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Más de 18.000 menores persiguen el sueño americano
Menores migrantes en frontera con Estados Unidos

Migrantes centroamericanos esperan frente al refugio de la Sagrada Familia al tren de carga llamado La Bestia, en un intento de llegar a la frontera con Estados Unidos, en Apizaco (México).

Foto:

Pedro Pardo. AFP

Más de 18.000 menores persiguen el sueño americano

Se trata del número más alto registrado en toda la historia y constituye un reto para Joe Biden.

Que la administración de Joe Biden enfrenta una crisis migratoria en su frontera con México no es una novedad. Pero esta semana, el problema adquirió una nueva dimensión al conocerse la descomunal cifra de menores no acompañados que fueron detenidos cuando pretendían ingresar a Estados Unidos. 

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De acuerdo con la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CPB), solo en marzo fueron capturados 18.890 niños y adolescentes en el límite entre México y EE. UU.

Se trata del número más alto que se ha registrado en toda la historia y constituye un reto formidable para Biden, cuando aún no cumple ni cien días de haber llegado a la Casa Blanca.

Para ponerlo en contexto, los dos picos anteriores fueron casi la mitad de esa cifra. Unos 11.000 en mayo de 2019 y 10.000 en junio de 2014.

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De acuerdo con funcionarios de su administración, la escalada en la migración de menores no acompañados tiene varias explicaciones.

El presidente de Estados Unidos,  Joe Biden.

Foto:

SAUL LOEB / AFP

En su mayoría, los niños están llegando de Centroamérica, especialmente de lo que se conoce como el Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador), países muy golpeados por la pandemia del covid-19 y donde la precaria situación económica está empujando la migración.

A eso, dicen, se suma un componente de violencia que está forzando a muchas familias a tomar el riesgo que supone la travesía hacia EE. UU.

Biden nombró a una especie de fuerza de tarea conjunta que encabezan Juan González, el colombiano que se desempeña como asesor de Seguridad Nacional para el Hemisferio Occidental en la Casa Blanca, y Ricardo Zúñiga, enviado especial del Departamento de Estado para el Triángulo Norte.

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Asimismo, el mandatario estadounidense le pidió a la vicepresidenta Kamala Harris que se encargue directamente del tema migratorio.

Según González, si bien el control de la frontera es un tema prioritario, la solución también debe “enfocarse en combatir la razón por la que las personas emigran hacia Estados Unidos, sobre todo la inseguridad, la pobreza y la desigualdad que existe en los países de la región”.

(La solución también debe) enfocarse en combatir la razón por la que las personas emigran hacia Estados Unidos, sobre todo la inseguridad,

Es por eso que le pidieron al Congreso la aprobación de un paquete de asistencia de US$ 4.000 millones para invertir en los primeros cuatro años. La cifra (US$ 1.000 millones anuales) es casi el doble de lo que le da EE. UU a Colombia para la lucha contra el narcotráfico y los programas que respaldan el proceso de paz.

No obstante, en el auge de la migración de menores no acompañados existe otro factor que muchos le atribuyen a Biden, especialmente sus enemigos políticos.

Tras llegar a la Casa Blanca, una de sus primeras medidas fue eximir a los niños no acompañados de las directrices relacionadas con la pandemia que adoptó su antecesor, Donald Trump, y que permitían expulsar inmediatamente a la mayoría de las personas del país sin darles la oportunidad de solicitar asilo.

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En su lugar, los niños están siendo cuidados en albergues y luego entregados a patrocinadores, por lo general parientes cercanos, mientras se les permite continuar con sus casos en tribunales de inmigración.

Esa decisión, dicen los republicanos, fue una invitación abierta para que vinieran a Estados Unidos.

De acuerdo con nuevas estadísticas de la administración, el país se está gastando US$ 60 millones semanales en el cuidado de unos 16.000 niños que están bajo su custodia. Pero los albergues ya no dan abasto y los funcionarios están en una carrera para construir nuevos o autorizar a otros centros para que puedan atenderlos.

Las cifras son alarmantes. De acuerdo con la CPB, en marzo fueron detenidos 172.331 inmigrantes en la frontera sur incluyendo a adultos. El número más alto en dos décadas.

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De estos, fueron expulsados de manera automática más de 100.000 utilizando la norma aprobada en la era Trump para frenar el ingreso durante la pandemia.
Las autoridades creen que los números bajarán nuevamente una vez llegue el verano –por el calor– y se corra la voz de que la puerta con EE. UU. sigue cerrada para la mayoría.

SERGIO GÓMEZ MASERI 
Corresponsal de EL TIEMPO 
WASHINGTON 
En Twitter: @sergom68

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