Kavanaugh, un tiro en el pie para Donald Trump

Kavanaugh, un tiro en el pie para Donald Trump

El juez federal era visto como voto para inclinar balanza del órgano judicial más poderoso del país.

Brett  Kavanaugh

Brett Kavanaugh, nominado a la Corte Suprema en Estados Unidos.

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Reuters

18 de septiembre 2018 , 11:09 p.m.

Hasta solo algunos días la confirmación de Brett Kavanaugh como el noveno miembro de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos parecía algo no solo inevitable sino un gran triunfo para el presidente Donald Trump -quien lo nominó a ese cargo-, y el partido republicano.

De 53 años y con una clara inclinación conservadora, el actual juez federal era visto como el voto decisorio para finalmente inclinar la balanza del órgano judicial más poderoso del país y "última palabra" en temas tan sensibles como el aborto, la migración, o el control a las armas.

Pese a cierta oposición demócrata, los republicanos pretendían utilizar este jueves su mayoría de 51 votos en la Cámara Alta para ratificarlo sin más dilación.

Ese panorama cambió de manera radical este fin de semana luego de que una mujer, Christine Blasey Ford, lo acusó de agredirla sexualmente hace 36 años cuando ambos aún eran adolescentes y estudiaban el bachillerato.

La reacción inicial de los republicanos fue acusar a los demócratas de fraguar una treta para entorpecer la confirmación del juez en el último momento. Una acusación que fundamentan en que miembros de este partido conocían las acusaciones desde julio y, sin embargo, optaron por revelarlo solo el viernes de la semana pasada y sin hacer pública la identidad de la mujer.

Pero este domingo, Ford le dio una entrevista al diario 'The Washington Post' en la que no solo le puso su nombre a la acusación sino que narró detalles que han dejado a Kavanaugh y sus defensores en una posición muy incómoda.

Ford, una reconocida profesora de 51 años basada en California, hizo un recuento pormenorizado del asalto del juez cuando ambos estaban en una fiesta, e identificó con nombre propio a otras personas que se encontraban en el lugar.

La batalla que podría dejar a EE. UU. con una Corte Suprema conservadora

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, nominó a Brett Kavanaugh a la Corte Suprema de Justicia el pasado 10 de julio .

Foto:

Andrew Harrer / Bloomberg

Así mismo, entregó al 'Post' las notas que tomó su terapista en el 2012 durante una sesión de parejas con su esposo y en las que describió el incidente como un evento que le marcó la vida. Algo que da credibilidad a su historia, pues para entonces Kavanaugh, por supuesto, no estaba nominado al importante cargo.

De paso, presentó una prueba de polígrafo que se le realizó hace muy poco en la que se determina que dice la verdad. A través de su abogado también indicó que está dispuesta a testificar ante el Senado. Kavanugh, por su parte, lo niega todo tajantemente.

Muchos han visto en el caso del juez paralelo con el de Clarence Thomas, otro magistrado de la corte al que la salió una acusación semejante durante su proceso de confirmación. Thomas, nominado por el republicano George H. Bush en 1991, se encontraba ya en el tramo final de su paso por el Senado cuando se conocieron las declaraciones de Anita Hill, una mujer que lo acusó de acoso sexual cuando este era su supervisor en el Departamento de Educación.

Las apuestas son aún más altas y de allí la encrucijada en la que se encuentran los republicanos

Hill terminó testificando en el Senado. Pese a ello, Thomas fue confirmado -y aún está en la corte- pero muchos piensan que nunca ha podido despejar el manto de dudas que pesa sobre sus hombros. Pero en este caso las apuestas son aún más altas y de allí la encrucijada en la que se encuentran los republicanos.

En gran parte por el ambiente que existe en el país desde que nació el movimiento #metoo, se vienen ventilando miles de casos de abusos sexuales contra mujeres, de ahí que no se pueden ignorar este tipo de acusaciones sin pagar las consecuencias.

Como las que cayeron este año sobre Roy Moore, el candidato que respaldó el partido republicano en las elecciones al senado por el estado de Alabama. Ya en la recta final de esta contienda varias mujeres lo acusaron de acosarlas sexualmente cuando eran menores de edad.

Moore terminó perdiendo ante un demócrata no muy conocido y en un estado donde el partido republicano se impuso por 20 puntos porcentuales en las elecciones de 2016.

De hecho este mismo lunes cuatro senadores del ala más moderada de este partido, pero cuyos votos necesitan para confirmar a Kavanaugh, pidieron hacer una pausa mientras se escucha la versión de Ford y se aclaran los detalles.

"Hay que respetar a la doctora Ford y creo que debe ser escuchada", dijo la senadora republicana Susan Collins. No sin antes defender a su nominado, el propio presidente Trump indicó que quizá lo mejor era dilatar un poco el proceso mientras se escucha la versión de los involucrados.

El desenlace de esta trama aún está por verse. Pero lo que sigue es una intensa puja entre ambos partidos por definir los tiempos de este proceso. Los republicanos quieren que Ford testifique cuanto antes y todo indica que ese testimonio sería este lunes en simultánea con Kavanaugh.

Los demócratas, por su parte, están empujando por que se dé primero una investigación del FBI y se frene del todo el proceso de investigación mientras esta concluye.

Lo más probable, dadas las mayorías que tienen en el Senado los republicanos, es que se proceda con el testimonio de Ford. El afán del partido de Trump por confirmar a Kavanaugh es que temen perder el control del Congreso en las elecciones de noviembre.

Si eso llegara a suceder, en particular si pierden el control del Senado, los demócratas podrán alegar que el mensaje del público es claro y que no se puede proceder a confirmar al juez hasta que el nuevo Congreso esté posesionado. Y una vez posesionados -y controlando los ritmos del Congreso- podrían dilatar su nominación o ignorarla.

Retirar la nominación del juez sería vergonzoso para Trump y mataría, por falta de tiempo, la posibilidad de confirmar a alguien diferente

Como hicieron los republicanos con Merrick Garland, que fue nominado por el presidente Barack Obama en el 2016, pero estos nunca lo consideraron alegando que era mejor esperar al resultado de las elecciones de ese año.

De allí su urgencia en sacar adelante la confirmación lo antes posible. Además, entre más rápido lo confirmen menos espacio existe para que salgan nuevas acusaciones o crezca el repudio contra el juez.

Pero es un cálculo riesgoso. Una confirmación apresurada, o que al menos dé la impresión de serlo, podría tornar en contra a un sector de la opinión pública justo cuando se aproximan las elecciones legislativas. Retirar la nominación del juez sería vergonzoso para Trump y mataría, por falta de tiempo, la posibilidad de confirmar a alguien diferente.

La ironía en esta historia es que tanto el presidente como sus simpatizantes pensaban que la confirmación de un conservador a la Corte Suprema de Justicia les daría un fuerte y necesitado empujón en los comicios legislativos. O, al menos, estimularía a un sector del partido que no comulga con el presidente, pero deposita un alto valor en el nombramiento de jueces que defiendan los valores conservadores.

Ahora, como están las cosas, pierden por punta y punta.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington

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