La aventura europea de Steve Bannon

La aventura europea de Steve Bannon

El fanfarrón se reunió con varios líderes populistas de derecha en busca de 'cambiar la historia'.

Steve Bannon

El exestratega en jefe de la Casa Blanca Steve Bannon.

Foto:

Jonathan Bachman / Reuters

Por: Ian Buruma - Project Syndicate
26 de agosto 2018 , 09:11 p.m.

Tras ser expulsado de la Casa Blanca y de ‘Breitbart News’, Stephen K. Bannon, al que se solía reconocer como el cerebro de la campaña presidencial de Trump, prometió rehacer Europa. Su organización, llamada El Movimiento y con sede en Bruselas, apunta a unir a los populistas de derecha de Europa y tumbar a la actual Unión Europea (UE). Bannon ve este esfuerzo como parte de una “guerra” entre el populismo y “el partido de Davos”, entre la “gente real” blanca, cristiana y patriota y las élites globalistas.

Cambiar la historia de Europa parece una tarea difícil para este fanfarrón, promotor de ideas estrafalarias. No obstante reunirse con luminarias de derecha como Viktor Orbán, el hombre fuerte de Hungría; Matteo Salvini, el viceprimer ministro de Italia, y Boris Johnson, el patético exsecretario de Relaciones Exteriores británico, Bannon carece prácticamente de experiencia en política europea.

Además, los líderes populistas de derecha son un grupo dispar. Bannon es un reaccionario católico con fantasías de ser un guerrero contra el mal. Orbán es un autócrata que explota la desilusión poscomunista culpando a los inmigrantes y a la UE, aunque la economía húngara depende del mercado único y los subsidios de Bruselas. Los demagogos del norte de Europa, como Geert Wilders, ven el islam como la principal amenaza. En Gran Bretaña, los colegas de Johnson están menos interesados en el islamismo que en un grandioso nacionalismo. La Reunión Nacional de Francia es una empresa de la familia Le Pen que trata de disociarse de sus raíces antisemitas y vichyistas. Como pasó con el fascismo en los años 20 y 30, no es fácil encontrar coherencia ideológica en estas líneas políticas.

Lo que todos tienen en común es la dependencia de la animadversión, a veces dirigida a los musulmanes, a veces a cualquier inmigrante, a menudo contra la UE y siempre contra las élites liberales. Hay algo conspirativo en torno a esta animadversión, una noción de que el hombre común está a merced de una red sombría que gobierna el mundo. En los días en que Stalin identificaba a los enemigos del pueblo como “cosmopolitas desarraigados” (los judíos), se creía que la sede de esta red global estaba en Nueva York. Ahora está en Bruselas.

Los inmigrantes, particularmente los musulmanes, son los más perjudicados por esta propaganda. Bannon escribió el primer borrador de la prohibición de Trump a la entrada de inmigrantes de países predominantemente musulmanes. Orbán ha fortificado sus fronteras para proteger la “civilización cristiana”. Salvino quiere deportar a todos los indocumentados. La campaña por el ‘brexit’, liderada por Johnson, advertía a los votantes que su país pronto estaría “inundado” de turcos, aunque Turquía no está ni cerca de hacer parte de la UE.

Pero el principal blanco de la ira de los populistas sigue siendo la élite globalista, representada por George Soros y otros liberales a quienes acusan de promover los derechos humanos, la compasión por los refugiados y la tolerancia religiosa en pos de sus propios intereses. Ellos, dicen, apuñalan por la espalda a Occidente.

Lo que todos tienen en común es la dependencia de la animadversión, a veces dirigida a los musulmanes, a veces a cualquier inmigrante, a menudo contra la UE y siempre contra las élites liberales

Puede parecer irónico que los nacionalistas radicales, como Bannon, pretendan unirse en un movimiento global, como imitando a sus enemigos. Pero el objetivo de los populistas no es destruir el elitismo, sino reemplazar las viejas élites. Muchas voces provenientes de entornos marginales se sienten excluidas y despreciadas. Es hora de que ellos gobiernen, creen, y de vengarse por los desaires recibidos. Por este motivo, Donald Trump, el promotor inmobiliario grosero y resentido, es su héroe.

Trump se siente más cómodo hablándoles a dictadores que a líderes democráticos. Le gusta la idea de que un hombre fuerte lidie con otro. Pero esto no lo convierte en un internacionalista, como tampoco los encuentros de los populistas de derecha suponen un movimiento internacional.

Si los populistas pueden o no derribar la UE y reordenar Occidente es difícil de decir. Dados sus diversos intereses, la rivalidad puede hacer que se fragmenten. Una verdadera ‘internacional nacionalista’ puede surgir solo cuando se aborden estas contradicciones. Pero no importa dónde termine la derecha global, es poco probable que el Movimiento de Bannon sea lo que la lleve hasta allí.

IAN BURUMA
Editor de ‘The New York Review of Books’ y de numerosos libros, como ‘Murder in Amsterdam: The Death of Theo van Gogh’.
© Project Syndicate

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