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Estados Unidos: los ganadores y perdedores de las elecciones legislativas
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Resultados de elecciones en EE. UU.Resultados de elecciones en EE. UU.
Estados Unidos

EFE

Análisis

Estados Unidos: los ganadores y perdedores de las elecciones legislativas

La democracia y el sistema electoral superaron una gran prueba. ¿Qué les espera a Biden y a Trump?

El control del Congreso estadounidense aún sigue en el limbo. Hasta ahora, los republicanos se perfilaban como probables ganadores de la Cámara de Representantes, pero por un estrecho margen. 

El partido demócrata ha ganado el control del Senado de Estados Unidos con 50 escaños, ante la inminente victoria de la legisladora Catherine Cortez Masto en el estado de Nevada, de acuerdo con las proyecciones este sábado. El partido del presidente Joe Biden se hace así con la mayoría del Senado, frente a los 49 republicanos que han obtenido hasta ahora los republicanos, según las proyecciones de los medios estadounidenses.

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Pese a la incertidumbre, la sorpresiva jornada electoral del pasado martes dejó claros ganadores y perdedores. Y, más importante aún, alteró en un abrir y cerrar de ojos el panorama político de Estados Unidos para los próximos dos años.

Los ganadores

En primer lugar, la gran ganadora de la jornada fue la democracia y el sistema electoral de EE. UU.

Luego del trauma que vivió el país tras las elecciones del 2020 y que culminó con la violenta toma del Capitolio para impedir el ascenso del presidente Joe Biden, los comicios de este martes eran vistos como una prueba de fuego para la democracia estadounidense y su sistema electoral. En especial, porque más de 300 de los candidatos que escogieron los republicanos para representarlos eran defensores de la teoría de un fraude que nunca ocurrió y amenazaban con no reconocer los resultados en caso de perder.

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Joe Biden.

Foto:

Bloomberg

Si bien muchos de ellos terminaron ganando (más de 150 en la Cámara de Representantes), la mayoría y los más extremos terminaron derrotados. Especialmente en estados claves como Pensilvania, Michigan y Wisconsin, que son de los más importantes a la hora de definir las contiendas electorales en el país.

Los ejemplos abundan, pero el más claro es el de Doug Mastriano en la carrera por la gobernación de Pensilvania, estado que Biden ganó por un margen minúsculo en las presidenciales hace dos años. Mastriano, un negacionista furibundo que hizo parte de la turba del 6 de enero, fue derrotado por más de 13 puntos.

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Los perdedores, en su gran mayoría, reconocieron sus derrotas y las amenazas de violencia tampoco se materializaron. Al menos no de momento. Por lo que, como dijo esta semana el presidente Biden, si bien persisten los desafíos, lo de este martes fue “un buen día para la democracia”.

Ahora, si hablamos de un candidato que salió triunfal tras la jornada, ese es el republicano Ron DeSantis.

El gobernador de Florida, Ron DeSantis.

Foto:

Paul Hennessy/SOPA Images/LightRocket via Getty Images

En la oscura noche que tuvieron los republicanos, el gobernador de la Florida brilló con luz propia al dar una verdadera paliza a su rival demócrata Charlie Christ.

DeSantis no solo le sacó más de 20 puntos sino que ganó incluso en el área de Miami-Dade, un bastión demócrata donde ningún republicano había logrado triunfar en dos décadas.

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Aunque DeSantis no ha anunciado una candidatura a la nominación del partido para las presidenciales del 2024, su triunfo lo pone en una inmejorable posición para desafiar al expresidente Donald Trump, quien sale de la elección bastante debilitado.

El New York Post, uno de los diarios más conservadores del país y trumpista hasta hace muy poco, encabezó su cubrimiento con el titular “DeFuture”, haciendo un juego de palabras con el nombre del gobernador y el futuro del partido.

Si bien, en lo político, DeSantis es muy parecido a Trump, no arrastra con la mala imagen del expresidente y podría ser el candidato perfecto para desafiar a un envejecido Biden. No obstante, Trump sigue reinando en la base del partido y bien podría imponerse durante las primarias.

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Otros de los ganadores son los propios demócratas, hasta cierto punto. Llegaron a los comicios esperando perder con mayúscula —eso, al menos, era lo que indicaban las encuestas y la tendencia histórica que supone pérdidas para el partido que está en el poder durante las elecciones de mitad de término— y en realidad salieron muy bien librados.

Votantes en San Francisco, Estados Unidos.

Foto:

EFE

De hecho, nunca antes desde que se miden este tipo de fenómenos, a un partido le había ido tan bien en este tipo de elecciones, y menos cuando la aprobación del presidente está por debajo del 50 por ciento (la de Biden es cercana al 40), sumado a una crítica situación económica marcada por la altísima inflación y los bajos índices de popularidad del presidente Biden.

Aunque no se les pueda declarar ganadores, el hecho de haber limitado las pérdidas en la Cámara —y probablemente mantener el Senado— es casi milagroso.

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Eso sí, el resultado no se dio necesariamente por virtudes propias o porque los electores respaldaran su agenda. En las encuestas de boca de urna, la popularidad de Biden continuó por el piso y la economía —que jugaba en contra— siguió siendo el factor más importante para la mayoría.

Sin embargo, de acuerdo con un informe de Nate Coen, el experto político del New York Times, hubo dos temas que pesaron mucho en los estados más decisivos: el derecho al aborto y la defensa de la democracia.

En ese sentido, gran parte del electorado eligió la fuerza demócrata pese a no estar a gusto con la dirección del país.

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Los perdedores

Donald Trump ansiaba una aplastadora victoria republicana en las elecciones del martes que le sirviera de pie para anunciar su regreso triunfal a la política estadounidense, con el anuncio inmediato de una candidatura que veía inatajable. Pero los resultados lo dejaron contra las cuerdas.

Muchos en su propio partido lo responsabilizan de la derrota. Especialmente por la selección, casi a dedo, de trumpistas para curules claves en estados competitivos, que terminaron hundiendo sus aspiraciones.

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El senador Chuck Grassley, por ejemplo, disparó una de las primeras salvas al decir que ya era hora de dar la vuelta a la página, mientras que diarios conservadores como Wall Street Journal lo declararon como “el gran perdedor de la jornada” y hasta le pidieron dar un paso al costado.

Chuck Grassley.

Foto:

Brendan Smialowski / AFP

Las encuestas a boca de urna ratificaron, además, que la mayoría de estadounidenses no lo quiere (tiene un 39 por ciento de respaldo) y muchos apuntaron hacia DeSantis.

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Eso sí, descartar a Trump, de momento, sería un grave error. El expresidente demostró al final de cuentas que sigue siendo muy popular entre la base del partido y nadie duda que se lanzará al ruedo electoral.

Pero, si por el lado del expresidente llueve, por los de Biden no escampa. Aunque muchos medios destacaron la resiliencia del mandatario por sobrevivir la embestida en las peores condiciones, sería también un error ponerlo en la columna de los victoriosos.

Para la muestra está que una buena parte de los demócratas que lograron atajar la esperada “marea roja” en sus estados lo hicieron tomando distancia del presidente y de sus políticas.

Eso sumado a que de aquí en adelante, Biden tendrá que gobernar con un Congreso dividido y frente a un país que sigue polarizado al extremo.

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También habría que declarar como perdedoras a las firmas encuestadoras. Como sucedió en las elecciones de 2016, 2018, y 2020, las encuestadoras y los portales que analizan sondeos volvieron a rajarse a la hora de medir las intenciones electorales de los estadounidenses, pues la mayoría daban un holgado triunfo de los republicanos y no detectaron la fortaleza del voto demócrata.

Mitin de Donald Trump en Pensilvania.

Foto:

Ed JONES / AFP

Muchos de ellos, como 538, 270 y Real Clear Politics, atribuyeron sus desfase en los cálculos a un alud de sondeos en las últimas semanas, financiadas por los republicanos, que terminaron inclinando hacia su lado los promedios. Así mismo, a las correcciones que vienen haciendo estas mismas empresas para medir un voto republicano que en el pasado estuvo subrepresentado en las muestras.

Puede ser, pero si algo quedó claro es que sigue siendo un arte muy impreciso cuando se trata de medir contiendas que se disputan al milímetro, como es el caso de estas elecciones de medio término que siguen teniendo en ascuas al país.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington
En Twitter: @sergom68

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