La fractura entre Trump y los científicos crece en EE. UU.

La fractura entre Trump y los científicos crece en EE. UU.

El presidente estaría presionado para que se revisen estadísticas sobre muertes por covid-19.

Donald Trump

Trump tildó como ‘inaceptables’ los comentarios del doctor Anthony Fauci (d), que advirtió sobre una apertura precoz en EE. UU.

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AFP

Por: Sergio Gómez Maseri
17 de mayo 2020 , 08:16 p.m.

En la semana que terminó quedó claro que en EE. UU. hay dos realidades paralelas cuya distancia es cada vez más grande.

En la primera, habitan los científicos y los expertos en salud pública. Según estos, el coronavirus está lejos de ser derrotado y podría antes “revivir” si el país se lanza hacia una reapertura económica sin haber alcanzado las condiciones mínimas que se requieren para hacerlo con algún grado de seguridad.

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En la segunda, viven el presidente Donald Trump y las voces más conservadoras del país. Para ellos, el problema estaría bajo control y por eso se debe regresar cuanto antes a la normalidad si se quiere evitar un descalabro económico mayor.

Esa fractura quedó en evidencia el martes pasado durante el testimonio que dio al Congreso Anthony Fauci, director del Instituto Nacional para las Alergias y Enfermedades Infecciosas de EE. UU. y que hace parte del equipo que nombró Trump para liderar la respuesta del Gobierno frente al covid-19.

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Anthony Fauci

Fauci dio su testimonio al Congreso de Estados Unidos  a través de una videollamada.

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Efe

Para el doctor, que lleva más de 30 años en su cargo y ha trabajado con seis presidentes de EE. UU., una reapertura apresurada podría ocasionar un elevado grado de sufrimiento y mortandad evitable, y frenar la recuperación económica que todo el mundo desea. 

Sus palabras causaron controversia, pues la mayoría de los estados del país ya comenzaron a relajar las medidas de distanciamiento social y un proceso de reapertura gradual, pese a que ninguno cumple con los estándares que desarrolló la misma Casa Blanca, que contemplan una reducción consecutiva de contagios por al menos 14 días y el desarrollo de una sistema robusto de testeo que pueda detectar con rapidez nuevos brotes de la enfermedad.

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A Fauci se le unió Rick Bright, exdirector de una agencia del Gobierno que se encargaba del desarrollo y la producción de vacunas para el covid-19, que dijo el jueves que fue despedido por contradecir al presidente cuando este recomendó el uso de una droga contra la malaria que terminó siendo descartada por las autoridades por peligrosa e ineficaz.

En su testimonio ante la Cámara de Representantes, Bright puso en duda que EE. UU. pueda producir una vacuna en 12 a 18 meses.

Los comentarios de ambos, que son respaldados por el grueso de la comunidad científica, le cayeron muy mal a Trump y a sus aliados en el Partido Republicano.

Tanto que el presidente catalogó las palabras de Fauci como “inaceptables” –sobre todo cuando el doctor dijo que universidades y colegios no deberían volver a clases en septiembre pues, para la fecha, es improbable que exista una vacuna o tratamiento– y volvió a circular la noticia de que piensa marginarlo de su equipo.

Rick Bright

Birght aseguró que Estados Unidos carece de un plan maestro para la pandemia.

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Bloomberg

Lo cierto es que Fauci y otros en esta comunidad se han vuelto una piedra en el zapato para Trump y sus metas a mediano y largo plazo.

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Al comienzo de la pandemia, el presidente le apostó a una repuesta cuyo objetivo era mitigar el avance del virus a través de cuarentenas y que estuvo guiada por los expertos. Pero en las últimas dos semanas comenzó a tomar distancia de esta aproximación y le ha dado prioridad a la recuperación económica, pese a que las condiciones que él mismo fijó no se han materializado.

De hecho, lo dejó más que claro hace pocos días cuando aplaudió a la Corte Suprema de Wisconsin por oponerse una extensión de las medidas de confinamiento decretadas por el gobernador.

La preocupación de Trump es entendible. En dos meses se han esfumado más de 30 millones de empleos y las perspectivas son nefastas si no se da un giro de 180 grados. Su “reenfoque” hacia la economía se ha facilitado, además, por una serie de factores. Entre ellos, las marchas en varios estados reclamando la reactivación, y el descenso de la cifra de contagios y muertes, que ha caído en más de un 30 por ciento en los últimos siete días.

Protestas en Nueva York

Protestas en Long Island (Nueva York) para presionar la reapertura. En las últimas semanas, Estados Unidos registra cerca de 37 millones de peticiones de subsidios por desempleo.

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EFE

Lean Wen, doctora y excomisionada para la Salud en la ciudad de Baltimore, cree que la administración ha pasado de una estrategia de mitigación a una de “reducción del daño”, en la que se reconoce y acepta que mucha gente morirá por el bien de la mayoría.

“El problema –dice Wen– es que es un debate que no se le ha planteado al país y que a Trump tampoco le conviene porque no quiere cargar con esos decesos a su espalda justo cuando hay elecciones en pocos meses”.

Pero el tema es más complicado. Trump, según un editorial de esta semana del 'USA Today', estaría tratando de crear una nueva realidad alternativa basada en sus intereses políticos y con miras a la reelección.

El editorial, titulado ‘Ignorando la ciencia no se puede derrotar a este enemigo’, enumera una serie de ejemplos para demostrarlo. Entre ellos, su presión para que se revisen las estadísticas sobre decesos con el objetivo de reducir el conteo de fallecidos por el coronavirus, justo cuando Fauci dijo que el número de fallecidos por covid-19 es probablemente más alto que la cifra oficial (van más de 85.000).

En la CDC, agencia encargada de reportar la cifra de muertos, están en alarma, pues el método es el mismo que siempre se ha usado y creen que Trump quiere “meter la mano” para que la cifra no se vea tan abultada. “Es gravísimo que se esté tratando de alterar el conteo solo porque no es conveniente en términos políticos”, le dijo a este diario una fuente que trabaja con la CDC.

El problema es que es un debate que no se le ha planteado al país y que a Trump tampoco le conviene porque no quiere cargar con esos decesos a su espalda justo cuando hay elecciones en pocos meses

El editorial también menciona otros casos ampliamente reportados en la prensa, como el freno a la publicación de una serie de guías que produjo la CDC que debían servir como hoja de ruta para la reapertura de los estados y el retiro de funcionarios que se han convertido en un obstáculo para la visión del presidente.

El problema para Trump es que, de momento, la gente les cree más a Fauci y los científicos. Al menos eso mostró un sondeo de CNN en el que el 62 por ciento dice confiar en las recomendaciones del doctor y un 36 por ciento en las del presidente.

Pero la situación está cambiando. Al cansancio de la sociedad con las medidas de confinamiento se suma la crisis económica que está estrangulando a millones. Ambiente ideal para que florezca el panorama más rosa que promete Trump así vaya en contravía de lo que opinan los expertos en salud pública. Y en las encuestas ya se ve como el público ha comenzado a perder la paciencia frente al distanciamiento social y reclaman la normalización.

Esa es la apuesta del presidente, dice William Galston del Brookings Institute. “El cálculo –sostiene el analista– es que los estadounidenses terminarán por aceptar la realidad que les vende Trump porque es más conveniente”.

Pero según Jenniffer Prah, exfuncionaria de la CDC y hoy en la Universidad de Pensilvania, es una ilusión que tarde o temprano se verá sometida al rigor de un virus que no entiende de colores políticos ni cálculos electorales. Todo sueño, dice esta experta, termina con un despertar. En el caso de EE. UU. puede ser un despertar que pronto se convierte en pesadilla.

SERGIO GÓMEZ MASERI 
Corresponsal de EL TIEMPO 
WASHINGTON 
En Twitter: @sergom68

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