‘Estados Unidos está malgastando en armas que ya no se necesitan’

‘Estados Unidos está malgastando en armas que ya no se necesitan’

Experta en política internacional dice que gasto de Pentágono es injustificable y descuidan asuntos.

Donald Trump

El presidente estadounidense, Donald Trump.

Foto:

Brendan Smialowski / AFP

Por: Moisés Naím
08 de octubre 2019 , 07:07 p.m.

Jessica Mathews es una respetada experta en temas de política y seguridad internacional. Ha ocupado importantes cargos en el Consejo de Seguridad Nacional, en el Departamento de Estado y en la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Y por si fuera poco, tiene un doctorado en biología molecular.

Esta mujer, de 73 años, publicó hace unos meses un interesante estudio sobre cuánto gasta su país en las fuerzas armadas. Allí argumenta que, en las últimas décadas, este presupuesto se ha hecho injustificable, indefendible, y que eso tiene graves consecuencias políticas y económicas para Estados Unidos y otros países.

En esta entrevista nos adentra en el complejo militar más grande del mundo y revela por qué podría haber crecido demasiado.

¿Cuántas bandas musicales tienen las fuerzas armadas de Estados Unidos?

Las fuerzas armadas de Estados Unidos tienen 136 bandas. Emplean a casi 7.000 músicos profesionales que se dedican exclusivamente a la música. Le cuestan al Gobierno alrededor de 500 millones de dólares al año. Se comenzó a hacer un esfuerzo por deshacerse de algunas de estas bandas, pero el costo político era demasiado alto y no llegó a nada. Una de esas bandas, por ejemplo, es famosa por haber llevado el jazz a Europa durante la Primera Guerra Mundial, y hay quienes argumentan que esa historia es demasiado importante como para eliminar la banda.

Por otro lado, supongamos que logramos deshacernos de la mitad de las bandas musicales. Eso se traduciría en ahorros de hasta 250 millones de dólares al año. Es mucho dinero, pero el presupuesto del Pentágono es tan grande que ese recorte apenas se notaría. Así que la combinación de un alto costo político, con ahorros relativamente insignificantes, llevó a que la gente se rindiera.

Usemos el ejemplo de las bandas musicales de los militares para hablar de todo el presupuesto militar...

Los ciudadanos están relacionando el gasto militar, la disposición de gastar cualquier monto que los militares digan que se necesita, con el patriotismo. Es una conexión completamente falsa, pero se convirtió en la forma en que la gente está pensando, y acá tenemos un presidente diciendo: “Estoy compensando el no pelear en Vietnam arrojando dinero al Ejército”. Y lo dice en muchas palabras. La combinación de todas estas cosas ha significado que el presupuesto siga subiendo y subiendo.

Este año, el presupuesto del Departamento de Defensa de Estados Unidos es de 716.000 millones de dólares. Eso es superior al presupuesto de defensa de Rusia, China, Francia, Reino Unido, India, Japón y Alemania, combinados. Estos 716.000 millones de dólares representan el 60 por ciento de todo el presupuesto federal. Es decir, con la excepción del dinero destinado al pago de la deuda pública y a la ayuda social, todos los demás gastos del Gobierno deben cubrirse con el 40 por ciento restante del presupuesto.

Esto incluye, por ejemplo, todo lo que se invierte en exploración espacial, en el cuidado ambiental, la vigilancia fronteriza y la operación de las cortes federales. Estamos llegando a un punto en el que no alcanza el dinero para hacer todas aquellas cosas que la democracia necesita para mantener una economía saludable y una sociedad unida.

Supongamos que logramos deshacernos de la mitad de las bandas musicales. Eso se traduciría en ahorros de hasta 250 millones de dólares al año

Pero, como usted sabe, hay quienes sostienen que para ser el país más poderoso del mundo necesitan gastar ese dinero...

Sí, lo hacen. Pero la pregunta es cuánto necesita y en qué lo estamos gastando. Ha pasado mucho tiempo desde que el monto se volvió tan grande que nadie se preguntó primero: ¿cuáles son nuestros objetivos?, ¿cuáles son nuestras necesidades?, ¿qué métodos necesitamos para alcanzar esos objetivos y, por lo tanto, cuánto necesitamos realmente? Entonces, lo que sucede es que al Congreso realmente solo le preocupa gastar en sus propios distritos y gastar para su propio grupo electoral. Y luego es solo cada año, no se trata de lo que realmente necesitamos este año, sino de cuánto crecemos, no si crecemos, sino cuánto crecemos. Por lo tanto, está completamente desconectado de las amenazas y los objetivos.

Una de las defensas más comunes del alto gasto militar de Estados Unidos es que han aumentado los peligros, las amenazas de parte de China, Rusia, todo el tema de ciberataques. Se requiere dinero para contrarrestar estos nuevos peligros...

Por supuesto que hay amenazas, pero uno de los principales problemas es que estamos produciendo y comprando muchas cosas que no necesitamos. No hay ningún conflicto concebible en un futuro cercano en el que necesitaríamos tanques, por ejemplo. Las fuerzas armadas estadounidenses ya cuentan con 6.000 tanques, cuya producción, compra y mantenimiento es muy costosa. Así que, durante seis años, las fuerzas armadas le han estado diciendo al Congreso de Estados Unidos: “No queremos más tanques”.

Pero la única fábrica de tanques que queda en el país se encuentra en Ohio y ofrece muchos empleos con salarios altos. Nadie en el Congreso quiere ser responsable de eliminar esos empleos, así que siguen financiando la compra de tanques.

¿Se tiene control sobre los recursos invertidos?

Eso también es ineficiente, porque realmente no se sabe a dónde va el dinero. No se puede vigilar. El Congreso aprobó una ley en 1990 que decía que cada agencia gubernamental debía estar en capacidad de hacer una auditoría de sus gastos para 1992.

El Pentágono finalmente lo hizo en 2018, 26 años tarde, y cuando salió tuvo una calificación reprobatoria. La auditoría costó 400 millones de dólares y lo que descubrieron fue que no podían producir una auditoría efectiva porque, en efecto, la mayoría del Pentágono no podía hacer seguimiento de sus gastos.

Hemos estado en una trayectoria de cuatro décadas de ir hacia armas cada vez más caras. El nuevo avión de combate F-35, por ejemplo, cuesta alrededor de 100 millones de dólares cada uno.

Pero, usted sostiene que Estados Unidos no solo gasta demasiado dinero en sus fuerzas armadas, sino que lo gasta mal, que lo gasta en sistemas de armamentos que no son necesarios, y no enfrentan las nuevas realidades del siglo XXI...

Los conflictos del futuro se enfrentarán con un gran número de armas muy pequeñas, como los drones, controlados por inteligencia artificial y satélites estatales. Un tipo de arma completamente diferente y casi completamente no tripulado y, por lo tanto, muy barato. Si se gastan 10.000 o 15.000 millones de dólares en un portaaviones, y puede ser retirado por un misil que cuesta una fracción muy pequeña, se está haciendo una mala inversión, por lo que debemos comenzar a trabajar más para avanzar hacia los sistemas de armas del futuro.

¿Cómo se compara lo que gasta Estados Unidos en diplomacia y relaciones internacionales con lo que gasta en Defensa?

Para que se haga una idea. El año pasado, en la propuesta de presupuesto, Trump planteó un aumento para el Pentágono que era más grande que todo el presupuesto del Departamento de Estado.

Así que en fondos adicionales...

El incremento, el adicional, fue mayor que todo lo que gastamos en el Departamento de Estado, el servicio exterior y la Agencia para el Desarrollo. Lo que está sucediendo es que gastar menos en la defensa del Departamento de Estado durante muchos años ha significado que se puede desarrollar un capital humano mucho más fuerte.

En el Ejército reciben capacitación, obtienen tiempo para desarrollar habilidades muy especializadas que los diplomáticos no obtienen, y el resultado es que el desempeño sufre en el núcleo diplomático. Y luego el Congreso responde recortando aún más los fondos, lo cual es un círculo vicioso. Esa es la diferencia ahora, la brecha se ha vuelto grotesca, es la única forma de decirlo.

Los conflictos del futuro se enfrentarán con un gran número de armas muy pequeñas, como los drones, controlados por inteligencia artificial y satélites estatales

¿Es Estados Unidos, entonces, un país que está todo el tiempo en pie de guerra?

Uno de los problemas más importantes vinculados a esto es que mientras más dinero se invierte en el ámbito militar, más propenso se está a utilizarlo. Desde el fin de la Guerra Fría, hemos estado involucrados en algún tipo de conflicto, con la excepción de unos cuantos meses. Eso es más de un cuarto de siglo, 30 años. Hemos estado usando a las fuerzas armadas, en algún sitio u otro, prácticamente todo el tiempo. Creo que los estadounidenses no se perciben a sí mismos como bélicos, pero ese es el tipo de país en el que nos estamos convirtiendo.

Actualmente estamos hablando de la posibilidad de guerra con Irán, un país que es motivo de preocupación y que sí representa una amenaza para nuestros intereses, pero que no nos está amenazando directamente. Ahora son muchos los estadounidenses que creen que la solución natural a un problema es militar y debemos cambiar eso.

¿No hay fuerzas que se opongan a esa tendencia que impulsa el gasto militar excesivo, que genera una propensión a la guerra?

Cuando me pregunto qué se necesita para cambiar esta situación, lo primero que pienso es que debemos comenzar a preocuparnos más por el déficit fiscal. El Gobierno no puede seguir gastando más de lo que recibe en impuestos. Y la reducción de impuestos el año pasado lo hizo, de nuevo, peor.

La cuestión es que si no le importan los déficits, nunca se ve como un problema el estar gastando demasiado; pero si le importa endeudarse, entonces comienza a decir: ‘Bueno, esperen un minuto, no puedo permitirme gastar tanto en el Ejército porque tengo todas estas otras miles de cosas que el gobierno federal tiene que hacer y eso pone un tope’.

El problema es que si no se preocupan por los déficits no hay techo. Necesitamos gastos proporcionales a nuestros ingresos. Con el sistema actual, el país se endeuda más y más cada año. Otro problema es que hemos equiparado el patriotismo con la disposición de gastar prácticamente sin límites en las fuerzas armadas. Así que vamos a necesitar un profundo cambio cultural, pero será una situación difícil de revertir.

MOISÉS NAÍM
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
Segunda entrega de 'Efecto Naím'.

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