Nuevas cifras sobre coca ‘son un buen primer paso’: EE. UU.

Nuevas cifras sobre coca ‘son un buen primer paso’: EE. UU.

Pese a disminución de cultivos, a la Casa Blanca le preocupa aumento de consumo en su país.

Raspachines de coca en el Catatumbo

Las plantaciones alcanzaron, según EE. UU., 208.000 hectáreas, 1.000 menos que en el 2017.

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Luis Robayo / AFP

Por: Sergio Gómez Maseri
01 de julio 2019 , 01:10 a.m.

Hasta hace algunos días, el ambiente en Washington era más bien lúgubre. Colombia, el gran aliado de Estados Unidos en la lucha contra las drogas, iba camino hacia una posible descertificación por no haber cumplido, según la administración de Donald Trump, con sus compromisos.

Aunque muchos lo consideraban un destino injusto, la realidad era inocultable.

No obstante los más de 10.000 millones de dólares que EE. UU. había invertido durante 15 años para combatir este flagelo, el país estaba otra vez inundado de drogas. Eso, sumado el impredecible carácter de Trump y sus inclinaciones hacia la mano dura, casi garantizaba una decisión adversa en septiembre, fecha en la que el mandatario republicano debe cumplir con la ley del Congreso que le exige evaluar el comportamiento de otros países y castigar a quienes no hayan cumplido con la tarea antinarcóticos.

Un escenario que venía enfermando la, por lo general, saludable relación bilateral.

Esa dinámica cambió esta semana tras una reunión entre miembros de la Casa Blanca con funcionarios de la embajada de Colombia en Washington, encabezada por el exvicepresidente Francisco Santos. En ella, los estadounidenses revelaron las estadísticas sobre cultivos ilícitos y la producción de coca en el país a lo largo del 2018. Y llegó el alivio.

De acuerdo con las imágenes satelitales tomadas por EE. UU., las plantaciones alcanzaron 208.000 hectáreas, 1.000 menos que en el 2017. En cuanto a la producción, que es la cifra aproximada de cocaína que se puede extraer de los cultivos, también hubo un descenso: de 900 toneladas métricas en 2017 a 887 en el 2018.

Para la Casa Blanca, las estadísticas indican que el problema parece haberse “estabilizado”, pues no se presentó un crecimiento por primera vez en cinco años.


El gobierno del presidente Iván Duque lo presentó de una manera más atractiva al resaltar que se trataba de la primera vez en siete años (desde el 2012) que se presentaba un descenso.

De cualquier manera, fue un resultado muy positivo, pues los cultivos venían creciendo a un ritmo del 20 por ciento anual. Duque, además, se llevó todo el crédito, pues, según EE. UU., desde su llegada al poder, en agosto del 2018, comenzó a revertirse la tendencia.

“Duque ha incrementado los esfuerzos antinarcóticos, atacando laboratorios y narcotraficantes, y cuadruplicando el número de equipos que erradican y que han logrado (eliminar) un 56 por ciento más de coca al mes, comparado con el gobierno anterior”, afirmó el zar antidrogas, Jim Carroll.

Aunque las hectáreas que aún permanecen sembradas con coca siguen en niveles históricos, expertos consideran que las nuevas cifras alejan el escenario de una descertificación, pues ya hay resultados concretos para demostrarlo.

“Sin duda, los nuevos números dan argumentos creíbles de que las cosas están funcionando y no se debe armar un debate innecesario sobre la descertificación. Lo que dice la ley es que se sanciona a quien haya fallado de manera demostrable con sus compromisos. Y este no es el caso de Colombia”, sostiene el exsubsecretario de Estado Roger Noriega.

Una pieza adicional es que la “estabilización de los cultivos” se habría alcanzado en tiempo récord, ya que Duque lo logró en menos de cinco meses en el poder (de agosto a diciembre) y se podrían esperar mejores resultados una vez sus políticas se implementen. Entre ellas, la del regreso de la fumigación aérea, algo en lo que EE. UU. viene insistiendo de manera permanente.

“Un esfuerzo de erradicación integrado que incluya la fumigación aérea ayudaría a reducir de manera significativa la disponibilidad de la cocaína”
, dijo un portavoz de la Oficina Nacional sobre las Políticas para el Control de las Drogas (ONDCP, por su sigla en inglés).

En teoría, la tensión con Trump también debería bajar, pues falta un año antes de que vuelvan a presentar mediciones (correspondientes al 2019) y se confirme que la nueva tendencia a la baja no fue un accidente.

No obstante la evidencia, dice Noriega, resulta imposible predecir cómo reaccionará Trump ante unas estadísticas que son empíricas y no esconden el hecho de que en Colombia todavía hay sembradas enormes cantidades de coca.

Además, el mandatario está convencido de que la política de la confrontación –como la utilizada contra México cuando amenazó con imponer aranceles a todos sus productos si no le hacían concesiones en el tema migratorio– da buenos resultados. “No es imposible que adopte un enfoque similar con Colombia”, afirma el exsubsecretario. Sobre todo por dos razones, la primera de ellas, muy política: Trump está en plena campaña de reelección y no hay reducción de la oferta o el consumo en EE. UU.

Entre el 2014 y el 2017, las muertes por sobredosis relacionadas con cocaína aumentaron un 160 por ciento, mientras que el porcentaje de consumidores creció en un 40 por ciento

De hecho, en el comunicado de la Casa Blanca en que se destaca la estabilización del problema se incluye un párrafo que deja plasmada esa preocupación: “Entre el 2014 y el 2017, las muertes por sobredosis relacionadas con cocaína aumentaron un 160 por ciento, mientras que el porcentaje de consumidores creció en un 40 por ciento”.

Como le reiteró a EL TIEMPO un funcionario de la administración Trump, si bien las nuevas cifras son un buen primer paso, la tensión siempre estará presente mientras esto no se traduzca en una disminución de la oferta en las calles estadounidenses que tenga impacto en el consumo del estupefaciente.

“Es imperativo que sigamos trabajando para reducir de manera drástica la disponibilidad de la cocaína y detener el flujo hacia nuestro país para así salvar vidas de estadounidenses”, dijo el portavoz de la ONDCP.

A la larga son esas dos variables, más que las hectáreas sembradas en Colombia, lo que verdaderamente interesa a Trump y a los políticos estadounidenses.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington

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