Biden: el reto de gobernar como presidente de todos

Biden: el reto de gobernar como presidente de todos

El manejo del covid-19 por Trump y el hecho de que no aceptó su derrota muestran un futuro complejo.

Joe Biden

El presidente electo de EE. UU., Joe Biden, conformó un grupo de expertos para enfrentar la pandemia de covid-19.

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AFP

Por: Ricardo Mosquera
18 de noviembre 2020 , 01:53 a. m.

"Soy un demócrata orgulloso, pero voy a gobernar como el presidente de los Estados Unidos”. Con estas palabras Joe Biden, presidente electo, dio su primer discurso en Wilmington, Delaware, acompañado de la vicepresidenta electa, Kamala Harris.

Su prioridad será diseñar e implementar un plan contra el covid-19: sin duda, uno de los temas principales que definieron la elección fue el manejo equívoco de Donald Trump para este problema, considerado una “simple gripa”, y luego trasladar su responsabilidad a China; no le importó la estrategia recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se retiró y le quitó los fondos, mostrando el desprecio por la ciencia; debilitó su sistema de salud al disminuir recursos y combatir el ‘Obamacare’. La economía por encima de la vida de sus ciudadanos.

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Con razón, en su discurso, Kamala Harris al dirigirse a sus seguidores señaló: “Los norteamericanos mandaron un mensaje muy claro: ustedes escogieron la esperanza, la decencia, la ciencia y, sí, la verdad”. El conjunto de equívocos y mentiras llevó a que el covid-19 registre hoy más de diez millones de contagiados y cerca de 250.000 muertos, lo que coloca a Estados Unidos en el primer lugar en el mundo, seguido de India y Brasil.

El plan prioritario de Biden incluye la orden de usar tapabocas y ampliar las pruebas diagnósticas gratuitas. Mantendrá al inmunólogo Anthony Fauci, menospreciado por Trump; revertirá el proceso iniciado para retirarse de la OMS, pues hallar una vacuna demanda la cooperación internacional y considerarla bien público (gratuidad).

Conciliador y experimentado, Biden es el presidente más longevo –tiene 77 años– y con la mayor votación en la historia de los Estados Unidos

Según 'The Guardian', “no hay norma legal que no pueda ser litigada bajo Trump. Una ley no está allí para ser honrada o seguida, sino para ser un potencial de litigio, incluidos los derechos constitucionales”. La violación de los principios fundacionales de la sociedad norteamericana pisotea al gran Abraham Lincoln, que abogaba por la abolición de la esclavitud, la igualdad y la democracia en su célebre discurso en Gettysburg (3 de julio de 1863).

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El republicano Lincoln señaló: “Hace cuatro veintenas y siete años que nuestros padres trajeron a este continente una nueva nación, concebida en la libertad y dedicada a la propuesta de que todos los hombres son creados iguales”. Precisa que estas luchas no han sido en vano: “Esta nación bajo Dios tendrá un nuevo régimen, un nuevo nacimiento de la libertad, y que el gobierno de la gente, por la gente y para la gente, no perecerá en la tierra”. Auténtico defensor de la democracia y las libertades al amparo de la democracia instaurada en 1776 con el liderazgo de George Washington, quien condujo a los estados de entonces a la independencia.

Por el contrario, Donald Trump, como líder populista y narciso, ignora las normas que no se ajustan a sus pretensiones, acompañado de un nacionalismo a ultranza de “Estados Unidos primero”. Cerró fronteras, empezó a construir muros y desconoció a la comunidad internacional.

¿Qué liderazgo tiene hoy Norteamérica? Las opiniones van de la admiración al recelo, y es particularmente negativa durante el gobierno Trump. La encuesta realizada por Pew Research Center en 13 países afirma que la percepción había caído con respecto a los últimos 20 años en el Reino Unido –su gran aliado– a solo el 41 % favorable; Francia, al 31 %, y Alemania, a 26 %; es generalizada la opinión de que privilegia a las grandes empresas, como Amazon, Facebook, Google y Apple.

También le pasó cuenta de cobro el manejo del cambio climático considerado un “engaño caro”, por el que no hay que preocuparse. Seis meses después de llegar a la Casa Blanca anunció el retiro del Acuerdo Climático de París, que en 2015 unió a casi 200 países con el compromiso de no aumentar la temperatura del planeta más allá de 2 °C, para mitigar el calentamiento global. Pero Trump decidió que su país, el segundo mayor contaminante después de China, se retiraría de dicho acuerdo para no afectar a las empresas productoras de petróleo, carbón y gas, sin importar la destrucción ambiental.

El cierre de fronteras y los cambios migratorios fueron erráticos, haciendo alarde de xenofobia. Impuso restricciones muy especiales para las visas a los musulmanes y a los latinoamericanos. La construcción de un gran muro en la frontera sur con México para evitar la entrada de indocumentados.

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Convirtió en bilaterales las relaciones multilaterales en un mundo globalizado, quebrando la gobernanza mundial. Desde antes del inicio de la guerra en Afganistán, Estados Unidos ha sido clave en Medio Oriente por su política exterior. Sin embargo, durante el gobierno de Trump redujo la presencia militar en Afganistán y hasta cierto punto en Irak y Siria. En 2018 decidió mudar la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén, reconociendo así a esta ciudad como la capital de Israel, su principal aliado en el Medio Oriente.

En política comercial se confrontó con sus socios comerciales con los cuales tiene mayor intercambio de bienes y servicios; abandonó el Acuerdo Transpacífico (TPP), lo que benefició a China; y también desconoció el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). El resultado, en el primer caso, fue una dura guerra comercial con China, las dos economías más grandes del mundo imponiendo gravosos aranceles sobre sus respectivos bienes.

Pero, curiosamente, para 2019 el déficit comercial de Estados Unidos con China estuvo ligeramente por debajo del nivel de 2016. En el segundo caso, Trump no logró su objetivo de salirse del TLCAN y realizar tratados bilaterales con Canadá y México. La política nacionalista no ha tenido éxito, pues EE. UU. importa más de lo que exporta.

Mención especial merecen los afrodescendientes, que le dieron el 87 % de los votos a Biden,

El desprecio por las normas electorales existentes lo ha llevado a confrontar a sus propias instituciones, desconociendo los resultados electorales. En un primer momento los aceptó porque se estaban contabilizando los votos presenciales, recomendado por los republicanos.

El voto por correo, mayoritariamente demócrata, se contabilizó después; al inicio el conteo favorecía a Trump, pero al llegar los emitidos por correo cambiaron los resultados, lo que llevó a considerar los primeros “legales” y los segundos “ilegales”, alegando un presunto fraude sin adjuntar pruebas.

Estados Unidos es un país federal donde el presidente no impone sus decisiones sobre las regulaciones de los estados, que son autónomos.

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Adicionalmente, los medios de comunicación han hecho una cobertura bastante amplia y minuciosa sobre el desarrollo de esta elección. Por ello, algunos le cortaron la transmisión cuando Donald Trump comenzó a hablar de un presunto fraude que en ninguna parte se ha podido demostrar (fake news).

¿Cómo votaron los ciudadanos? El demócrata Biden llegó con los votos de las mujeres: 56 % fueron para él y 43 %, para Trump. También los jóvenes de 18 a 29 años, en un 62 %, y con niveles de educación profesional, más de un 55 % contribuyeron al triunfo de los demócratas.

Mención especial merecen los afrodescendientes, que le dieron el 87 % de los votos a Biden, dado el trato discriminatorio que padecen por parte de una supremacía blanca que no oculta Trump. Aunque la dominación esclavista culminó con la Guerra Civil, en EE. UU. los negros siguen sufriendo vejaciones, incluso asesinatos como el de George Floyd, que ha provocado las marchas del movimiento Black Lives Matter y que apoyó la fórmula Biden-Harris.

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El que una mujer afrodescendiente y de padres inmigrantes llegue a la Vicepresidencia de Estados Unidos manda un mensaje claro, inspirado en Martin Luther King, el predicador de la no violencia activa, quien señaló que un día Estados Unidos se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: “Sostenemos que todos los hombres han sido creados iguales. Yo tuve un sueño: que un día en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos esclavistas eran capaces de sentarse juntos a la mesa de la hermandad. Yo tuve un sueño: que mis cuatro niños pequeños un día vivirán en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel, sino por sus caracteres”. (28 de agosto de 1963).

Kamala Harris es una mujer que marca un quiebre en la historia estadounidense. De padres inmigrantes, de origen jamaiquino e indio, creció en un hogar que forjó mujeres fuertes que han logrado cumplir sus sueños. Allí está la sombra de Barack Obama, el presidente afroamericano que mantuvo la estabilidad de su país tras la crisis de 2008, gracias a su gran sensibilidad social.

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Joe Biden, conciliador y experimentado, es el presidente más longevo (77 años), con la mayor votación en la historia de Estados Unidos (75 millones y más de 290 votos en el Colegio Electoral), logró una ventaja contundente que ningún recurso judicial podría desmontar.

El gran reto desde el inicio del gobierno Biden es reconstruir esta economía en recesión, con una tasa de desempleo del 8 %, y reconciliar una sociedad polarizada. Parece que se inspira tanto en John Maynard Keynes como en Franklin D. Roosevelt, otro de los grandes presidentes americanos, que levantó a su país después de la Gran Depresión y afrontó el reto de la Segunda Guerra Mundial.

En su discurso inaugural, el 4 de marzo de 1933, señaló: “Esta gran nación perdurará, así como ha perdurado, revivirá y prosperará. La única cosa que debía temer es al temor mismo”. Las reformas que estableció en 1930 con el New Deal (el Nuevo Trato) para la reactivación económica aliviaron la carga tributaria y aumentaron el gasto en obras públicas, a las que dedicó billones de dólares. Un programa de la justicia agrícola que elevó los precios de los productos básicos, incentivando a los agricultores con subsidios efectivos.

Los programas de seguridad social anunciados van en la dirección de los realizados por Roosevelt y el mismo Obama. Roosevelt empezó con pagos para ancianos y viudas, ayuda para los incapacitados y la ejecución de un programa de subsidio al desempleo. Aumentar el precio de la hora de trabajo, lo cual mejora su capacidad de compra, que, según la escuela keynesiana, impulsa la reactivación económica.

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El nuevo rumbo de la política interna y externa de Estados Unidos dará lecciones importantes para América Latina y habrá de ajustarse la agenda de países como Colombia en materia de la defensa de los derechos humanos, cumplimiento de los acuerdos de paz, que fueron apoyados por el expresidente Obama y el entonces vicepresidente Joe Biden.

Por otro lado, se tendrá que contener el asesinato selectivo de líderes sociales, así como replantear la equívoca política exterior basada en relaciones multilaterales y no injerencia en los asuntos internos de otros países.

RICARDO MOSQUERA
Exrector y profesor asociado de la Universidad Nacional.

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