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Firmas de EE. UU. hacen obligatoria la vacunación. ¿El mundo las seguirá?
Vacunación contra el covid en Estados Unidos

Cientos de personas haciendo largas filas para acceder a las jornadas de vacunación contra el covid.

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MICHAEL REYNOLDS / EFE

Firmas de EE. UU. hacen obligatoria la vacunación. ¿El mundo las seguirá?

Cientos de personas haciendo largas filas para acceder a las jornadas de vacunación contra el covid.

Lo exigen empresas como Walmart, Google, Walt Disney, United Airlines, Facebook, entre otras.

Certificar la inmunidad contra el covid-19, pasando del incentivo a la obligatoriedad, en vista del repunte de casos por nuevas variantes, se perfila como tendencia en el mundo.

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Aunque todavía no es universal, Estados Unidos está caminando con rapidez hacia una nueva frontera en la lucha contra el coronavirus: la imposición de la vacuna como un requisito para poder trabajar.

En los últimos, días decenas de compañías a nivel nacional comenzaron a exigirles a sus empleados que se apliquen el biológico en el corto o mediano plazo, e incluso, amenazan con el despido a los que se nieguen o mientan sobre su estatus de vacunación.

La tendencia está siendo empujada por pesos pesados de la industria en este país. Walmart, Google, Tyson Foods, Walt Disney, United Airlines, Facebook, entre otras, anunciaron la nueva ordenanza para todos sus empleados que retornen a sus fábricas y oficinas. A estas se suman las asociaciones de restaurantes y otros negocios que están haciendo lo mismo.

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CNN, por ejemplo, ya despidió a tres empleados por violar las normas de Warner-Media (dueña de la cadena de televisión) que exige la vacunación para empleados que compartan espacios físicos. Y a finales de julio RWJBarnabas Health, que maneja la red de hospitales de Nueva Jersey, canceló los contratos de otros seis por la misma razón.

Muchas de estas empresas vienen siguiendo la línea que trazó el presidente Joe Biden cuando anunció hace poco este mismo requisito para todos los empleados del gobierno federal y que ahora incluye a los militares.

En la mayoría de los casos, incluido este último, hay excepciones por razones médicas o religiosas. No obstante, estas personas, si quieren seguir trabajando, se verán obligadas a usar tapabocas y a someterse a exámenes semanales para asegurar que no tengan el virus.

Aunque las medidas han despertado polémica, no son caprichosas. De hecho, hasta hace un mes, pocos pensaban que la imposición de vacunas o el uso obligatorio del tapabocas sería necesario en un país donde las infecciones cayeron dramáticamente desde enero.

Pero luego apareció la delta, una contagiosa variante del covid-19, que viene haciendo estragos en EE. UU. y que forzó a dar un giro de 180 grados en la política nacional. De un promedio semanal de menos de 12.000 casos diarios a mediados de junio, EE. UU. pasó a más de 100.000 y la cifra sigue subiendo.

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Las hospitalizaciones, en consecuencia, aumentaron en más de un 300 por ciento y ahora incluyen a millares de niños y adultos jóvenes, un segmento de la población que no se había visto tan afectado por cepas anteriores. Eso sumado a que varios estados están llegando al cien por ciento de ocupación de sus unidades de cuidados intensivos.

Las muertes, como suele suceder cuando se presentan picos de la enfermedad, se han vuelto a disparar. Desde mediados de junio crecieron más de un 80 por ciento y se espera que sigan en alza en el país, debido, principalmente, a que el 90 por ciento de los nuevos casos positivos -y más del 95 por ciento de hospitalizaciones y muertes- se están dando entre la población de no vacunados, especialmente en el sur de EE. UU. donde las tasas de inmunización son las más bajas.

La vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, recibe su segunda dosis de la vacuna Covid-19 en los Institutos Nacionales de Salud, en Bethesda, Maryland.

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AFP

“Al comienzo pensamos que podíamos respetar la decisión individual de cada persona frente a la vacuna. Pero ahora sabemos que si hacemos eso estaríamos creando una situación de riesgo muy alta para todos. No es lo que queremos, pero sí parece ser la única alternativa por el momento”, decía Matt Katsoudas, director de la empresa de tecnología Cisco.

Muchos lo han entendido, además, como una estrategia para evitar el retorno a las cuarentenas y cierres que les costaron tanto a sus empresas y la economía del país. Y es por eso que otros también están dando el salto para exigir la vacunación no solo a sus empleados sino a los clientes.

“Nadie quiere volver a lo del año pasado cuando nos vimos obligados a cerrar y se perdieron millones de empleos. Ahora tenemos las herramientas para evitar que eso pase y permanecer abiertos. Máscaras y vacunas”, afirma Brak May, que maneja una cadena de restaurantes en Luisiana y que ahora exige tanto a clientes como a empleados mostrar la prueba de inmunización.

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Varios estados, especialmente los manejados por republicanos, están aprobando medidas para impedir que se imponga el uso de tapabocas y carné de vacunación. Y si bien pueden hacerlo en varios frentes, se avecina una fuerte batalla con la empresa privada que opte por estas medidas.

Hasta ahora muchas han sido cautas a la hora de instituir estos mandatos, especialmente el de la vacuna, pues los biológicos de Pfizer, Moderna y Janssen solo cuentan con una autorización de “emergencia” de la Administración de Drogas y Alimentos (FDA, por su sigla en inglés).

Como se trata de una aprobación preliminar basada en estudios limitados de las farmacéuticas, el temor es que los mandatos se presten para toda serie de demandas, que ya han comenzado a darse, pese a que el Departamento de Justicia emitió un concepto que declara legal la imposición de estos requisitos a pesar de la aprobación transitoria de las vacunas. Lo cierto es que la FDA anunció hace algunos días que la aprobación definitiva de los biológicos estará lista para comienzos de septiembre.

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Vacuna de Pfizer-BioNTech

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Justin Tallis. AFP

Una vez esto suceda, la mayoría cree que se abrirá la compuerta para que los mandatos se vuelvan la norma y no la excepción. Aún así, la obligatoriedad de la vacuna en EE. UU. tiene una falla estructural que podría dificultar su implementación: en el país no existe un documento único para demostrar el estatus y nadie cree que existirá.

Ciudades como Nueva York, que pronto comenzará a exigir la prueba para ingresar a restaurantes y otras dependencias, ofrece aplicaciones de certificado de vacunación que carecen de un control riguroso y que se prestan para la falsificación.

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Y si bien falsificar documentos es un delito y los empleados corren el riesgo de ser despedidos si lo hacen o mienten sobre su estatus de vacunación, no hay duda de que muchos optarán por esa ruta. De hecho, es algo que ya se ve desde mayo, cuando EE. UU. anunció que los vacunados no requerían usar tapabocas.

A la larga, dice Nicholas Bagley, profesor de derecho de la Universidad de Michigan, terminará imponiéndose una especie de “sistema honorario” en que empleadores y clientes tendrán que confiar en la palabra de los otros.

“Probablemente la presión del mandato de la vacuna empuje a una gran cantidad de personas que hasta ahora han estado reticentes. Pero otros nunca lo harán así les toque mentir. No es un sistema perfecto pero es preferible a nada”, anota Bagley.

El mundo comienza a debatir la medida

Un aficionado al fútbol muestra su pasaporte sanitario covid antes de ingresar a un partido de fúbol en el estadio de la localidad francesa de Rennes.

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AFP

Prácticamente, la mayoría de países en donde los esquemas de vacunación van adelantados comenzaron a debatir la posibilidad de hacer obligatoria la inmunización para retornar al trabajo.

En el caso de la Unión Europea, que sí cuenta con un certificado covid, disponible también para Suiza, Noruega, Islandia y el Vaticano, a poco más de un mes de habilitarse, se expidieron 300 certificados, lo que dista de la posibilidad de que las empresas privadas lo exijan. Por ahora, países como Italia, Francia y Grecia impusieron la vacuna obligatoria para el personal sanitario.

En el caso colombiano, el presidente Iván Duque le señaló a EL TIEMPO que “con las personas que no se quieren vacunar” se avanzará, por ahora, “con la persuasión”. “Mientras no hayamos agotado todos los grupos de edad, no podemos pensar en medidas adicionales”, señaló el mandatario al advertir que después de esa fase “comenzaremos a ver restricciones de todo tipo”.

El Ministerio del Trabajo, a través de la circular 0047, estableció que actualmente en Colombia el empleador no puede exigir la vacunación contra el covid-19 como requisito para ingresar al sitio de trabajo o conservar el empleo.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
WASHINGTON

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