El escalofriante avance del covid-19 en Estados Unidos

El escalofriante avance del covid-19 en Estados Unidos

Con más de 60 mil contagios el viernes, la reapertura ha tenido un alto costo para la salud pública.

Coronavirus EE.UU

Expertos coinciden en que Estados Unidos puede llegar a registrar 100.000 contagios diarios por el virus.

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EFE

Por: Sergio Gómez Maseri
06 de julio 2020 , 04:32 p. m.

Lo peor ya pasó. Eso decían hace pocas semanas tanto el presidente estadounidense, Donald Trump, como altos funcionarios de su administración que incluso alcanzaron a cantar victoria frente al letal coronavirus.

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Pero los datos no mienten. Esta semana, un alud de nuevos contagios puso nuevamente de rodillas a un país que ya ha encajado más de 130.000 muertes y en donde la enfermedad parece estar fuera de control.

Según las cifras que maneja la Universidad Johns Hopkins, el viernes se selló un nuevo récord de contagios diarios con 60.383, que representa más de un 220 por ciento de aumento en relación con la cifra más baja registrada hasta la fecha y que se alcanzó el pasado primero de junio (unos 16.200 contagios).

A diferencia de la primera oleada del virus, que se concentró en algunos estados de la costa este, el segundo pico está golpeando casi todo el país. Más de 36 estados vienen reportando incrementos superiores al 10 por ciento en las últimas dos semanas, mientras que otros 11 permanecen estables, pero sin reducciones.

Otros 12 estados también han reportado dramáticos incrementos en el número de hospitalizaciones, y existe preocupación por la capacidad de los centros de salud para atender el diluvio de nuevos pacientes que están llegando.

Tan grave es la situación que en 23 de los estados del país, las autoridades han reversado o puesto freno a sus planes de reapertura económica. Sin lugar a dudas, la peor situación la están viviendo Texas, Arizona y la Florida, donde esta semana se batieron varias veces los récords de contagios.

Pero también hay alarma en California, Carolina del Norte y Tennessee por incrementos superiores al 50 por ciento en comparación con la semana pasada.

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Y aunque de momento la explosión de casos no se ha traducido en incrementos significativos en la cantidad de muertes diarias, los expertos aseguran que es cuestión de tiempo. Durante el pico de la pandemia, entre marzo y abril de este año, en Estados Unidos estaban pereciendo más de 2.500 personas por jornada. Esta semana el promedio fue de unas 500.

Ese conteo va a crecer de manera exponencial durante este mes porque, por lo general, las muertes llegan dos o tres semanas después de que se presentan estos picos de contagios”, dijo Anthony Fauci, el director del Instituto Nacional para las Alergias y Enfermedades Infecciosas, durante una audiencia convocada por el Congreso para evaluar la nueva situación.

Si llegamos a tener más de 100.000 contagios diarios, lo que se vendría sería una crisis en el sistema de salud a nivel nacional

De acuerdo con Fauci, si no se toman correctivos de inmediato, en pocas semanas EE. UU. podría estar registrando unos 100.000 casos diarios. Para ponerlo en contexto, esos son casi todos los contagios reportados en Colombia a lo largo de estos cuatro meses.

Es muy claro que no tenemos esto bajo control. Y les garantizo que lo que viene será perturbador. Lo que pensábamos como algo inimaginable se ha convertido en la realidad que estamos enfrentando ahora”, dijo Fauci en su testimonio ante el Legislativo.

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Según Marm Hillpatrick, experto en enfermedades infecciosas de la Universidad de California, si el pronóstico de Fauci se cumple, sería devastador para el país.

Si llegamos a tener más de 100.000 contagios diarios, lo que se vendría sería una crisis en el sistema de salud a nivel nacional, pues los hospitales y médicos no están en capacidad para atender una pandemia de esas proporciones. Por eso era clave mitigar el avance del virus. Ya no sé si eso sea posible”, afirma Hillpatrick.

Si bien EE.UU. nunca ha tenido el virus bajo control, sí existe un conjunto de razones que explicarían este nuevo estallido. Y la primera de ellas está asociada con la decisión de varios estados de reactivar su actividad económica y relajar las medidas de distanciamiento social de manera prematura.

De hecho, el epicentro de esta nueva crisis se ha concentrado en estados del sur y sureste del país, como Florida, Texas y Arizona, donde los gobernadores ordenaron la reapertura mucho antes de alcanzar los requisitos que habían sido establecidos por la Casa Blanca para reactivar la economía, pero con seguridad.

Entre ellos, una reducción de contagios por 14 días consecutivos y el desarrollo de sistemas eficientes para realizar pruebas de diagnóstico y rastrear el avance de la enfermedad. En su mayoría se trata de estados donde el gobierno lo encabezan republicanos leales a un Trump que, como se recuerda, empujó para una rápida reactivación económica.

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Es muy claro que no tenemos esto bajo control. Y les garantizo que lo que viene será perturbador.

Cifras del covid en Estados Unidos

Impacto de la pandemia en Estados Unidos.

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EL TIEMPO

El caso californiano

La excepción a esa regla es California, que fue uno de los primeros estados que lograron controlar la propagación del coronavirus, pero que hoy registra un aumento significativo de la enfermedad.

De hecho, dicen las autoridades, el aumento reciente comenzó tras el puente del Día de los Caídos, a finales de mayo, cuando muchos de estos estados abrieron sus playas, parques y bares para que la gente pudiera celebrar. Y por eso han pedido no cometer ese mismo error durante este fin de semana, cuando se celebra en EE. UU. el Día de la Independencia.

Fauci, en su comparecencia ante el Congreso, criticó a estos estados por haber ignorado los lineamientos y advirtió que es necesaria una estrategia nacional porque mientras el virus no esté controlado en todo el país, siempre existirá un alto riesgo de que reaparezca en nuevas zonas, pues todavía hay más de 300 millones de personas que no lo han contraído y hacia donde el virus se puede expandir.

No podemos –dijo el doctor– concentrarnos solo en las áreas que están presentando un repunte, porque eso pone a todo el país en riesgo”.

Coronavirus en Estados Unidos

Protocolos de seguridad en Columbia, Estados Unidos.

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Nueva York, Connecticut y Nueva Jersey, tres estados que la pasaron muy mal al comienzo de la pandemia, pero donde hoy la situación se ha estabilizado, tuvieron que imponer esta semana un veto al ingreso de personas que provengan de un grupo de 16 estados donde la enfermedad va en ascenso.

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Pero, aun así, les será muy difícil mantener el virus en cintura mientras los estados vecinos no logren contenerlo.

La otra característica de esta nueva oleada es que al parecer se ha concentrado en personas menores de 30 años que estarían ignorando las medidas de distanciamiento social y el uso de máscaras, convencidas de que son un grupo de bajo riesgo. En efecto, este grupo tiene una tasa de mortalidad que es inferior al cinco por ciento.

Y eso explicaría, en parte, que el número de muertes no esté aumentando de manera proporcional al de los contagios.

Pero, como afirma Tom Frieden, exdirector del Centro para la Prevención y el Control de Enfermedades (CDC), estos jóvenes terminarán contagiando a otros adultos que son más vulnerables y terminarán luego en el cementerio.

También hablando ante el Legislativo, el actual director del CDC, Robert Redfield, les pidió directamente a los jóvenes del país asumir la responsabilidad que les corresponde para detener el coronavirus.

“Específicamente me estoy refiriendo a los miembros más jóvenes de nuestra sociedad, los millennials y los de la generación Z. Usen máscaras, es la manera más efectiva de frenar la enfermedad. Los que me estén escuchando, por favor, corran la voz”, dijo Redfield tras resaltar que si bien la tasa de mortalidad en este grupo es baja, muchos están padeciendo los efectos a largo plazo que deja la enfermedad.

Para suprimir el virus debemos llegar a menos de ese tres por ciento. Desafortunadamente estamos lejos de eso. Vamos perdiendo la batalla contra el virus

El tema de las máscaras, paradójicamente, es otro factor que ha contribuido a la propagación. De un tiempo para acá, su uso se ha venido ‘politizando’, en parte gracias al mensaje del presidente Trump y algunos miembros de su administración que, al parecer, no creen en ellas y buscan diferenciarse de sus rivales demócratas al no utilizarlas.

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Lo anterior tiene frustrados a muchos republicanos, especialmente ahora que el virus se ha salido de madre en estados que ellos controlan.

“Desgraciadamente, una práctica tan simple para salvar vidas (usar máscaras) se ha convertido en parte del debate político. Si estás con Trump, no la usas; y si estás contra Trump, entonces sí. Eso tiene que parar”, dijo el senador republicano Lamar Alexander luego de solicitar al presidente que dé ejemplo a sus seguidores poniéndose un tapabocas de vez en cuando.

Coronavirus en Estados Unidos

En Los Ángeles, una de las ciudades que más casos registra en Estados Unidos, voluntarios reparten test de covid-19 para que las personas se los practiquen.

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Las pruebas

Trump, que hasta ahora nunca se ha dejado ver en público portando uno, dijo finalmente esta semana que estaba abierto a utilizarlo, pero en oposición a que se imponga su uso a nivel nacional.

Diversas autoridades, en particular las republicanas, también han atribuido este nuevo repunte al aumento de pruebas de diagnóstico. Trump, de hecho, incluso sugirió que estas debían reducirse para así bajar las tétricas cifras de contagio. Como vender el sofá.

Y curiosamente algo en eso hay de cierto. Desde que comenzó la pandemia, EE. UU. ha incrementado en más de un ciento por ciento su capacidad de testeo. Y eso ha permitido detectar a más personas enfermas.

Pero la curva de casos positivos, que debería estar cayendo en la medida en que aumentan las pruebas, continúa creciendo en muchos rincones del país. Lo cual indica que el virus se ha seguido expandiendo entre la comunidad.

Lo cual también se demuestra en el aumento de las hospitalizaciones en por lo menos una cuarta parte del país.

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Adicionalmente, como indica un informe reciente de la Universidad de Harvard, lo que EE. UU. necesita es aumentar dramáticamente su capacidad de testeo, pues con la actual ni siquiera es posible implementar una estrategia de mitigación.

Es este momento, el país realiza al menos medio millón de pruebas diarias. Pero, según Harvard, para poder mantener una tasa de positivos inferior al 10 por ciento requiere al menos el doble. Y para pasar a una fase de contención (por debajo del tres por ciento de positivos), serían necesarias 4,3 millones de pruebas diarias.

“Para suprimir el virus debemos llegar a menos de ese tres por ciento.
Desafortunadamente estamos lejos de eso. Vamos perdiendo la batalla contra el virus”, sostiene Ashisha Jha, jefe del equipo que realizó el estudio

Eso, por lo menos, hasta que aparezca una vacuna y se pueda inmunizar a la mayor parte de la población. Algo que no se ve posible antes de comienzos del año entrante.

En uno de sus editoriales de esta semana, The Washington Post sostiene que a pesar del sacrificio que hizo la sociedad para detener la pandemia en sus primeros meses, fueron sus líderes los que terminaron fallando al tomar decisiones (e ignorar recomendaciones) que hoy tienen al país frente a la peor crisis en varias en generaciones.

Luego de acentuar cómo otras naciones sí han podido controlar la propagación del virus, atribuye gran parte del actual fracaso al presidente de EE. UU. y su falta de liderazgo.

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La aproximación negligente de Trump, al delegar el liderazgo a los estados y declarar que todo está perfecto, ha dejado el país a la deriva en un mar de virus”, dice el editorial.

El diario sugiere una especie de proyecto Manhattan, encabezado por el gobierno federal, que agrupe a las mejores mentes y expertos del país y asuma el reto como si en juego estuviese la Segunda Guerra Mundial.

Pero, de momento, todo indica, es algo que no está en la agenda de un presidente que lleva semanas sin hablar al respecto e insiste –como dijo este miércoles durante una entrevista con la cadena Fox– en que el virus “desaparecerá de repente”.

Y algún día puede que suceda. Pero si algo demostraron estas últimas semanas es que la enfermedad, antes que desvanecerse, tiene a EE. UU. bien agarrado y contra la pared.

SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON

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