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La inflación en EE. UU. tiene a Biden contra las cuerdas
Inflación en Estados Unidos

Algunos de los precios de la canasta familiar se incrementaron con cifras récord.

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YUKI IWAMURA / AFP

La inflación en EE. UU. tiene a Biden contra las cuerdas

Algunos de los precios de la canasta familiar se incrementaron con cifras récord.

Los efectos políticos son explosivos, en particular para Joe Biden de cara a las legislativas.

Hace algunos días, el Departamento del Trabajo dio una noticia que a pesar de lo escandalosa no sorprendió a la mayoría de los estadounidenses. La inflación en los últimos doce meses ha crecido al menos un 6,2 por ciento, el salto más grande que se registra en 30 años. Y no sorprendió porque es algo que vienen padeciendo en carne propia a lo largo de este último semestre.

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De hecho, son muy pocos los productos que no han subido de precio en este período. Lo cual está generando un impacto tremendo en la economía familiar.

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Desde cosas tan básicas como la leche, la carne y la gasolina hasta bienes más suntuosos como carros y electrodomésticos.

El número, además, es solo un promedio, pues en muchos casos la disparada ha sido mucho más aguda. Para poner ejemplos, huevos y tocineta, dos elementos centrales del desayuno de los estadounidenses, han subido un 20 por ciento en un solo año.

En la gasolina, el incremento es casi del 50 por ciento en algunas zonas del país. En el caso de los carros usados, el alza es del 24 por ciento, y si alguien quiere cambiar de lavadora de ropa o secadora, hay que pagar un 15 por ciento más.

Lo que más preocupa a las autoridades es que se trata de una inflación que no parece transitoria y que, de hecho, ha seguido expandiéndose.

Hay múltiples explicaciones. Pero sus efectos políticos son explosivos, en particular para el presidente Joe Biden y los demócratas de cara a las legislativas del año entrante y quizá las elecciones del 2024.

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En gran parte, el fenómeno se le atribuye a la pandemia del covid-19 y las decisiones económicas que se tomaron para mitigar su impacto. En marzo del año pasado, cuando irrumpió la pandemia causada por el nuevo coronavirus, una gran mayoría de estados decretaron estrictas medidas de confinamiento para frenar su avance.

Miles de negocios cerraron sus puertas y se perdieron 22 millones de empleos durante los primeros meses. Solo entre abril y junio, la producción cayó un 31 por ciento.

Así mismo, y dado que los cierres y confinamientos fueron a nivel mundial, se presentó un infarto en las cadenas de producción y transporte, que también tuvieron que suspender operaciones, pues una gran mayoría de países clausuraron sus fronteras.
Pero en lugar de traducirse en una larga y penosa recesión de años, como se había previsto, el país revivió con la llegada de las vacunas.

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Sintiéndose ya más seguros, y levantadas las medidas de confinamiento, los estadounidenses regresaron a bares y restaurantes y comenzaron a comprar a los mismos niveles previos.

Así mismo, muchos en el país retuvieron parte de su nivel adquisitivo gracias a los grandes estímulos económicos que aprobaron, primero, el gobierno de Donald Trump y, luego, el de Biden, a comienzos de este año.

Entre el estímulo había jugosos cheques que se repartieron entre las familias de manera directa, que, si bien para algunas era cuestión de supervivencia, a otras les permitió seguir gastando. Muchos, además, nunca dejaron de gastar, dirigiendo los recursos que no habían podido utilizar durante la pandemia en viajes o restaurantes a las compras en línea o mejoras de sus hogares.

Muchas perosnas en EE. UU. retuvieron parte de su nivel adquisitivo gracias a los grandes estímulos económicos que aprobaron, primero, el gobierno de Donald Trump y, luego, el de Joe Biden.

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Chris Kleponis EFE / Drew Angerer. AFP

La demanda, en todo caso, se volvió a disparar desde abril de este año, provocando un colapso en las cadenas de suministro, donde barcos y puertos no han dado abasto para suplirla. Y eso ha generado un alza de los precios que las empresas han ido pasando a sus clientes.

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Además, y aunque se han recuperado 18 de los 22 millones de empleos perdidos durante la pandemia, muchos sectores de la economía no han podido reemplazar la mano de obra que se perdió.

En parte porque un segmento de esos trabajadores, especialmente los que se dedican al transporte y la industria alimentaria, tuvieron que cambiar de empleo durante la pandemia y ahora no han querido regresar.

Para convencerlos, los empleadores han tenido que elevar los salarios, transfiriendo ese nuevo costo al precio de sus productos, que ya venía elevado por el sobreprecio que viene causando la escasez provocada por el colapso de las cadenas de producción.
Para rematar, hay muchas personas que durante la pandemia decidieron jubilarse anticipadamente, lo cual ha reducido la oferta de mano de obra capacitada.

Para ponerlo en contexto, a pesar de que aún falta recuperar 4 millones de empleos para llegar a los niveles que existían antes de la pandemia y todavía existe una tasa de desempleo del 4 por ciento, hay 8 millones de ofertas de empleo sin llenar, de acuerdo con datos de la Secretaría de Trabajo correspondiente al mes de octubre.

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Un trader trabaja frente a un canal de televisión durante una declaración de Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, en el piso de la Bolsa de Nueva York,

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Bloomberg

De acuerdo con Jason Furman, que trabajó en la administración de Barack Obama y ahora es profesor de economía en la Universidad de Harvard, gran parte de la inflación que se está viendo es el costo inevitable que viene con el fin de la pandemia y el regreso a la normalidad. Pero al mismo tiempo es el resultado de las malas decisiones que tomaron los dos gobiernos y la Reserva Federal (Fed) para evitar el colapso pues subestimaron la inflación.

“Fue como echar gasolina para apagar un incendio”, dice este experto. Y la prueba es Europa, donde la inflación no ha sido tan aguda, pese a que aplicaron las mismas medidas de confinamiento y enfrentan los mismos problemas con las cadenas de abastecimiento. “La diferencia es que ellos no gastaron tanto en estímulos económicos”, dice Furman.

Aunque los economistas piensan que este fenómeno se estabilizará tarde o temprano, no creen que suceda en el futuro próximo. Eso, en gran parte, porque los problemas con las cadenas de producción tardarán meses en resolverse y no se ve en el horizonte una caída de la demanda.

Antes, por el contrario, podría subir ahora que se avecina la Navidad y los estadounidenses están ansiosos por gastar y viajar ahora que el covid-19 ya no se ve como una amenaza. Lo cual es un problema mayúsculo para Biden y sus aspiraciones electorales.

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Jen Psaki, portavoz de la Casa Blanca.

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EFE/EPA/ERIN SCOTT / POO

La portavoz de la Casa Blanca, de hecho, dijo este lunes que la intención del demócrata es presentarse a la reelección en 2024, un mensaje interno de fortaleza dirigido para su propio partido a fin de reforzar su gobernabilidad durante los próximos años.

Sin embargo, el presidente atraviesa un mal momento. Su índice de popularidad, según las encuestas, está por debajo del 43 por ciento. Eso está asociado a la aparatosa salida de Afganistán y a que la falta de avance en sus promesas de gobierno ha menguado apoyo incluso entre la base del partido.

Así mismo, el rechazo de los republicanos es casi total, si bien eso se entiende en el contexto de polarización extrema que se vive en EE. UU., donde el uso del tapabocas, los mandatos de vacunación y otros temas sociales y culturales se han tornado en un grupo de batalla de la oposición.

La derrota reciente en las elecciones de gobernación para Virginia, donde los demócratas estaban perfilados para ganar, fueron un campanazo de alerta sobre lo que puede pasar en las legislativas del 2022 y presidenciales del 2024 si las cosas no
cambian de trayectoria.

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En ese sentido, la inflación y el encarecimiento del costo de vida son casi mortales para esas aspiraciones. A diferencia de las divisiones culturales o raciales que han marcado la disputa política en EE. UU. de los años recientes, la economía es algo que afecta a todos, ya se sea de izquierda o de derecha. Y, como se sabe, los estadounidenses ponen mucho peso a la hora de votar en el estado de sus billeteras.

Biden lo entiende y por eso ha venido decretando una serie de medidas para tratar de poner la inflación en cintura. Entre ellas, este martes anunció que utilizará 50 millones de barriles de petróleo de las reservas estratégicas de EE. UU. para tratar de bajar los costos de los precios de la gasolina. Así mismo, confirmó a Jerome Powell para otros cuatro años a la cabeza de la Fed, lo que da algo de tranquilidad a los mercados.

Se sabe también que la Fed ha comenzado a considerar un aumento de las tasas de interés. Ello ayudaría a frenar la inflación, pero golpearía la recuperación económica justo cuando el país está saliendo del túnel que provocó la pandemia.

La secretaria del Tesoro de EE. UU., Janet Yellen.

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Joshua Roberts / Reuters

Esta semana, la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, dijo que, según sus cálculos, la inflación debería comenzar a estabilizarse a partir del segundo semestre del 2022, cuando se resuelvan los cuellos de botella en las cadenas de producción.

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Según esta, para entonces el número alcanzaría un saludable 2 por ciento, que es la meta de las autoridades. Pero también hizo una advertencia que habla por sí sola sobre el delicado momento. De acuerdo con la funcionaria, que ocupó la silla del Fed (2014 y 2018), el principal reto es asegurar que la inflación no se convierta en un fenómeno “endémico”.

Es decir que los sobrecostos que hoy se están presentando terminen incorporados de manera permanente en el ciclo económico del país. Yellen expresó confianza en que la Fed encontrará la fórmula justa para mantener la ocupación laboral al máximo mientras se estabilizan los precios de los productos.

El problema para Biden es que muchas de las soluciones dependen de dinámicas que están fuera de su control. Además, una vez la narrativa de la inflación se enquista entre la sociedad se torna en una percepción que es muy difícil de desmontar y que lo vuelve vulnerable al ataque permanente de sus rivales.

Como dijo alguna vez Bill Clinton durante su exitosa campaña electoral de 1992, “es la economía, estúpido”. Frase que le permitió derrotar al presidente George H. Bush y que hoy debe estar causando insomnio en la Casa Blanca.

SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON

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