¿Están en peligro las relaciones con Estados Unidos?

¿Están en peligro las relaciones con Estados Unidos?

La decisión de la JEP, que negó el pedido de extradición de Santrich, elevó el nivel de nerviosismo.

Santrich

La decisión de la JEP, que negó el pedido de extradición de Jesús Santrich, ha elevado el nivel de nerviosismo entre Colombia y Estados Unidos.

Foto:

AFP

Por: SERGIO GÓMEZ MASERI
19 de mayo 2019 , 08:39 p.m.

Si las relaciones entre Estados Unidos y Colombia ya venían tensas por la explosión del número de cultivos ilícitos en el país, no hay duda de que la polémica decisión de la JEP, que negó el pedido de extradición de Jesús Santrich, ha elevado el nivel de nerviosismo.

Washington, en un gesto poco usual, se tardó más de 30 horas en publicar una reacción oficial frente al tema. La respuesta tenía un tono diplomático, pero dejó claro el profundo malestar.

En un comunicado emitido por la embajada, los estadounidenses catalogan la decisión de "lamentable", e insisten en que cumplieron con todos los requisitos necesarios para justificar la solicitud y vuelven en a resaltar que los hechos por los que un Gran Jurado de Nueva York acusa a Santrich de narcotráfico son posteriores a la firma del acuerdo de paz que se firmó en diciembre de 2016.

Así mismo, piden una apelación con carácter urgente y subrayan que la extradición es una herramienta esencial para las relaciones bilaterales.

Desde entonces se especula, tanto en Washington como en Bogotá, hasta dónde podría llegar la administración de Donald Trump si la extradición de Santrich termina embolatándose.

Ya se habla, por ejemplo, que si ese escenario se concreta, podría ser la última puntilla que hacía falta para una posible descertificación del país en septiembre de este año, cuando la Casa Blanca suele emitir su veredicto sobre los países que no cumplieron con sus compromisos en materia de la lucha antidrogas.

En 2017, el presidente Donald Trump estuvo a punto de descertificar al país por el aumento de los cultivos ilícitos, pero fue disuadido por funcionarios como el embajador William Brownfield y el general John Kelly, quienes le pidieron reconocer el gran esfuerzo que Colombia ha hecho para enfrentar este flagelo.

El año pasado, cuando se aproximaba la misma fecha, se impuso el argumento de que no sería justo castigar al gobierno de Duque por un problema heredado del gobierno anterior. Especialmente, porque Duque llegó al poder con la bandera de una guerra contra el narcotráfico, e insistiendo en que era necesario reactivar la fumigación de cultivos ilícitos, algo con lo que EE. UU. concuerda y que criticó cuando se tomó la decisión de suspenderlas en 2015.

Cuando ambos líderes se reunieron en la Casa Blanca, Duque se comprometió en reducir a la mitad los cultivos ilícitos durante su mandato. Pero también les dejó claro que esa reducción solo comenzaría a notarse a finales del 2019, cuando sus políticas llevaran al menos año y medio en ejecución.

En otras palabras, que la administración republicanos tendría que encajar un posible nuevo incremento de los cultivos durante el 2018. Las estadísticas correspondientes a ese año aún no se conocen (deben salir el mes entrante), pero se da por descontado que la cifra será superior a las 208.000 hectáreas cultivadas que se contabilizaron en el 2017 y que ya de por sí son un récord histórico.

Donald Trump e Iván Duque

Donald Trump, presidente de Estados Unidos e Iván Duque, mandatario de Colombia, en Washington, el pasado febrero.

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Efe

Pese a esto, Trump ha venido criticando abiertamente a Duque, llegando a decir que el presidente colombiano no ha hecho nada por EE.UU. en la lucha contra las drogas y que, desde que llegó al poder, hay más producción de estupefacientes.

Muchos analistas lo han interpretado como una maniobra política de Trump dirigida a su audiencia doméstica y pensando más en su campaña de reelección donde el mensaje de la mano dura contra las drogas se vende bien.

Pero funcionarios de este país le han dicho a este diario que su preocupación es genuina y que si se está evaluando el tema de la descertificación.

Y todo eso se suma ahora el golpe a la extradición, que es considerada por EE.UU. uno de las herramientas más útiles en la lucha contra las drogas.

Por supuesto, la posición de EE.UU. va depender en gran medida a cómo evolucione en el país el caso Santrich y el resultado de la apelación de la Procuraduría. Así mismo, si se trata solo de un incidente puntual, o se convierte en la norma frente a futuras solicitudes de extradición.

Se trata de un tema muy complejo y en Washington ya se habla de otros dos momentos de alta tensión entre ambos países por cuenta del narcotráfico.

El primero cuando se prohibió la extradición de connacionales en la Constituyente de 1991. Y el segundo cuando se estableció el ingreso de dineros "calientes" en la campaña electoral que ganó Ernesto Samper en 1994.

La sumatoria de ambos momentos llevó a la desertificación de Colombia en el período de 1995-1996. Por supuesto de trata de momentos muy diferentes pues en ese entonces se hablaba del país como un "narcoestado".

Además, ambos países llevan más de dos décadas en una estrecha alianza que es considerada como la mejor del hemisferio y existe un gobierno en el país comprometido a dar la pelea. Colombia, a su vez, es vista como socio estratégico de EE.UU. en la región y pieza clave en la resolución de temas como el de Venezuela, que es prioridad para esta administración republicana.

Pero como decía Juan González, es asesor del presidente Barack Obama y muy cercano al pensamiento demócrata, no deja ser un tema muy delicado.

En gran medida, afirma este analista que hoy trabaja con el exvicepresidente Joe Biden, la "nueva era" de las relaciones EE.UU. - Colombia, y que hasta ahora ha sido bipartidista, nació en 1998 durante el gobierno de Bill Clinton con tres pilares: la extradición (que fue restablecida en 1997), la lucha contra los cultivos ilícitos y los derechos humanos.

"Los tres -sostiene González- están hoy amenazados por cuenta de los acuerdos de paz con las Farc. Los dos primeros por razones evidentes. El tercero por que existe la sensación de que graves violadores de derechos humanos no pagarán penas significativas".

Aunque la descertificación es un escenario del que ahora se habla si tapujos (algo impensable hasta hace muy poco), es cierto también que se trata de una alternativa costosa para EE.UU. y por eso, en teoría, no muy viable.

No solo se estaría debilitando a su principal aliado en la región sino "dándose un tiro en el pie", pues suspender la cooperación y la entrega de ayuda solo empeoraría el problema.

El problema para el gobierno Duque y el estado colombiano es que la Casa Blanca no hay un líder convencional sino un presidente Trump que suele inclinarse por la línea dura, es impredecible y ha demostrado que no respeta este tipo de consideraciones.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO en Washington

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