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‘El mundo está tan dividido ahora como lo estaba hace siglo y medio’
Richard Haass

Experto en temas internacionales relacionados con EE. UU. Ha escrito diversos libros.

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Paul Faith. GETTY IMAGES

‘El mundo está tan dividido ahora como lo estaba hace siglo y medio’

Experto en temas internacionales relacionados con EE. UU. Ha escrito diversos libros.

Presidente del Consejo de Relaciones Exteriores de EE. UU., en entrevista del programa Efecto Naím.

Hay que eliminar la palabra ‘local’. Esa es una de las ideas que tiene mi invitado de hoy. Y hay que eliminarla porque ya nada es local, todo es mundial, todos somos vecinos, todos nos interrelacionamos, todos tenemos interdependencias.

Para hablar de este y otros temas internacionales está el doctor Richard Haass, presidente del Concejo estadounidense de Relaciones Internacionales, una organización muy importante e influyente en temas internacionales que involucran a Estados Unidos. El doctor Haass también ha ocupado cargos públicos. Trabajó con el presidente George Bush padre y después con su hijo George W. Bush. Es autor de 14 libros sobre relaciones internacionales y es un conferencista, una voz muy escuchada. Hace unos años publicó un libro que se llama El mundo en desorden, en el que explica cómo hay todo tipo de anarquía e incertidumbre en la vida, un mundo desordenado.

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Sabe que el mundo siempre ha tenido una propensión al desorden. ¿Qué tanto más desordenado es ahora de lo que ha sido siempre?

Tienes razón: el mundo siempre tiene algún grado de desorden. Mi argumento, sin embargo, es que hoy, casi tres décadas después del final de la Guerra Fría, el mundo está en una situación sorprendentemente mala. Y creo que se debe al resurgimiento de la rivalidad entre grandes potencias mundiales, particularmente entre China y EE.UU

También existe una brecha muy grande entre desafíos como la crisis climática o la organización del ciberespacio, y las respuestas internacionales para enfrentarlos. Por último, y creo que esta es la razón por la que hoy hay más desorden en el mundo que hace cuatro o cinco años, Estados Unidos está en una situación de bastante desorden, no solo con la pandemia del covid-19 y la economía, sino también en términos políticos, sociales y culturales. Estamos tan divididos ahora como lo estábamos hace siglo y medio.

La lista de problemas, amenazas, peligros que están en el mundo es enorme, y es realmente preocupante. De todos esos problemas que hay, ¿cuál cree que es el peor? ¿Cuál le parece que es la peor amenaza?

Apuesto a que mi respuesta te sorprenderá. No es China, ni Rusia, ni Corea del Norte o Irán. No es el cambio climático ni el terrorismo. El problema somos nosotros. Me preocupa que Estados Unidos no tenga la habilidad para jugar un rol más amplio en el escenario mundial. Creo que ese rol es esencial. Y no me malinterpretes, no creo que EE. UU. pueda hacerlo solo. Necesitamos aliarnos con otros países. Pero tampoco creo que el mundo pueda enfrentar a China o la crisis climática sin nosotros. Y, por primera vez en mi vida, no estoy seguro de que mi país quiera y pueda tener un rol activo en el mundo.

No hay consenso intelectual y cada vez hay menos consenso político sobre lo que deberíamos hacer.

En el mundo cada vez hay más problemas que no pueden ser resueltos por un país actuando solo. Hace falta la coordinación de diferentes países, y eso está siendo muy difícil porque no se ponen de acuerdo para actuar colectivamente. ¿Esto ha sido así siempre?

No. Y, de hecho, creo que lo que acabas de mencionar, de alguna manera, es que señalas lo que distingue este año de la historia, este año de relaciones internacionales de cualquier otro. Mira, podríamos tener una conversación sobre el siglo anterior del siglo anterior, y podemos hablar sobre la rivalidad de grandes poderes. Eso es geopolítica. No hay nada particularmente nuevo en eso, excepto por los detalles. Pero algo como el cambio climático, donde el internet ni siquiera existía hace unos 30 años, el orden monetario internacional, el comercio global, el terrorismo global, estas son invenciones modernas. Creo que eso es lo diferente de este año. Y si esta brecha, que es grande, continúa creciendo, entonces creo que podría convertirse en definitoria, y definitoria de una forma realmente mala.

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Hemos estado sufriendo un desafío global llamado covid-19 en una pandemia. Imaginemos que, además de eso, ahora tenemos que enfrentar desafíos globales como el cambio climático, que empeoran año tras año, y así sucesivamente. En algún momento eso sobrecarga nuestros circuitos.

¿Qué ha pasado con las ideas más influyentes de los años 90 y de comienzos de este siglo? La globalización, el fin de la historia, la promoción de la democracia, las políticas de apertura, el libre comercio. ¿Qué ideas ya han sido descartadas y cuáles siguen ahí?

Por primera vez en mi vida,
no estoy seguro de que mi país (Estados Unidos) quiera y pueda tener un rol activo en el mundo.

Hasta cierto punto, están todas, no sé si descartadas, pero desacreditadas. Las democracias están teniendo tremendos problemas en todo el mundo, lidiando con desafíos sociales, económicos y políticos y un modelo más autoritario de gobernanza sobre la sociedad, y las economías se han convertido en una seria alternativa intelectual y política, globalizaciones de la realidad. Pero eso no ha resuelto estos problemas. Ha habido un tremendo retroceso en su contra.

De repente vemos un resurgimiento de la idea del nacionalismo económico: aumentemos el papel del gobierno en la producción, en la economía, ampliemos la red de seguridad social... Entonces, nuevamente, sabemos que lo que tomamos como tendencias son evangelio hace relativamente poco tiempo. Es interesante para mí lo rápido que han cambiado las cosas, cómo han cambiado las modas política e intelectualmente.

Le quiero preguntar acerca de la continuidad y la discontinuidad entre Donald Trump y Joe Biden. ¿Qué cosas está haciendo Biden que son parecidas a las que hacía Trump? ¿Y qué cosas son muy diferentes?

Es una buena pregunta. Parte de la continuidad es que el creciente poder de China se sigue abordando con una política de línea mucho más dura y de manera mucho más escéptica. Incluso creo, y esto es algo que me sorprende mucho, que hemos visto algo de continuidad con la posición de ‘EE. UU. primero’, que fue el sello de la política exterior del expresidente Donald Trump

El hecho de que Joe Biden se haya enfocado en vacunar a los estadounidenses primero me parece muy interesante, porque hay un fuerte caso de salud pública, un fuerte caso económico por vacunar al resto del mundo simultáneamente, pues mientras más esperemos para vacunar al resto del mundo, es más probable que las mutaciones del virus se desarrollen en otros lugares, vuelvan y compliquen nuestra vida. Mientras más esperemos, más tiempo pasará antes de que el resto del mundo se desarrolle y se recupere económicamente. Pero aun así hemos adoptado lo que yo llamaría un enfoque relativamente nacionalista. Todo eso, para mí, sugiere un grado de continuidad.

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Los grandes cambios han sido, por supuesto, domésticos: en el manejo de la pandemia del covid-19 y en cómo se entiende el papel del gobierno en la economía y en la sociedad. Obviamente, hay diferencias en la política migratoria, aunque también creo que podría haber más continuidad de la que el gobierno de Biden hubiese querido por los desafíos que hay en la frontera. Creo que las mayores diferencias están en la actitud hacia los aliados. El instinto del gobierno de Biden es trabajar con otros y formar parte de esfuerzos internacionales.

¿Qué debe hacer América Latina? En este mundo convulsionado que usted describe, ¿cómo se inserta esta región?

Lo que es tan interesante de América Latina es que esta región tiene más gobiernos débiles que fuertes. Entonces, la pregunta es: ¿en qué medida Estados Unidos estará dispuesto a ofrecer ayuda para desarrollar las capacidades de los gobiernos? Y luego, de igual importancia, ¿en qué medida gobiernos como el de México y algunos otros estarán dispuestos a aceptar nuestra ayuda? Creo que de alguna manera será la pregunta más importante, no simplemente por la inmigración, sino por tratar con cuestiones de gobernanza interna.

El otro tema es el comercio. Uno pensaría, por ejemplo, que si vamos a adoptar una política de presión hacia China, una de las estrategias sería unirse al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP, por su sigla en inglés). Este es uno de los principales instrumentos para lidiar con el comportamiento económico de China. Yo espero que Estados Unidos trabaje con América Latina para proporcionar algunos bienes públicos, ya sea para competir con China o simplemente por su propio bien.

Llegará el momento en el que estos temas estén en la agenda. Y antes de eso, esperaría que los gobiernos latinoamericanos supieran lo que quieren de la nueva administración. Esta, creo, está abierta a tal conversación.

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En este contexto ha escrito un libro que se llama El mundo, donde trata de explicar todas estas tendencias. ¿Qué sorpresa tendrá el lector al leer este libro?

Creo que la mayor sorpresa para las personas que no se dedican a lo que hacemos tú y yo es cuánto importa el resto del mundo en sus vidas. La mayoría de la gente no se levanta en la mañana y piensa sobre política exterior o sobre temas internacionales, pero debería hacerlo. Piénsalo, estamos viviendo con el covid-19, que comenzó en China y ha matado a millones en todo el mundo.

El mundo importa en todo tipo de formas, pero también en formas positivas que llegarán pronto, con suerte, cuando podamos viajar de nuevo, la inversión y el comercio continúen y las ideas fluyan, pero estoy sorprendido por la brecha que hay entre esta realidad en la que el mundo importa tanto y la poca gente que le presta atención. Todo lo que ocurre allá afuera nos afecta aquí. Casi que deberíamos deshacernos de la palabra ‘local’. Muy pocas cosas son ‘locales’ o permanecen ‘locales’ por mucho tiempo.

MOISÉS NAÍM
Especial para EL TIEMPO

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