modificada.

Pero su movida más polémica llegó esta semana, cuando publicó un comercial en el que se muestra a un ilegal que mató a dos policías de EE. UU. hace muchos años y luego imágenes de la caravana de centroamericanos.

“Los demócratas lo dejarán quedarse en el país”, dice el aviso que fue promovido por Trump.

Pero la realidad es muy diferente. Luis Bracamonte, el ilegal en cuestión, entró al país durante la administración republicana de George W. Bush y fue puesto en libertad por el entonces alguacil de Arizona, Joe Arpaio, también republicano y a quien Trump considera un héroe por sus fuertes posturas antiinmigrantes.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington
Twitter: @sergom68 

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