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'El cambio de actitud de EE. UU. está debilitando el orden mundial'
Funeral en Estados Unidos

Con cada medida que adopta el gobierno del presidente Trump en política exterior, EE. UU. pareciera estar tratando de sepultar el orden mundial actual.

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Win McNamee / AFP

'El cambio de actitud de EE. UU. está debilitando el orden mundial'

El autor dice que hay un surgimiento de órdenes regionales y los marcos globales están fracasando.

Después de casi mil años de existencia, bromeó el filósofo y escritor francés Voltaire, el debilitado Sacro Imperio Romano no era ni sacro ni romano ni un imperio. Hoy, unos dos siglos y medio después, el problema, para parafrasear a Voltaire, es que el debilitado orden mundial liberal no es ni liberal, ni mundial ni ordenado.

Estados Unidos, en estrecha colaboración con el Reino Unido y otros países, estableció el orden mundial liberal luego de la Segunda Guerra Mundial. El objetivo era garantizar que las condiciones que habían conducido a dos guerras mundiales en 30 años nunca volvieran a producirse. Con ese fin, los países democráticos se propusieron crear un sistema internacional que fuera liberal en el sentido de que estuviera basado en el régimen de derecho y el respeto de la soberanía y la integridad territorial de los países. Los derechos humanos debían estar protegidos.

Todo esto debía aplicarse a todo el planeta; al mismo tiempo, la participación era abierta para todos y voluntaria. Se crearon instituciones para promover la paz (las Naciones Unidas), el desarrollo económico (el Banco Mundial) y el comercio y la inversión (el Fondo Monetario Internacional y lo que años más tarde se convirtió en la Organización Mundial de Comercio). Todo esto contaba con el respaldo del poderío económico y militar de Estados Unidos, una red de alianzas en toda Europa y Asia y armas nucleares, que servían para disuadir cualquier idea de agresión. El orden mundial liberal se basaba no solo en los ideales abrazados por las democracias, sino también en un poder duro. Sobrevivió a la Guerra Fría y vio el colapso de la Unión Soviética, pero hoy su futuro está en duda. Sus tres componentes –liberalismo, universalidad y la preservación del orden– están siendo cuestionados como nunca antes en su historia de 70 años.

El liberalismo está en retirada. Las democracias están sintiendo los efectos del creciente populismo. Los extremos políticos han ganado terreno en Europa. El voto en el Reino Unido a favor de abandonar la UE fue una señal de la pérdida de influencia de las élites. Inclusive Estados Unidos está experimentando ataques sin precedentes de su propio presidente a los medios, las cortes y las instituciones judiciales del país. Los sistemas autoritarios, entre ellos China, Rusia y Turquía, se han vuelto aún más inestables. Y países como Hungría y Polonia parecen no estar interesados en el destino de sus democracias jóvenes.

Cada vez es más difícil hablar del mundo como si fuera un todo. Estamos presenciando el surgimiento de órdenes regionales –y no pocos desórdenes–, cada uno con sus propias características. Los intentos por crear marcos globales están fracasando. El proteccionismo está en alza, existen pocas reglas que gobiernen el uso del ciberespacio y las instituciones globales no han podido adaptarse a los nuevos equilibrios de poder y las nuevas tecnologías.

Choques y crisis

Al mismo tiempo, la rivalidad de las grandes potencias está de regreso. Rusia violó la norma más básica de relaciones internacionales cuando utilizó la fuerza armada para alterar las fronteras en Europa, y violó la soberanía estadounidense a través de sus esfuerzos por influir en la elección del 2016.

Corea del Norte se ha burlado del fuerte consenso internacional contra la proliferación de armas nucleares. El mundo se ha quedado paralizado frente a las pesadillas humanitarias en Siria y Yemen, y es poco lo que se hizo en la ONU u otros ámbitos en respuesta al uso de armas químicas por el gobierno sirio. Venezuela es un estado fallido. Una de cada cien personas en el mundo es hoy un refugiado o está desplazado internamente.

Pero el debilitamiento del orden mundial liberal se debe, más que cualquier otra cosa, al cambio de actitud de Estados Unidos. Con el gobierno del presidente Donald Trump, Estados Unidos decidió no pertenecer al Acuerdo Transpacífico y retirarse del acuerdo climático de París. Ha amenazado con abandonar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y el acuerdo nuclear iraní. Ha introducido unilateralmente aranceles al acero y al aluminio, basándose en una justificación (la seguridad nacional) que otros podrían utilizar, colocando con esto al mundo en riesgo de una guerra comercial. Ha cuestionado su compromiso con la Otán y otras alianzas. Y rara vez habla sobre democracia o derechos humanos. ‘Estados Unidos primero’ y el orden mundial liberal parecen incompatibles.

También se podría criticar a las otras grandes potencias, la U. Europea, Rusia, China, India y Japón, por lo que están haciendo, lo que no están haciendo o ambas cosas. Pero el punto es que Estados Unidos no es un país más. Fue el principal arquitecto del orden mundial liberal y su principal defensor. También fue un beneficiario importante. Por ende, su decisión de abandonar el papel que había desempeñado durante más de setenta años marca un punto de inflexión. El orden mundial liberal no puede sobrevivir por sí solo, porque otros países carecen del interés o de los medios para sustentarlo. El resultado será un mundo menos libre, menos próspero y menos pacífico, para los estadounidenses y para el resto.

RICHARD N. HAASS*
© Project Syndicate
Nueva Delhi

* Richard N. Haass. Presidente del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos. Fue director de Planificación de Políticas para el Departamento de Estado (2001-2003), también enviado especial del presidente George W. Bush para Irlanda del Norte y coordinador para el Futuro de Afganistán.

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