¿A qué juega Trump con la retirada de tropas de Siria y Afganistán?

¿A qué juega Trump con la retirada de tropas de Siria y Afganistán?

Aliados de EE. UU. muestran preocupación ante la falta de respaldo para combatir el Estado Islámico.

Soldados estadounidenses

Tropas estadounidenses (d), junto a una milicia de un grupo kurdo en la frontera sirio-turca.

Foto:

Archivo / EFE

Por: SERGIO GÓMEZ MASERI
23 de diciembre 2018 , 02:33 p.m.

Pocas decisiones adoptadas por el presidente Donald Trump han generado tanta alarma y rechazo como las que tomó esta semana, cuando anunció el repliegue total de las tropas de Estados Unidos de Siria y uno parcial de Afganistán.

El mandatario republicano dio un mes de plazo para el retiro de los poco más de 2.000 estadounidenses que se encuentran en este país y puso a correr el reloj para el regreso, a comienzos del verano de 2019, de la mitad de los que tiene en Kabul (unos 7.000 hombres).

Según la mayoría de los medios en EE. UU., Trump tomó la decisión pese a las fuertes objeciones de sus principales asesores de seguridad nacional y sin siquiera consultar con sus principales aliados en el exterior o simpatizantes en el Congreso. Quizá la más contundente de todas fue la del secretario de Defensa, James Mattis, quien este jueves presentó su renuncia irrevocable en señal de protesta.

Si bien el general no citó los casos específicos de Siria y Afganistán, dejó claro en la carta de renuncia su total desacuerdo con ambas movidas.

“Una de mis creencias centrales es que nuestra fortaleza como nación está íntimamente ligada a la fortaleza de nuestro sistema de alianzas y sociedades (con otros países y grupos). Si bien EE. UU. sigue siendo la nación indispensable en el mundo libre, no podemos proteger nuestros intereses o cumplir con ese rol sin mantener fuertes alianzas o mostrar respeto a esos aliados”, dijo Mattis.

De acuerdo con fuentes del Pentágono, al general le parece casi un crimen dejar sin respaldo a las fuerzas kurdas que los han apoyado en su campaña contra el Estado Islámico (EI) en Siria e Irak, y un pésimo precedente abandonar el esfuerzo que hace con la Otán en Afganistán para contener a los talibanes.

Si bien EE. UU. sigue siendo la nación indispensable en el mundo libre, no podemos proteger nuestros intereses o cumplir con ese rol sin mantener fuertes alianzas o mostrar respeto a esos aliados

En el Legislativo también elevaron airadas protestas hasta los amigos más cercanos de Trump.

Lindsay Graham, senador de Carolina del Sur y compañero de golf del presidente, se refirió a la decisión como una que dejará “mancha permanente en el nombre del país” y solo servirá para fortalecer al Estado islámico (EI), Rusia, Irán y al líder sirio Bashar al Asad. “Temo que esto tendrá consecuencias devastadoras para nuestra nación, para la región y para el mundo”, sostuvo Graham.

Marco Rubio, a su vez senador del Partido Republicano, tildó el paso como una “torpeza mayúscula” que tanto Trump como los estadounidenses tendrán que pagar en el futuro.

Su decisión fue incluso criticada hasta por comentaristas en la cadena Fox, que suele ser muy favorable al presidente.

Brian Kilmade, presentador de Fox and Friends (el programa favorito del mandatario), le cobró estar cometiendo el mismo error que tanto le criticó a Barack Obama: “Está haciendo exactamente lo que él mismo le cuestionó a Obama cuando dijo que era el fundador del EI –por haber apresurado la salida de EE.UU. de Irak–. Trump acaba de refundar el EI porque ellos tienen aún 30.000 hombres allí, y ya están aprovechando nuestra evacuación para atacar”, dijo Kilmeade.

A pesar de la oposición casi total, Trump se mantuvo firme en su propósito. Según el presidente, el objetivo de EE. UU. en Siria era derrotar al EI. Lo cual, a su juicio, ya se logró.

Así mismo, y eso lo recordaron varios, el repliegue de las tropas fue una promesa que hizo durante la campaña y es coherente con una visión nacionalista en política exterior bajo la cual EE. UU. debe concentrarse en sus problemas internos y salir de conflictos que parecen distantes.

De acuerdo con Aaron David Miller, vicepresidente del Centro Woodrow Wilson, si bien la premura de la decisión y la falta de consulta con el Congreso y naciones aliadas son hechos desafortunados, las motivaciones de fondo son más bien pragmáticas y tienen algo de sentido.

La decisión de Trump está afincada en que EE. UU. no puede alterar ni el balance militar ni político en Siria, que siempre ha favorecido a Siria y a Rusia. Al menos no con 2.000 hombres. Y que en el país tampoco existe apetito para una participación mayor”, sostiene Miller.

Hay que combatirlos en su patio de atrás para que no tengamos que combatirlos en nuestro patio de atrás.

Pero eso no lo comparte la mayoría. Para el grueso de expertos militares y politólogos, el éxodo de EE. UU. de Siria y Afganistán creará un vacío que coparán rápidamente enemigos como Rusia e Irán. Washington, de paso, perderá influencia en esta sensible zona del planeta.

Más grave aún, aunque el EI ha perdido gran parte del territorio que alcanzó a controlar y se encuentra en retirada, no ha sido derrotado y podría rápidamente expandir su presencia no solo en Siria, sino en otros países y continuar con su campaña anti-EE.UU. y Occidente.

Como decía el Senador Graham, “hay que combatirlos en su patio de atrás para que no tengamos que combatirlos en nuestro patio de atrás”.

Algo similar a lo que pasa en Afganistán, donde el repliegue de EE. UU. será aprovechado por los mismos talibanes, que hace 17 años permitieron que Al Qaeda usara su territorio para planear y ejecutar los ataques contra Washington y Nueva York del 2001.

Los críticos también subrayan que con su decisión, Trump vuelve a demostrar que es un líder impulsivo que no siempre actúa pensando en términos estratégicos sino en sus intereses internos y de corto plazo.

James Mattis

El secretario del Departamento de Defensa de Estados Unidos, James Mattis, quien renunció a su cargo el 21 de diciembre.

Foto:

Leah Millis / Reuters

Para Miller, es evidente que el presidente, como ha hecho en el pasado, escogió esta semana para hacer su anuncio seguramente pensando que con ello podría tapar el vendaval de malas noticias asociadas con investigaciones contra su emporio económico e irregularidades en la campaña del 2016.

Más de fondo, era evidente la preocupación en Washington por la salida de Mattis, a quien republicanos y demócratas veían como “el último adulto” en el entorno de Trump. Y que se suma a la salida del general John Kelly, que acaba de renunciar como su jefe de gabinete.

“Esto es aterrador. Mattis era una isla de estabilidad en medio del caos de la administración Trump”, decía el Senador Mark Warner, demócrata de más alto rango en la Comisión de Inteligencia.

Si bien no ha nombrado un asesor, muchos creen que el presidente escogerá una persona que esté más alineada a su visión de país y les dé luz verde a sus ideas, por temerarias que suenen.

“Durante estos dos años que han pasado –afirma Miller–, el establecimiento republicano y demócrata dormía con algo de tranquilidad sabiendo que Trump estaba rodeado de personas con mucha experiencia que sabrían cómo aconsejarlo para evitar una catástrofe. Todos esos han salido. Estamos ante la dimensión desconocida”.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington
- @sergom68

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