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Fechas claves que le cerrarían camino a Trump en la novela electoral
Donald Trump

El presidente saliente de Estados Unidos, Donald Trump.

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Kevin Dietsch. EFE

Fechas claves que le cerrarían camino a Trump en la novela electoral

El país espera la llegada al denominado 'puerto seguro' y el voto del Colegio Electoral.

Se aproximan dos fechas que, en teoría, deberían poner punto final al tortuoso camino que atraviesa Estados Unidos desde las pasadas elecciones presidenciales.

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La primera es este martes, último día que tienen los estados del país para dirimir conflictos que hayan surgido con el conteo de los votos, resolver demandas pendientes y certificar al ganador. Sin embargo, en su mayoría ya todos lo hicieron, o al menos los que tenían el potencial de alterar el desenlace. Y todos, incluidos los que son precedidos por autoridades republicanas, corroboraron la victoria de Joe Biden.

Lo cierto es que ese día, que en el proceso electoral estadounidense se denomina como el “puerto seguro”, se cierra la puerta para nuevas disputas y el resultado es oficial.

La segunda fecha clave será el próximo 14 de diciembre, cuando se reúna el Colegio Electoral para ungir al nuevo presidente y, con 306 votos ante este órgano de los 270 que necesitaba como mínimo para ganar los comicios, la elección de Joe Biden no está en duda.

En cualquier otro momento de la historia estadounidenses ambas fechas serían irrelevantes, pues el perdedor suele reconocer su derrota mucho antes de estos procesos.

Pero, en este caso, la realidad es opuesta debido a que el presidente Donald Trump sigue insistiendo en que ganó pese a la amplia ventaja de Biden en el Colegio Electoral y los siete millones de votos que le sacó de diferencia.

A lo largo de este mes, Trump ha elevado más de 50 demandas ante las cortes del país alegando irregularidades electorales.

Pero cada una de ellas, tanto jueces conservadores como liberales las han tumbado por falta de méritos y evidencia. Y si bien el presidente aún sigue esperando que la Corte Suprema de Justicia le haga el milagro, esa posibilidad también expira esta semana que entra, pues esta misma instancia ha sentenciado en el pasado que los resultados electorales se vuelven definitivos una vez se llegue al “puerto seguro” y vote el Colegio Electoral.

Paralelamente, este 14 también debe quedar enterrada la “opción nuclear” que promovió el presidente: lograr que los legisladores republicanos en los estados que perdió desconozcan el resultado oficial y le den la victoria a la brava.

“Trump puede patalear todo lo que quiera, pero una vez se llegue al ‘puerto seguro’ y vote el Colegio es el fin de su presidencia”, dice Adav Noti, del Centro Legal para las Campañas Políticas.

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Trump puede patalear todo lo que quiera, pero una vez se llegue al ‘puerto seguro’ y vote el Colegio es el fin de su presidencia

Donald Trump

Trump ha elevado más de 50 demandas alegando irregularidades en las pasadas elecciones presidenciales.

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Chris Kleponis. EFE

Justo en días pasados, el propio fiscal general de EE. UU., William Barr, que fue nombrado por el mismísimo Trump, le dio una estocada mortal al presidente al indicar que su oficina no había hallado indicios del supuesto fraude que alegan tanto el mandatario como sus simpatizantes.

Trump, sin embargo, dejó claro casi de inmediato que no piensa reconocer su derrota. En un nuevo video, que muchas cadenas de televisión se negaron a publicar por su alto contenido de desinformación, Trump siguió elucubrando sobre un supuesto complot a nivel nacional para robarle las elecciones y en el que estarían participando tanto el FBI como el Departamento de Justicia y otras “fuerzas ocultas”.

Varios de sus seguidores, entre ellos el polémico exasesor de Seguridad Nacional Michael Flynn, al que Trump acaba de exonerar pese a haberle mentido al Congreso y al FBI, le han pedido al mandatario que no dé su brazo a torcer y proponen lo impensable. Según Flyn, el presidente debería ignorar la Constitución, declarar ley marcial y convocar nuevas elecciones.

De momento, nadie de peso le ha dado piernas a esa idea. Pero el simple hecho que esté dando vueltas habla por sí solo del precario momento por el que atraviesa la democracia estadounidense.

Lo que sí parece claro es que a Trump tendrán que sacarlo casi que con grúa de la Casa Blanca.

De hecho, ha comenzado a circular el rumor de que no piensa asistir a la posesión de Biden el 20 de enero y que usará ese mismo día, mientras el presidente electo toma juramento, para anunciar durante un evento paralelo su campaña presidencial para el 2024.

Además, todo indica que en su proceso de salida piensa dejarle a Biden un campo minado que hará más difícil el retorno a la normalidad en plena crisis sanitaria.

Hace unos días, el presidente Trump firmó una nueva orden ejecutiva que en la práctica le permite destituir a todos los empleados públicos que desee sin tener que dar justificación alguna. Y en su mira están miles de funcionarios de carrera que ocupaban hoy cargos claves en decenas de las agencias más importantes del país. Especialmente en el área de las ciencias, la salud y la administración de justicia.

El temor no es solo que le deje a Biden una administración acéfala que tendría que recomponer, sino que use este mes y medio que le resta en el poder para llenar esas vacantes con trumpistas. Y aunque Biden podría destituirlos para contratar nuevamente a los de carrera, se trata de un escenario de pesadilla que tardaría meses en resolver.

“Desde el primer día, Trump ha estado torpedeando la estructura del gobierno federal, de la cual desconfía, para convertirla en una herramienta política que se acomode a sus instintos autoritarios. Esta última movida es su golpe de gracia. Y aunque tiene poco futuro, pues Biden puede revertirlo, no hay duda de que provocará un caos poco antes visto”, afirma Donald Kettl, profesor en asuntos públicos de la Universidad de Texas.

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Desde el primer día, Trump ha estado torpedeando la estructura del gobierno federal, de la cual desconfía, para convertirla en una herramienta política que se acomode a sus instintos autoritarios

Joe Biden

El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden.

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Angela Weiss. AFP

En el fondo, dice el columnista de The Washington Post Fareed Zakaria, los ataques de Trump contra el proceso electoral han dejado expuesta la enorme debilidad de la democracia estadounidense.

Según Zakaria, en EE. UU. existe un modelo anglosajón en el que a los ciudadanos se les pide periódicamente desempeñar funciones políticas, como contar votos y certificar comicios, bajo la idea de que pondrán al país por encima de su partido o afiliación política.

Y en esta ocasión el sistema sobrevivió porque hubo unos pocos republicanos que se le atravesaron al presidente. Pero, en la visión de Zakaria, es muy probable que estos sean castigados por desafiarlo y lleguen nuevos a los que se les exigirá escoger partido antes que país.

“El próximo grupo de funcionarios encargados de presidir las elecciones puede resultar menos honorable que el actual o puede surgir una generación de jueces más jóvenes y partidistas”, a los que les importe poco el precedente y la ley.

Para Zakaria, la salida de esta peligrosa encrucijada es hacer una reforma que tome elementos del sistema francés, en el que se codifiquen todas las tradiciones electorales, se estandaricen las reglas sobre voto por correo, recuentos y certificación de los resultados, y se encargue el manejo de las elecciones a organizaciones independientes.

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“La arremetida de Trump contra la democracia fue tan amplia que permitió ver con claridad sus debilidades. Deberíamos aprovechar este momento para fortalecer nuestras instituciones. De esa forma, si surge otro político como Trump, o él mismo en cuatro años, la democracia estadounidense estará mejor preparada para aguantarla”, dice Zakaria.

Suena lógico. Pero difícil de implementar en un país como EE.UU., donde el arraigo del federalismo es fuerte y la polarización actual tan extrema.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO - Washington
@sergom68

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